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¿Desertores o excluidos del sistema? El desafío de una nueva oportunidad

por 17 marzo, 2019

¿Desertores o excluidos del sistema? El desafío de una nueva oportunidad
El país tiene una deuda de cobertura y calidad con la educación de personas jóvenes y adultas. Falta concretar las Bases Curriculares para la modalidad, exigidas por Ley a todo el sistema educativo. En el 2017, cerca de 1.200 personas, profesores, directivos, sostenedores, estudiantes, organizaciones sociales y empresariales discutieron una propuesta que definía los aprendizajes que los estudiantes deben lograr para responder a las exigencias de la sociedad actual y apoyar su proceso formativo y desarrollo de proyecto de vida.  Una visión ética y política demandaría que este proceso ya presentado por el Mineduc y aprobado por el Consejo Nacional de Educación, sea concretado y que, al mismo tiempo, se estimule la ampliación de la cobertura para dar oportunidad a jóvenes y también a las personas adultas, incluida las personas mayores, de retomar su trayectoria educativa y otorgar nuevas oportunidades a la población que ha debido abandonar o ha sido expulsada de escuelas y liceos
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Iniciado el año escolar se dio a conocer un nuevo estudio sobre niños y jóvenes que están fuera del sistema educativo. Las cifras muestran que más de 350 mil niñas, niños y jóvenes no van a la escuela. Se puede discutir si la cifra es exacta o si la metodología de levantamiento de datos es distinta a otras mediciones, lo cierto es que detrás de estas cifras hay vida de personas. Son trayectorias educativas frustradas, historias de abandono y exclusión.

Como señala Cecilia Richards, educadora e investigadora. La deserción, el abandono de la escuela y desde la escuela, es un proceso de alejamiento paulatino de un espacio cotidiano. Abandonar la escuela implica también el abandono de ciertos ritos personales y familiares que inciden en el desarrollo de la identidad y la proyección personal del estudiante.  La deserción o el abandono de la escuela es paulatino, no se produce de un día para otro, existen evidencias que de manera progresiva, la persona abandona la escuela, el grupo familiar, el barrio para finalmente ingresar a circuitos de exclusión más dolorosos que lo pueden llevar, incluso, a compromisos diversos con la legislación vigente.

Las cifras son altas y constituyen la radiografía de una sociedad segmentada e injusta. Como muestran las investigaciones, la deserción está fuertemente asociada a las condiciones socioeconómicas y a situaciones familiares complejas; no obstante, crecientemente, surge como factor la inadecuación a una cultura escolar de la cuál muchas y muchos jóvenes se sienten ajenos, no encuentran en la escuela el sentido cotidiano como espacio de convivencia y aprendizaje.

Entre los excluidos del sistema muchos buscan nuevas alternativas, la educación de personas jóvenes y adultas es la opción más frecuente para permitir la continuidad de sus trayectorias. La Educación de Jóvenes y Adultos (EPJA) constituye una modalidad más flexible y pertinente que facilita combinar estudios e inserción laboral, que facilita espacios de encuentro e identidad entre personas que conviven y aprenden en la diversidad.

Según datos de matrícula del Mineduc, el 71% de los estudiantes matriculados en Educación de Adultos tienen 24 años o menos, son jóvenes que desertaron por razones económicas, maternidad o paternidad precoz que con frecuencia no se adaptaron al sistema escolar, que requieren espacios de socialización y tienen motivación por continuar estudios superiores. No obstante, la cobertura de Educación de Adultos en Chile es insuficiente, la matrícula total es cercana a 180.000 estudiantes y cubre menos del 4% de la demanda potencial, pues cerca de 5.000.000 de chilenos y chilenas de 19 años y más no ha completado su escolaridad básica o media.

Esta modalidad educativa muchas veces permanece invisible, frecuentemente está al margen de las discusiones de política pública, la subvención escolar es inferior a la del resto del sistema educativo, a pesar de la vulnerabilidad de su población no tiene acceso a la subvención escolar preferencial y no hay sistemas de monitoreo de la calidad de los aprendizajes.

El país tiene una deuda de cobertura y calidad con la Educación de Personas Jóvenes y Adultas. Falta concretar las Bases Curriculares para la modalidad, exigidas por Ley a todo el sistema educativo. En el 2017, cerca de 1.200 personas, profesores, directivos, sostenedores, estudiantes, organizaciones sociales y empresariales discutieron una propuesta que definía los aprendizajes que los estudiantes deben lograr para responder a las exigencias de la sociedad actual y apoyar su proceso formativo y desarrollo de proyecto de vida.  Una visión ética y política demandaría que este proceso ya presentado por el Mineduc y aprobado por el Consejo Nacional de Educación, sea concretado y que, al mismo tiempo, se estimule la ampliación de la cobertura para dar oportunidad a jóvenes y también a las personas adultas, incluida las personas mayores, de retomar su trayectoria educativa y otorgar nuevas oportunidades a la población que ha debido abandonar o ha sido expulsada de escuelas y liceos.

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