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El sacrificio de Jadue

por 24 julio, 2019

El sacrificio de Jadue
Si algo sabe hacer bien el comunismo desde la época de Stalin, es lograr constricción de sus herejes. Por ello, como en su tiempo lo hizo Zinoviev, el alcalde de Recoleta tuvo que mostrar arrepentimiento y llamar a la ex-Presidenta. El asunto tiene una importancia mayor. Cada vez más en la ex-Nueva Mayoría se respira un aire de reconciliación, pero sin los comunistas. No solamente juegan un rol incómodo, por su posición respecto de Venezuela o el veto hacia la DC, sino que ocupan una silla que en la oposición tienen guardada para el Frente Amplio.
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La dura crítica del alcalde Daniel Jadue a la ex-Presidenta, Michelle Bachelet, acusándola de amparar un golpe en Venezuela, caló hondo en los restos de la Nueva Mayoría. Para muchos, fue la gota que rebalsó el vaso de una serie de discordancias, más allá de la posición respecto al régimen de Nicolás Maduro y la situación del país caribeño.

Durante el Gobierno de Bachelet, el Partido Comunista fue completamente leal a Palacio y construyó con la Mandataria una relación de confianza y cariño mutuo. Contrario a lo que repiten muchos en la derecha, el comunismo criollo no fue muy influyente en las grandes reformas y el giro a la izquierda que tuvo el grupo más cercano a la Presidenta, círculo en que preponderaba la idea de que era necesario sacarse todo el olor posible a Concertación y para ello se requería ir en otro rumbo.

A manera de ejemplo, el PC pensaba que era primordial partir por una profunda reforma a la educación pública, que implicara terminar con la municipalización y fortalecer la carrera docente. En contraste, el grupo asesor del ministro, varios de ellos excomunistas, estaban por –antes que nada– sacarle los patines a la educación particular subvencionada. Como se sabe, el ministerio eligió un camino distinto al de su expartido. Haberse mordido la lengua con las críticas al Mineduc, le costó a los comunistas perder el Colegio de Profesores y dejar de existir en las federaciones estudiantiles.

Como el coqueteo con la ex-Nueva Mayoría y el Frente Amplio es cada vez más fogoso, el comunismo se convierte en el vecino que hay que sacar del barrio. Su posición sobre la dictadura de Maduro daba parte del pretexto, pero finalmente Venezuela queda muy lejos, por lo que un ataque a la mismísima Bachelet de parte de su principal figura presidencial, es a todas luces un motivo real para un verdadero divorcio.

La lista de tragos amargos que los chicos de la hoz y el martillo tuvieron que probar durante la segunda era del bacheletismo, es larga y dolorosa. Basta recordar la operación Huracán, en la que el PC, silenciosamente, asistió a la fabricación de una mentira, que fue advertida a tiempo por varios de sus dirigentes más agudos, como Juan Andrés Lagos. O un asunto mucho peor: guardaron un respetuoso silencio ante la eterna dilación del cierre de Punta Peuco, cuestión que terminó en una vergüenza. Pese a lo doloroso del tema, no se escuchó en voz pública crítica alguna a la Presidenta.

Más allá de la práctica política del PC, el cariño por Bachelet por parte de dicho partido es genuino. En su primer Gobierno, ella los trató con una deferencia que contrastaba con el trato rudo que recibieron por parte de Ricardo Lagos. Por ello, ante el informe sobre Venezuela en su rol de Alta Comisionada de las Naciones Unidas optaron por ir al producto y no a la autora, estrategia que fue destrozada por el alcalde Jadue, quien inventó un supuesto apoyo a un golpe de Estado en Venezuela.

Bachelet nunca estuvo en esa lógica y, ni siquiera apoyó el autogolpe de Maduro. La resistencia inicial de Jadue a la lluvia de críticas incluyó el levantamiento de brigadas tuiteras que salieron a defender al edil comunista, pareciéndose en algunos momentos a los disciplinados bots humanos de José Antonio Kast.

Pero si algo sabe hacer bien el comunismo desde la época de Stalin, es lograr constricción de sus herejes. Por ello, como en su tiempo lo hizo Zinoviev, el alcalde Jadue tuvo que mostrar arrepentimiento y llamar a la ex-Presidenta. El asunto tiene una importancia mayor. Cada vez más en la ex-Nueva Mayoría se respira un aire de reconciliación, pero sin los comunistas. No solamente juegan un rol incómodo, por su posición respecto de Venezuela o el veto hacia la DC, sino que ocupan una silla que en la oposición tienen guardada para el Frente Amplio.

Sin los comunistas en la coalición, es mucho más fácil pactar con Giorgio Jackson y Gabriel Boric, los controladores de siempre del Frente Amplio. Ellos, desde sus tiempos estudiantiles han competido con los disciplinados comunistas por el control del movimiento social y la calle. Hay que recordar que Boric es la figura que derrotó a la ahora diputada Camila Vallejo en la FECH. Ambos diputados no deben haber olvidado que sus intentos de armar una bancada estudiantil fueron torpedeados desde el PC.

Como el coqueteo con la ex-Nueva Mayoría y el Frente Amplio es cada vez más fogoso, el comunismo se convierte en el vecino que hay que sacar del barrio. Su posición sobre la dictadura de Maduro daba parte del pretexto, pero finalmente Venezuela queda muy lejos, por lo que un ataque a la mismísima Bachelet de parte de su principal figura presidencial, es a todas luces un motivo real para un verdadero divorcio.

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