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El contagiado número mil y las AFP

por 31 marzo, 2020

El contagiado número mil y las AFP
Parece ser el momento de que la clase política abandone su egoísmo y dé alguna señal de empatía, para solucionar el conflicto económico que genera el confinamiento por la pandemia. Un bono de 50 mil pesos de muy poco sirve. Lo que se requeriría es autorizar el giro parcial de los fondos de pensiones con solicitud y giro online (con clave de la AFP y clave única). Por ejemplo, hasta 4 millones en 4 cuotas o algo parecido. Las personas verán si los giran o no y por qué monto.
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A los 23 días de detectado el primer caso, Chile superó los mil contagios de COVID-19. Lo hizo, como se observa en el siguiente gráfico, con un agravante: la cifra está creciendo de manera exponencial.

Si se mantiene la tendencia –y nada hace pensar que no lo hará–, en 10 días tendremos entre 8 mil y 10 mil contagios y estaremos en medio de una crisis sanitaria de proporciones dantescas, inmersos en la mayor catástrofe que hayamos enfrentado a lo largo de nuestra historia.

Cabe señalar que entre los más de 170 países afectados por la pandemia hasta el 25.03, Chile se ubica en el nada destacable octavo lugar en cuanto a la rapidez con que se ha expandido el contagio en el interior de sus fronteras. Irán se demoró 12 días en alcanzar los mil contagiados; Suiza, Países Bajos y Noruega, 18; Austria y Dinamarca, 21; y la República Checa, 22. En cuanto a los países con mayores contagios, todos demoraron varios días más en llegar hasta ese límite: Italia, 30; España, 38; Alemania, 41; Francia, 43; y Estados Unidos, 51. China se exceptúa de este análisis porque se desconoce el comportamiento de la expansión inicial del virus.

De manera que no corresponde que el Gobierno y algunos “expertos” sigan difundiendo información falsa. No hay aplanamiento, la curva de crecimiento es (reitero) exponencial y la situación inicial, en términos de rapidez de contagios, es mucho peor que la de España y la de nuestros vecinos latinoamericanos. Eso es lo que dicen, ni más ni menos, las impertinentes cifras.

Habrá tiempo, esperemos, para investigar las causas de esta situación, pero no es lo urgente ni lo importante. Hay que centrarse ahora, con la mayor prontitud posible, en lo que se debe hacer para controlar la epidemia. Las medidas de distanciamiento social, que son las únicas que han resultado “exitosas” hasta la fecha, deben ser generalizadas e incluir a los organismos públicos y a la mayor parte del transporte. Hay que ampliar, en lo posible, la capacidad de diagnóstico e identificar y aislar los focos de contagio. Por cierto, se deben suspender todos los trámites presenciales, lo que hace indispensable implementar en el más breve plazo su automatización (esto incluye, desde luego, pagar las pensiones con transferencias automáticas a la cuenta RUT).

Hasta ahí, todo se ve razonable; incluso factible, pese a lo difícil que resultará implementarlo.

Sin embargo, está el tema financiero.

La pregunta del millón aquí es: ¿qué harán las familias de menores recursos para sobrevivir durante los cuatro meses que, según se dice,  durará el confinamiento?

Porque esta pandemia, según los expertos, no durará menos que eso.

Quienes están tomando decisiones al respecto no conocen la situación de la mayoría de los chilenos. Ni siquiera por encima. Solo eso explica que estén perdiendo el tiempo en discutir lo irrelevante, mientras la soga comienza a apretar el cuello de los ahorcados. No sirve un bono de 10 o 50 mil pesos. La caja fiscal no tiene ni la disponibilidad ni la agilidad para proveer a las personas de la liquidez que precisan ahora ya. Solo quienes dispongan de suficiente efectivo podrán concurrir a los supermercados y dejar las estanterías vacías. Muchos, quizás la mayoría, no tendrán ni una posibilidad.

¿Qué van a hacer con todas esas personas, con los pequeños empresarios que viven al día, con los empleados que dejarán de percibir sus remuneraciones, con quienes no disponen de empleo fijo y viven del comercio callejero o del “pituto” diario? ¿Nada? ¿Los dejarán morirse de hambre mientras discuten la legislación que les aplicarán?

Parece ser el momento de que la clase política abandone su egoísmo brutal y dé alguna, aunque sea mínima, señal de empatía. Tres medidas son indispensables para apoyar a las familias chilenas más necesitadas:

  • Autorizar el giro parcial de los fondos de pensiones con solicitud y giro online (con clave de la AFP y clave única). Por ejemplo, hasta 4 millones en 4 cuotas o algo parecido. Las personas verán si los giran o no y por qué monto. Para ponerla en práctica, se requiere de una modificación menor en el DL 3500 aprobada por cuórum calificado (mayoría absoluta).
  • Autorizar, también en forma online (clave única), el giro total de los fondos de cesantía.
  • Atender con la caja fiscal, mediante bonos mensuales equivalentes al sueldo mínimo, a todos quienes no dispongan de las dos fuentes anteriores.

Tengo plena certeza de que estas medidas tendrán una oposición cerrada de parte de las AFP y de un sector del Congreso. Las AFP se opondrán porque solo les interesa su negocio y para nada el bienestar de las personas.

Una parte de Chile Vamos lo hará porque para ellos las AFP son intocables; algunos exconcertacionistas, porque tienen amistades en las AFP e incluso han trabajado en ellas; gente del FA y del PC, porque pretenden expropiar esos dineros. Sin embargo, también estoy seguro que muchos de ellos son capaces de salir por algunos momentos de sus burbujas y empatizar con la inmensa mayoría de los chilenos que no pueden, como ellos, llenar su despensa en una sola salida al supermercado.

Esta es una situación de catástrofe en la que están en juego la supervivencia, el bienestar y la dignidad de muchos. Entonces, ¿acaso la previsión no se trata justamente de eso, de disponer en forma oportuna y suficiente de los recursos para enfrentar las catástrofes que de tarde en tarde nos acarrea la existencia?

Porque, para que lo tengan muy presente, en Chile la vejez es solo una de ellas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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