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Paleontólogo Enrique Bostelmann y hallazgo de fósiles: «Aysén se posiciona como un nuevo centro paleontológico» CULTURA|CIENCIA Crédito: Javiera Córdova

Paleontólogo Enrique Bostelmann y hallazgo de fósiles: «Aysén se posiciona como un nuevo centro paleontológico»

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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«Aún no tenemos un recuento final de todos los ejemplares colectados, pero lo realmente importante es que pudimos caracterizar, catalogar e ingresar 1.000 nuevos especímenes a las colecciones paleontológicas del Museo Regional de Aysén. Este registro incluye restos de plantas, invertebrados marinos y varios tipos de vertebrados, especialmente mamíferos. Un aspecto importante de ello es que hemos logrado identificar muchas especies nuevas, es decir, restos de organismos que se presentan por primera vez al conocimiento mundial», destaca sobre un descubrimiento que causó revuelo a nivel mundial y que fue anunciado en septiembre pasado. Algunos de los hallazgos más espectaculares incluyen cientos de nidos y cámaras pupales fósiles de insectos (como escarabajos peloteros o abejas solitarias), que tienen una antigüedad que abarca un rango de entre 40 a 15 millones de años atrás. En la zona existieron diversos paisajes en varias etapas. «En lugares como el Parque Nacional Patagonia uno puede ver las diferentes capas que componían todos estos ambientes, una encima de la otra, y por tanto recorrer 150 millones de años simplemente caminando a través de ellas. Es como viajar en el tiempo al ritmo de tus propios pasos», dice el investigador. Además destaca que la comunidad internacional ha comprendido que, para entender el cambio climático actual, «necesitamos observar detenidamente el pasado». «Estos aportes al conocimiento generados desde la región de Aysén ayudarán a los expertos a modelar procesos ambientales a escalas temporales mucho más amplias. Algo que en el presente necesitamos comprender de forma urgente», advierte.


Aysén se posiciona como un nuevo centro paleontológico con ejemplares fósiles que permiten reinterpretar los últimos 150 millones de años de historia de la Patagonia.

Lo dice el paleontólogo Enrique Bostelmann en el marco de un masivo hallazgo en el que participó junto a un equipo de científicas, científicos y estudiantes, y que fue anunciado a fines del mes pasado.

La notable diversidad de fósiles que los investigadores han colectado proviene de diversos puntos de la Región de Aysén, principalmente de las zonas ubicadas al sur del lago General Carrera en el Parque Nacional Patagonia y de las cordilleras en las cercanías de Balmaceda.

Las colectas fueron realizadas a lo largo de tres años de investigación, pero el trabajo de campo se concentró durante los meses de verano de 2019 a 2021, cuenta Bostelmann.

Valva desarticulada de una ostra del Jurásico Superior, en las cercanías de Coyhaique. Crédito: Enrique Bostelmann.

Bajo la nieve

«En esta región la mayoría de los yacimientos fosilíferos se ubican en terrenos de alta montaña, por tanto, permanecen cubiertos por la nieve la mayor parte del año, haciendo imposible su acceso. Por esta razón realizamos un trabajo campo intensivo y durante el resto del año nos dedicamos al largo proceso de estudiar cada material, caracterizarlo, catalogarlo y preparar las publicaciones científicas que debe ser revisadas posteriormente por pares internacionales», explica el científico a El Mostrador.

Durante el año, los científicos también realizaron muchas actividades con la comunidad, como charlas, presentaciones, talleres y capacitaciones. Estas fueron virtuales y presenciales, y dirigidas a diversos actores locales como estudiantes, operadores turísticos y naturalmente comunidades cercanas a las localidades fosilíferas.

«También nos dedicamos a desarrollar algunos productos para la divulgación masiva de nuestros resultados, los que pronto estarán disponibles virtualmente para todos».

Colectado restos de vertebrados en depósitos fluviales del Mioceno. Crédito: Jorge Campos.

Usos sustentables

Las investigaciones se desarrollaron bajo el alero de un programa financiado por el Gobierno Regional de Aysén a través de un FNDR y ejecutado por la SEREMI de Minería en colaboración con el Museo Regional de Aysén.

En este programa, los investigadores se propusieron rescatar y fomentar nuevos usos productivos sustentables del patrimonio geo-paleontológico de esta hermosa región.

Una línea central de trabajo consistió en la trasferencia del conocimiento científico hacia aspectos más vinculados con el desarrollo económico regional, como la mejora de los relatos de los operadores turísticos.

«No podemos olvidar que una parte importante de nuestros visitantes viene a Aysén atraído por hitos geológicos de renombre internacional como las Capillas de Mármol o el Cerro Castillo», destaca Bostelmann.

