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El golpe de Camila

por 12 agosto, 2019

El golpe de Camila
La diputada Camila Vallejo tiene una oportunidad tremenda de consolidar su liderazgo, siempre y cuando sea capaz también de mostrar algún grado de flexibilidad en su postura o, al menos, proyectarla. Ya tiene a su favor haberle quebrado la mano al Gobierno e incluso sumar gente de derecha a su proyecto –algo inédito–, pero ahora el desafío es que su iniciativa pueda convertirse en proyecto de ley, lo que sería una derrota completa para La Moneda.
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Esto es lo peor que le podía pasar al Gobierno y se notó. Un proyecto de iniciativa parlamentaria, una de las cientos de propuestas que presentan los parlamentarios –incluido instaurar el día de la chueca, brisca, cueca y otros– y que no llegan a ningún lado, esta vez logró propinarle una derrota –al menos comunicacional– al Gobierno, algo que jamás se habría imaginado la diputada Camila Vallejo hace dos años, cuando ingresó el proyecto. Porque lo cierto es que la propuesta de rebajar de 45 a 40 horas la jornada laboral dormía el sueño de los justos en la comisión de Trabajo de la Cámara, sin que a nadie le provocara preocupación alguna.

Cuando La Moneda presentó su proyecto de Flexibilidad Laboral con bombos y platillos hace algunos meses, quedó la sensación instalada de que este podría ser el primer gran proyecto, de los llamados estructurales, que el Gobierno lograría sortear con menos dificultades.

Si bien una parte de la oposición lo rechazó de plano, algunos sectores de la DC, PPD y PS lo miraron con buenos ojos, después de todo, las leyes laborales en Chile son anacrónicas respecto de los avances significativos que ha tenido el mercado del trabajo en menos de una década. El desarrollo de la tecnología y digitalización, la incorporación de los “millennials” y una búsqueda cada vez mayor de mejor calidad de vida por sobre otras variables, obligaba a que nuestro marco legal también se adaptara.

Todo bien hasta ahí. Aplausos, fotografías y sonrisas. Si hasta pareció que el Gobierno había quedado más satisfecho con el anuncio y puesta en escena, que preocupado de que su iniciativa avanzara en el Congreso. Tal vez, la estrategia de presentar todos los proyectos juntos le jugó en contra, porque mientras los ministros políticos y sectoriales se desgastaban con la Reforma Tributarias o Admisión Justa –que se rechazó–, Camila Vallejo y otros parlamentarios comenzaban a tomar conciencia que aquel antiguo proyecto podía recobrar su vigencia y disputarle codo a codo a la iniciativa del Ejecutivo.

Recién, hace solo unas semanas, se encendieron las alarmas en el Gobierno. El subsecretario de la cartera desplegó una agresiva estrategia comunicacional para defender el proyecto oficialista y contraatacar a la iniciativa 40H. Dos fueron los argumentos centrales del relato de Fernando Arab: el proyecto de la diputada Vallejo era inconstitucional y afectaría el empleo. Pero no fue suficiente.

No obstante los resquemores que causa el PC en algunos políticos de derecha –especialmente de Renovación Nacional–, se fueron sumando a la iniciativa, pese a que incluso varios de ellos se habían abstenido en la votación en general en la Comisión de Trabajo.

Pero el golpe de gracia al proyecto de Flexibilidad Laboral del Gobierno vendría desde su empresa favorita de encuestas. Plaza Pública-CADEM sentenció que el 74% de las personas valoraba el proyecto de 40 horas.

El Presidente Piñera, una vez más y corriendo los riesgos de siempre, tomó el protagonismo, pero no para defender el proyecto propio, sino para criticar duramente al de la diputada Valllejo. Punto ganado para la parlamentaria comunista. Punto perdido para La Moneda.

Así, la exdirigenta estudiantil logró que el Gobierno tuviera que improvisar un cambio –fue muy notorio– y proponer un proyecto de 41 horas, pero con flexibilidad.

El anuncio, que pareció una reacción infantil ante una derrota al quedar a una hora de distancia, fue bastante deslucido. El ministro Monckeberg se veía tenso, incómodo. Un par de horas antes se había estado paseando por los matinales –la nueva estrategia de La Moneda–, descalificando la rebaja de las 45 horas. También el grupo que escoltó al secretario de Estado no mostraba mucho entusiasmo, especialmente Allamand, quien sabía perfectamente que el proyecto gubernamental había sido derrotado, pero era importante hacer el gesto, luego que Piñera santificara unos días antes a Lavín.

Las conclusiones de este episodio son que Camila Vallejo logró darle un golpe duro al Gobierno y, de paso, dejar en evidencia las dificultades que existen hoy en La Moneda, especialmente en la gestión política. Además, la diputada comunista dio un gran salto cualitativo: sin duda, entró a las grandes ligas de la política chilena. Pero Camila también le propinó un golpe a la cúpula del PC. Lo que ocurrió la semana pasada puede ser una buena señal para que el añejo y anquilosado partido tome en serio a estas diputadas e inicie el recambio. Y, claro, también se demostró que siguen aumentando las fisuras entre el Ejecutivo y el mundo empresarial.

Creo que la diputada Vallejo tiene una oportunidad tremenda de consolidar su liderazgo, siempre y cuando sea capaz también de mostrar algún grado de flexibilidad en su postura o, al menos, proyectarla. Ya tiene a su favor haberle quebrado la mano al Gobierno e incluso sumar gente de derecha a su proyecto –algo inédito–, pero ahora el desafío es que su iniciativa pueda convertirse en proyecto de ley, lo que sería una derrota completa para La Moneda.

Y, claro, el Gobierno debería tener la capacidad de autocrítica para entender por qué se les fue de las manos uno de los proyectos que podía avanzar con menos dificultades. También es la hora de revisar a fondo el manejo comunicacional con que se están guiando en las últimas semanas. Puestas en escena forzadas, abuso de las chaquetas rojas, exceso de espacios en matinales y pizarras para explicar proyectos, con el riesgo de que los periodistas los lleven a otros temas –pasó con Piñera en Mega– o se enfrasquen en discusiones –Monckeberg estuvo en aprietos frente al abogado Stingo en TVN–.

Uno de los principales peligros que parece estar incubando este Gobierno, es que el mundo empresarial comienza a pasar de la fase del desencanto a la de la molestia o incluso rabia. Se les prometió en la campaña el oro y el moro, como la rebaja de impuestos, que al final ni siquiera se incluyó en la Reforma Tributaria. El proyecto de Flexibilidad Laboral, ahora con rebaja de jornada, es considerado un engendro peligroso, más aún porque el Ejecutivo en estos días ya se abrió a incluir una indicación en que obliga al empleador a incorporar las modificaciones.

Pero no es el único frente para La Moneda. En la derecha más dura –como el Partido Republicano de Kast y algunos UDI– ven exceso de pragmatismo en un Ejecutivo que se guía por las encuestas y que es capaz de “traicionar” los principios del sector. Además, argumentan que el Gobierno tiene gusto a nada. Esos grupos ni siquiera lo consideran de derecha, llegando a confesar que, pese a todo, Michelle Bachelet fue fiel a su pensamiento ideológico, jugándose por proyectos que identificaban a su sector, pese al rechazo de otros sectores y los malos resultados. Después de todo, siempre es mejor morir con las botas puestas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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