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Baby Boom pospandemia

por 20 junio, 2020

Baby Boom pospandemia
Desde la lejanía suena lógica y hasta romántica la noción de que después de una catástrofe haya un aumento de la natalidad. Una compensación de la naturaleza, una nueva oportunidad de la vida. Pero no olvidemos lo que implican a nivel individual y también a nivel país los embarazos no planificados, sobre todo en grupos vulnerables, que suelen ser los más afectados. Tienen implicancias en la morbimortalidad de las madres y sus hijos. Empobrecen a nivel individual y a nivel social ampliado.
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Ema tiene 15 años y vive con su familia. Empezó a usar anticonceptivos sin que su madre lo supiera. La matrona, bien informada de la ley vigente, no le puso barreras y le inició el método. Su primera relación sexual fue un mes después con su pololo Ian; usaron condón. Un mes después vino la cuarentena. Ema no se atrevió a plantearle a su madre que tenía que ir al consultorio, implicaría una conversación que no se siente lista para tener. Lleva dos meses sin anticonceptivos pero no le preocupa, de momento no puede ver a Ian.

Vamos a un optimista futuro: se supera la pandemia y Chile vuelve a la normalidad. Ema se reencuentra con Ian y van al consultorio para retirar sus anticonceptivos. No hay hora, se están priorizando otras atenciones. No tienen la posibilidad económica de comprar. Se prometen que no tendrán actividad sexual hasta que vuelvan a cuidarse… pero no lo cumplen.

Apoyemos a las mujeres y a las familias a que se sientan seguras para traer nuevos ciudadanos a nuestro país, esto pasa por remuneraciones justas, beneficios laborales para madres y padres de niños pequeños y muchas cosas más. Y apoyemos también a quienes quieren postergar la procreación: las atenciones en salud sexual y reproductiva son prestaciones críticas, lo dicen distintas entidades internacionales. Es un respeto mínimo a las decisiones individuales y también un gran favor que podemos hacer por los índices de morbimortalidad y a la futura situación económica de nuestro país.

Ema sospecha estar embarazada. Un día sangra, se preocupa. Va a la urgencia, casualmente estoy de turno. La evalúo y le digo que no se preocupe, su embarazo está bien, el sangrado fue una falsa alarma. Se ve genuinamente aliviada, también Ian. Que no se preocupe, le dije… Pero sé, por ciencia y experiencia, que sí tiene de qué preocuparse. En lo inmediato, es un embarazo de franco mayor riesgo que el de una adulta, para ella y también para su hijo o hija. Sé también que es altamente probable que no estudie por mucho tiempo más y que, por lo mismo, deba optar a trabajos mal remunerados. Que la relación con Ian probablemente termine y que ella sea el único sustento de su hogar futuro.

Alguien me podrá tildar de prejuiciosa, pero lamentablemente son experiencias reiteradas, conocidas y de orden global. Podemos también caer en lugares comunes y decir que un hijo es una bendición, tal vez lo sea, pero eso no puede hacernos desconocer los riesgos y las dificultades que lo acompañan. Podemos hablar de la opción al aborto y el respeto a su decisión, pero convengamos que su primera decisión era no llegar a concebir.

Desde la lejanía suena lógica y hasta romántica la noción de que después de una catástrofe haya un aumento de la natalidad. Una compensación de la naturaleza, una nueva oportunidad de la vida. Pero no olvidemos lo que implican a nivel individual y también a nivel país los embarazos no planificados, sobre todo en grupos vulnerables, que suelen ser los más afectados. Tienen implicancias en la morbimortalidad de las madres y sus hijos. Empobrecen a nivel individual y a nivel social ampliado.

Apoyemos a las mujeres y a las familias a que se sientan seguras para traer nuevos ciudadanos a nuestro país, esto pasa por remuneraciones justas, beneficios laborales para madres y padres de niños pequeños y muchas cosas más. Y apoyemos también a quienes quieren postergar la procreación: las atenciones en salud sexual y reproductiva son prestaciones críticas, lo dicen distintas entidades internacionales. Es un respeto mínimo a las decisiones individuales y también un gran favor que podemos hacer por los índices de morbimortalidad y a la futura situación económica de nuestro país.

La semana recién pasada el Minsal –en su instructivo sobre salud sexual y reproductiva en pandemia– explicitó que la atención para la anticoncepción es prioritaria. Es nuestro derecho y nuestro deber velar por que esto se cumpla, exigiendo las atenciones y los insumos y también apoyando a quienes tienen más dificultad para acceder a estos, mediante despacho a domicilio, visita domiciliaria o lo que la situación particular de cada comuna requiera y permita.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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