Nido fósil de escarabajo preservado en un paleosuelo del Mioceno. Crédito: Raúl Ugalde.

Equipo investigador

En el proceso de descubrimiento y colecta de estos fósiles, el investigador participó como especialista y jefe de las investigaciones, acompañado por un colega, el profesor Raúl Ugalde, y varios estudiantes jóvenes -tesistas y pasantes- que fueron fundamentales a lo largo de todo este trabajo.

«Estoy muy orgulloso de este núcleo humano que hemos conformado, pues todos han trabajado con motivación y mucho profesionalismo. Excavar en alta montaña, donde el clima extremo y las dificultades logísticas son la norma de cada día, siempre requiere de compromiso y deseos de sobreponerse a las adversidades», celebra.

«Me gustaría destacar que dentro del equipo participaron geólogas y geólogos aiseninos, quienes pusieron sus talentos y conocimientos al servicio de la región. También quiero recordar que la ciencia es una actividad colectiva, por lo que también fortalecimos los vínculos con diversos colegas en Argentina, Alemania y Estados Unidos, posicionando a la región en el ámbito de la colaboración internacional».

Impronta foliar de la Formación San José, en Pampa Castillo, Parque Nacional Patagonia. Créditos: Catalina Sanhueza y Enrique Bostelmann.

El hallazgo

¿En qué consistió el hallazgo? El paleontólogo señala que el equipo halló «muchísimo más de lo que habíamos imaginado inicialmente».

«Aún no tenemos un recuento final de todos los ejemplares colectados, pero lo realmente importante es que pudimos caracterizar, catalogar e ingresar 1.000 nuevos especímenes a las colecciones paleontológicas del Museo Regional de Aysén. Este registro incluye restos de plantas, invertebrados marinos y varios tipos de vertebrados, especialmente mamíferos. Un aspecto importante de ello es que hemos logrado identificar muchas especies nuevas, es decir, restos de organismos que se presentan por primera vez al conocimiento mundial», destaca.

Algunos de los hallazgos más espectaculares incluyen cientos de nidos y cámaras pupales fósiles de insectos (como escarabajos peloteros o abejas solitarias), que tienen una antigüedad que abarca un rango de entre 40 a 15 millones de años atrás.

El investigador también destaca el hallazgo de restos de diversos animales que, si bien ya eran conocidos, ahora están mejor representados por materiales más completos.

«Por ejemplo, encontramos huesos de grandes toxodontes como Nesodon imbricatus o Palyeidodon obtusum, que vivieron hace 17 millones años en Sudamérica y tenían dimensiones similares a las de un toro», dice.

En contraste, estos yacimientos también contienen restos de mamíferos muy pequeños, como roedores o marsupiales, similares al actual Monito del Monte.

«Por ejemplo, hemos encontrado decenas de mandibulitas de estos pequeños animales con dientes de menos de 2 mm de largo, entre los que hemos identificado varias nuevas especies. Es decir, a través de estos fósiles estamos descubriendo una historia mucho más diversa e impresionante de lo que nos imaginábamos al comienzo del trabajo».

Equipo de terreno 2020, preparando un bochón de yeso con cráneo de mamífero de gran tamaño. Crédito: Raúl Ugalde.

Gran riqueza

Al ser consultado de a qué se debe la riqueza del hallazgo, Bostelmann responde que «en Aysén tenemos el enorme privilegio de vivir entre montañas».

«En cualquier punto hacia donde dirijamos la mirada ellas están presentes y por tanto definen buena parte de nuestra identidad. Muchas de estas montañas están conformadas por rocas sedimentarias, es decir rocas formadas a partir de sedimentos que en el pasado hacían parte de diversos ambientes, como los fondos marinos, los rellenos de ríos, o los antiguos suelos donde crecieron bosques o praderas».

En todos estos ambientes del pasado se fueron depositando los restos de los organismos que habitaron en ellos.

«Tenemos la suerte que esas rocas y sus contenidos paleontológicos se hayan preservado hasta el presente y a la vez que concentren de manera realmente notable todas estas manifestaciones de la antigua biodiversidad de nuestra Patagonia».

Depósitos fosilíferos en el Sector de Pato Raro, Parque Nacional Patagonia, Aysén. Crédito: Enrique Bostelmann.

Paisaje original

Hace millones de años, el paisaje de la Patagonia era muy distinto al de hoy.

«Dado que estos fósiles provienen de diversas localidades y momentos en el tiempo, las reconstrucciones de los paleoambientes son bastante diferentes. Por ejemplo, hace 130 a 120 millones de años tenemos ambientes marinos que van desde profundos a someros en los que encontramos una gran diversidad de invertebrados», asegura.

