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MERCADOS

Cúpulas empresariales y la Reforma Tributaria: ¿un statu quo en veremos?

por 23 octubre, 2019

Cúpulas empresariales y la Reforma Tributaria: ¿un statu quo en veremos?
Los primeros avances respecto a que una conversación más profunda en materia de impuestos podría allanarse, han salido a la luz pública estos días y la pelota está del lado del Gobierno y de la manifestación de intenciones que también los ministerios de Hacienda y Economía, así como los otros poderes del Estado, puedan hacer a la élite del país. En su anuncio de anoche el Gobierno no pareció tan interesado en discusiones más profundas en la materia.
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Toda la agenda parlamentaria en torno a las reformas económicas va a tener que mudar de dirección. El modelo ha permitido prosperar a un privilegiado grupo de empresarios chilenos, que también han sido quienes han empujado mantener el statu quo en materia económica. Sin embargo, al calor de la crisis que vive el país, en varios círculos empresariales se ha comenzado a hablar de la necesidad de no solamente centrar el quehacer empresarial en las utilidades.

Lo han advertido en todo el mundo. La más grande asociación de gerentes generales y empresas del mundo, llamada Roundtable, difundió una carta donde dijo que la preocupación de las compañías no debe ser solamente el bienestar del accionista, sino que también deben tener una mirada hacia el quehacer social y el cambio climático.

Pareció una declaración de buenas intenciones, pero fue la primera vez que empresas tan influyentes de todo el mundo concordaron en este tipo de declaraciones.

El ambiente chileno también está cambiando. Y ese cambió dependerá, precisamente, de las licencias que el Gobierno logré que el empresariado haga con el fin de lograr un gran pacto social. Aunque tras el anuncio de ayer el corazón del asunto, los impuestos, parecen ser haber sido poco tocados por el Ejecutivo.

La batería de medidas comunicadas anoche por el Presidente de la República proponen un mayor impuesto a los sectores de mayores ingresos, con la creación de un nuevo tramo en el Impuesto Global Complementario de 40% para las rentas superiores a 8 millones mensuales, lo que aumentará la recaudación tributaria en US$ 160 millones.

Pero el acuerdo no tocó el "corazón" de la derecha y de Piñera en materia de impuestos: la Reforma Tributaria. Esto, aunque los principales afectados en esta materia, los empresarios, le estaban abriendo la puerta a una discusión más profunda.

¿Camino allanado?

Los primeros "dulces" en cuanto a que una conversación más profunda en materia de impuestos podría allanarse han salido a la luz pública estos días.

La Sofofa y la CPC, los principales gremios empresariales, reaccionaron señalando que era necesario abrirse al diálogo.

Ayer realizaron una especie de mea culpa señalando que por supuesto que se hacen cargo de las consecuencias que el movimiento social les achaca, reconociendo algo de sordera en la escucha de sus necesidades. "En las consecuencias por supuesto que hemos tenido responsabilidad", dijo el presidente de la CPC, Alfonso Swett.

En ese contexto, algunos líderes empresariales han comenzado una especie de campaña por que se inicie un cambio de mentalidad en la empresa chilena.

Ayer el empresario Andrónico Luksic, controlador de Quiñenco y de compañías como CCU y Banco de Chile, a través de su cuenta de Twitter e intentando viralizar el hashtag #PrimerPaso, señaló que ninguno de sus colaboradores en la compañía ganará menos de $500 mil en el año 2020.

Puede leerse como una declaración de buena crianza, pero sin duda abre la puerta a un efecto dominó.

En efecto, el periodista Vicente Vera difundió en redes sociales un mensaje del CEO de Tanner, Antonio Turner, en la misma línea.

"Entendemos el malestar y lo difícil que es enfrentar el costo de la vida en estos tiempos y aunque ya hace unos años comenzados un proceso para 'ponernos al día' en estas materias, lo que hoy nos tiene con ingreso mínimo en Tanner mayor a los $500.000, que es 66% más alto que el legal ($301.000). Queremos seguir avanzando por este camino. Es así como desde noviembre nuestro ingreso mínimo en Tanner será de $ 602.000 brutos, duplicando el piso legal establecido. Esto se actualizará cada vez que se reajuste el sueldo mínimo en Chile", señaló.

Pero lo más relevante –y donde definitivamente les aprieta el zapato a los empresarios– es, sin duda, lo relacionado con los impuestos. Ahí la pelota está del lado del Gobierno, aunque no se ve muy interesado en moverla.

Los políticos le han advertido la necesidad de corregir el rumbo. Incluso los más allanados al Gobierno. El fin de semana, Fuad Chahin, presidente de la Democracia Cristiana, señaló que era propio pensar en un proyecto de Reforma Tributaria diferente, haciéndose cargo de qué, como se ha conocido, no tiene mucho sentido en medio del estallido social.

Economistas como Ricardo Ffrench-Davis han señalado que volver a integrar el sistema o reintegrarlo, beneficia el consumo y no el ahorro de capital. Esto, pues permite a las empresas que aquellas utilidades que se quedan capturadas en las compañías no paguen impuestos. En palabras bastante sencillas también incentivaría –a juicio del profesor– que se creen empresas de papel donde los dueños del capital pueden mantener congelados recursos para hacer, de alguna manera, evasiones tributarias.

Pero lo más peligroso de la reforma como hasta ahora la hemos conocido, es, precisamente, el eslogan que se adueñó de ella. Que esta es una reforma para los superricos, que beneficia al PIB de Chile y que les da más facilidades a las grandes compañías.

Eso, pese a que el Gobierno ha intentado, por todos los medios posibles, señalar que este es un proyecto de ley del Ejecutivo para emparejar la cancha y beneficiar a las pymes.

Hasta antes de la agitación social, se esperaba que la Reforma Tributaria entrara rápidamente en la agenda legislativa, habiendo el Gobierno empeñado la palabra al empresariado de que en este año tenía que lograr la aprobación de la promesa de campaña.

Ayer, el presidente de la CPC dijo –tras un encuentro con diferentes ramas del gremio para hablar del descontento social– que parecería propio poner en pausa la Reforma Tributaria. Es la primera vez en que, con todas sus letras, los empresarios reconocen que seguir adelante con una reforma bautizada a nivel social como una para los superricos, se podría convertir en una bomba de racimo para un golpeado Gobierno de Sebastián Piñera.

Sus dichos fueron secundados por el presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte, quien dijo reconocer que el tema de los impuestos es fundamental. Y que en ese sentido, incluso, se podría debatir un alza de impuestos personales, algo que sucedió anoche, pero que afecta poco a los grandes capitalistas.

El Ejecutivo, de una manera aún tibia, se ha abierto a reconocer que la agenda de reformas que tiene en el horizonte tiene que cambiar de rumbo, pero no ha explicado cómo tales reformas pueden mudar de un énfasis pro empresa a uno de carácter social.

Será clave que Piñera entienda que la Reforma Laboral, la de Pensiones y la Tributaria, son las que, precisamente, debe convertir en un elemento de reparación social.

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