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Reforma Tributaria: una cuestión de principios

por 14 abril, 2019

Reforma Tributaria: una cuestión de principios
El Gobierno ha notificado con toda claridad al país que está disponible, una vez más, a gobernar a favor de los mas poderosos, los ricos, los grandes empresarios, los satisfechos, los que nunca pierden. Está por verse si en la oposición, todos, estaremos en la vereda contraria. Yo, por lo menos, me ubico allí. La discusión entonces no es técnica, es de principios ... por lo menos para los que no nos hemos olvidado de ellos.
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La actual discusión acerca del proyecto de reforma tributaria, presentado por el gobierno, ha estado llena de opiniones “técnicas”, de representantes tanto del Ejecutivo como de la oposición.

Sin embargo, hemos echado de menos las opiniones que apunten a lo que debiera ser fundamental, cuando se trata de ver como el Estado recauda tributos, recursos necesarios para cubrir sus necesidades entre las cuales se encuentran todas las iniciativas tendientes a desarrollar programas sociales, que intentan paliar los efectos negativos de la desigualdad tanto en la repartición de los bienes y servicios que la sociedad desarrolla, como la que se produce entre la renta del trabajo y la renta del capital.

Esto es lo que debemos poner en el centro de la discusión, en el trámite legislativo de la propuesta del Gobierno. Esa es la obligación ética de la oposición, por lo menos de aquella que pone como foco de su preocupación a los más débiles.

A este respecto, el Gobierno ha notificado con toda claridad al país que está disponible, una vez más, a gobernar a favor de los mas poderosos, los ricos, los grandes empresarios, los satisfechos, los que nunca pierden. Está por verse si en la oposición, todos, estaremos en la vereda contraria. Yo, por lo menos, me ubico allí.

Más allá de ver los aspectos en los cuales se podrá acordar un pequeño avance, el punto de discusión central será la pretensión del gobierno por legislar a favor de la integración tributaria, es decir, la manera en que tributan los más ricos, pretendiendo que, a diferencia de la reforma aprobada en el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, las utilidades no retiradas no paguen global complementario, lo que implica regalarles a los grandes empresarios más de 800 millones de dólares por año.

¿Por qué?

Simplemente, porque ha llegado el momento de decir fuerte y claro: los niveles de desigualdad en nuestro país ya no soportan seguir haciéndose los lesos, menos para los que seguimos diciendo que tenemos una raíz humanista cristiana. Ello es el mínimo de consecuencia. Ese, debe ser el punto de partida de nuestra posición, no la discusión técnica, sino la de principios.

Durante la discusión pre legislativa, efectivamente se ha anticipado que el gobierno estaría disponible para mejorar algunas medidas a favor de las Pymes, las regiones y los adultos mayores en el pago de contribuciones. Avances menores que, en todo caso, habrá que ver como se expresan en las indicaciones pertinentes, esperando -por cierto- la letra chica, doctrina permanente en una administración engañosa que, usualmente, no cumple los acuerdos.

Entonces, más allá de ver los aspectos en los cuales se podrá acordar un pequeño avance, el punto de discusión central será la pretensión del gobierno por legislar a favor de la integración tributaria, es decir, la manera en que tributan los más ricos, pretendiendo que, a diferencia de la reforma aprobada en el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, las utilidades no retiradas no paguen global complementario, lo que implica regalarles a los grandes empresarios más de 800 millones de dólares por año.

Esa es la propuesta del gobierno, con la cual cumple la promesa que le hiciera a la derecha más reaccionaria, en el sentido de aumentar la desigualdad, esta vez, a través de una reforma tributaria como la que ahora discutimos.

¿Cuál debe ser entonces nuestra postura?

Claro y sin ninguna vacilación: No legislaremos nada a favor de la reintegración, nada que favorezca a los mas ricos, nada que colabore a aumentar la desigualdad.

La discusión entonces no es técnica, es de principios…por lo menos para los que no nos hemos olvidado de ellos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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