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Elecciones en Bolivia, Argentina y Uruguay: un octubre de miedo

por 15 octubre, 2019

Elecciones en Bolivia, Argentina y Uruguay: un octubre de miedo
Si hay alternancia en Bolivia, si Fernández en Argentina se corre hacia el centro con su política económica, puede mejorar la situación de esos países y con ello del Cono Sur de América Latina. Si gana Morales en Bolivia y Fernández decide complacer al pueblo gastando lo que no tiene, el Cono Sur se verá distinto. Es un octubre donde al menos dos elecciones mostrarán, en el transcurso de una semana, una tendencia de para dónde vamos.
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El 20 en Bolivia, el 27 en Argentina y Uruguay. Octubre será un mes de definiciones en el Cono Sur de América Latina. Con crisis política, de corrupción y económica en la mitad de los países de la región, las definiciones de estos países pueden ser cruciales en inclinar América Latina hacia la recuperación de la democracia o la profundización de su debilidad.

Venezuela, Nicaragua, Perú, Paraguay, Colombia, Salvador, Honduras, Argentina y ahora Ecuador en crisis económica, política de corrupción, o simplemente ya dictaduras declaradas, dan cuenta de una democracia en crisis en América Latina.

Una larga y reciente visita a la Argentina me deja las cosas muy claras. En la Argentina de Mauricio Macri, primera alternancia contemporánea del peronismo, se construyó una tormenta de proporciones.

El gobierno de Macri afectó negativa y masivamente al electorado de todas las facciones del peronismo, produciendo una unidad magistralmente tejida por Cristina Fernández de Kirchner (CFK), llamada “Cristina” por el pueblo.

La caída en el valor del dinero, inflación y pérdida de poder adquisitivo que ha afectado a sus electores. Macri tiene también enojados a sus propios seguidores, que se preguntan por qué el préstamo que concedió el FMI (Christine Lagarde) a la Argentina por US$56 mil millones no sirvió para solucionar los problemas. El presidente argentino tiene electores reticentes que señalan que lo votan y a renglón seguido se comienzan a quejar de su desempeño. “Él se dirigió todo su gobierno a otras personas, no a sus electores”, me dice un furioso macrista, profesional de alto nivel que no tiene problemas de ingreso.

No dejé de hablar con colegas encuestadores, recogiendo las razones muy concretas por las cuales los encuestadores serios están haciendo encuestas, pero no las están publicando. El fracaso de todo tipo de sondeos no presenciales, de bajo número de entrevistas, baratas, sin controles de rigor, consolidó la pérdida de credibilidad de ese instrumento en la última elección primaria recién celebrada.

No son las “encuestas” las que fracasaron, sino una política de hacer encuestas baratas y publicar todo lo que sea número. El método sigue siendo válido y está intacto, solo que cuando se mezcla la comida rápida con la de mantel blanco, la gente elige la comida rápida de baja calidad. Las encuestas electorales son como los chefs de tres estrellas, hay que tener excelencia, presupuesto y seguir el rigor científico para acertar. Pues bien, esas encuestas que no se publican están diciendo que no habrá segunda vuelta y que la participación electoral será de las más altas de la historia.

Pero la Argentina es muy diversa, la reciente elección de gobernador en Mendoza, donde triunfó el radicalismo con más del 50% y un aumento de participación electoral de 76% en las PASO, a 83% en la elección de gobernación, muestra el nivel de polarización del país.

El gobernador electo no mencionó a Macri en su discurso de aceptación, si bien pertenece al conglomerado que lo apoya. ¿Se levantará el radicalismo a nivel nacional en este proceso electoral? Por otra parte están las otras gobernaciones, Tucumán, por ejemplo, donde el gobernador Juan Manzur, exministro de CFK (se dice que será la mano derecha de Alberto Fernández), ya está haciendo viajes por el mundo para presentarse internacionalmente. Nunca hay que olvidar que Argentina es la suma de sus gobernaciones (no un país centralista como Chile), donde los gobernadores son reyes de su región. Sin su venia no se puede gobernar.

Así, Argentina se prepara para una nueva alternancia en el poder. Esta vez con el peronismo unido, liderado por un no cristinista, que tendrá todo el poder. La diferencia con el pasado es que por primera vez habrá una oposición de derecha política organizada, asunto que no ha existido como tal en la historia contemporánea trasandina.

CFK, por su parte, enfrenta una situación compleja. Ella le depositó su dinero a su hija Florencia, involucrándola en las acusaciones de corrupción que tiene CFK. La hija hoy está con depresión, anorexia y peligro de suicidio en Cuba, donde es atendida médicamente. Cristina a su lado se salta la campaña presidencial. El reclamo de su hija dice que le cargó todo el dinero a ella, y dejó libre a su hermano Máximo para que siguiera la carrera política. No es el único hijo del cristinismo que sufre la misma suerte. La justicia argentina hoy persigue también a los hijos como consecuencia.

Cabe la duda respecto a si todo esto que llaman “peronismo” es peronismo o, simplemente, la utilización de un nombre para una izquierda muy diversa y personalista. Si eso fuera así, estamos ante el nacimiento del “fernandismo”, que sin duda intentará quedarse con el imaginario del pueblo, para lo cual tiene que desmantelar el “cristinismo”. Perón ha sido instrumental en la perpetuación de una política de personalismos, que a lo mejor dejaron de ser peronistas para ser ellos a su favor hace mucho tiempo. Solo que no se ha declarado como tal.

Eso nos lleva al personalismo de Bolivia, que tiene al presidente, que perdió el plebiscito para ser reelecto, corriendo para ser reelegido por cuarta vez. ¿Otro presidente más de la región que cree que solo él puede gobernar bien su país, y que no se puede ir porque se descubrirá todo lo ilícito que ha hecho? ¿Acaso no es la élite latinoamericana la que con sus egos y personalismos malogra a la democracia? ¿Es posible que la democracia persista con ese nivel de personalismo donde un presidente le pide a las cortes que le den la autorización de reelegirse incluso después de haber perdido un plebiscito? Evo Morales dicen que saldrá primero en la primera vuelta, pero que estaría perdiendo la segunda. Veremos…

Nosotros aquí en Chile nos quejamos de la falta de renovación en los liderazgos políticos (Bachelet/Piñera/Bachelet/Piñera), pero en Bolivia ni siquiera cambia la persona.

En Uruguay, el país más democrático de la región y con la menor cantidad de conflictos, están a punto de elegir a Luis Lacalle, un político parlamentario, hijo del expresidente homónimo, de una familia política de larga data. Una elección competitiva como ha habido pocas en ese país, muy reñida.

Si hay alternancia en Bolivia, si Fernández en Argentina se corre hacia el centro con su política económica, puede mejorar la situación de esos países y con ello del Cono Sur de América Latina. Si gana Morales en Bolivia y Fernández decide complacer al pueblo gastando lo que no tiene, el Cono Sur  se verá distinto. Es un octubre donde al menos dos elecciones mostrarán, en el transcurso de una semana, una tendencia de para dónde vamos.

Después de haber hecho encuestas en 18 países de la región durante 25 años, se puede afirmar que el problema de la región no es lo que piensa la gente de la democracia, sino lo que hace la élite con ella. El declive de la democracia se debe a su élite.

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