Mucho después, hace 50 millones de años, Aysén era un territorio con grandes ríos entrelazados cubiertos por una vegetación frondosa de carácter subtropical, y poco después, hace 27 millones de años, seguían estas condiciones climáticas cálidas y los bosques eran muy diversos incluso albergando especies que hoy están restringidas a Australia o Nueva Zelanda. En la zona de Meseta Cosmelli, en el Parque Nacional Patagonia, el equipo investigador ha encontrado «hermosos testimonios de estos antiguos ecosistemas que estaremos presentando próximamente».

«Sobre estos bosques se extendió nuevamente el mar, hace aproximadamente 20 millones de años atrás. Fue una gran ingresión del Océano Atlántico que cubrió prácticamente toda la Patagonia y que, en Aysén y Magallanes, se mantuvo por casi 2 millones de años. Las rocas que conforman estos antiguos fondos marinos es lo que conocemos como Formación Guadal y es una de las unidades fosilíferas más diversas de la región de Aysén».

En estas rocas han recolectado colectados decenas de restos de invertebrados como corales, braquiópodos, briozoos, moluscos, cangrejos, erizos y restos de vertebrados, como dientes de tiburones. Hay también niveles con grandes concentraciones de ostras gigantes, por lo que interpretan estos ecosistemas como ambientes marinos poco profundos, claramente mucho más cálidos que en la actualidad.

«Es decir, estamos hablando de una costa oceánica que hoy hace parte de muchas montañas al sur del Lago General Carrera. Uno puede estar a 1200 metros de altura mirando directamente hacia el Campo de Hielo Norte, sentado sobre lo que era el antiguo fondo del mar Atlántico. Es algo realmente espectacular y profundamente conmovedor», dice emocionado.

«Lo fantástico de todas estas historias es que en lugares como el Parque Nacional Patagonia uno puede ver las diferentes capas que componían todos estos ambientes, una encima de la otra, y por tanto recorrer 150 millones de años simplemente caminando a través de ellas. Es como viajar en el tiempo al ritmo de tus propios pasos».

La importancia del hallazgo

Respecto a la importancia del hallazgo, Bostelmann remarca que las montañas, sus rocas y sus fósiles enseñan sobre los sucesos que han ocurrido en la Tierra a lo largo del tiempo.

«Cada hallazgo representa un trocito de este conocimiento que vamos sumando poco a poco. Gracias a la información que hemos construido, podemos entender muchos cambios en los territorios, o entender, por ejemplo, que en por lo menos tres momentos diferentes casi toda la Patagonia fue el fondo del océano».

En ese sentido, el estudio de los fósiles permite profundizar en la reconstrucción de los ecosistemas antiguos o ver cómo los organismos fueron afectados a lo largo de millones de años por los efectos del alzamiento de la Cordillera de los Andes.

«A través de estos nuevos descubrimientos recuperamos algunas páginas que creíamos perdidas de este increíble libro de la historia de la vida. Procesar e interpretar esta información nos permite también aportar a las necesidades científicas del presente», señala.

Y destaca que la comunidad internacional ha comprendido que, para entender el cambio climático actual, «necesitamos observar detenidamente el pasado».

«Estos aportes al conocimiento generados desde la región de Aysén ayudarán a los expertos a modelar procesos ambientales a escalas temporales mucho más amplias. Algo que en el presente necesitamos comprender de forma urgente», advierte.

Muestra de fósiles

El objetivo es que el público pueda acceder a los fósiles en el futuro en la misma región del hallazgo.

«Una de nuestras metas con este programa fue justamente cumplir con un anhelo histórico de la sociedad aisenina: que los fósiles no salieran del territorio», remarca.

Actualmente, el equipo investigador está concluyendo el proceso de clasificación de todos los restos, y en paralelo, va avanzando apoyados por los colegas del Consejo de Monumentos Nacionales, para resolver todas las formalidades en el ingreso de las colecciones al Museo regional de Aysén.

«En estos momento ya tenemos algunos de los ejemplares en exposición ya que el año pasado organizamos la primera semana de la geo-paleontología de Aysén, un evento de carácter familiar muy lindo, en el que se realizaron charlas, actividades de capacitación, talleres y juegos para niños», recuerda.

«La mayor parte de los ejemplares están albergados en un ambiente climatizado y con adecuadas medidas de seguridad para proteger este invaluable patrimonio. Así, el material también queda a disposición de cualquier persona que quiera venir a estudiarlo o conocerlo. Además, estamos pensando desarrollar a futuro algunas exposiciones itinerantes que nos permitan acercar todos estos conocimientos a diferentes lugares», concluye.

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