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Los “winners” y el costo para la sociedad Opinión

Los “winners” y el costo para la sociedad

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Susana Sierra
Por : Susana Sierra Ingeniera comercial. Socia y fundadora de BH Compliance.
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Los ejemplos son infinitos y están a la orden del día, más aún en este período de emergencia, donde abundan los resquicios para saltarse las normas. Ya lo vimos con las empresas que han cambiado su giro para seguir operando en pandemia y disfrazarse de esenciales, lo que incluso provocó una modificación al Código Penal, incorporando un artículo a la Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, que sanciona a los empleadores que obliguen a cumplir labores presenciales a sus trabajadores en medio de cuarentenas.


Por años en Chile han existido los “winners”, esos que logran burlar el sistema para obtener beneficios, saltarse un paso o evadir pagos, que luego se vanaglorian de lo fácil que fue su triunfo. Y, al mismo tiempo, estos han sido celebrados por la sociedad, dada su increíble suspicacia.

Pero ser un “winner” no tiene nada de elogiable y, muy por el contrario, representa una de las peores caras de los chilenos. En esto la culpa no es solo del que quiere saltarse las reglas, sino también de quien las permite.

Un claro ejemplo se da en el supermercado. ¿Cuántas veces han estado comprando y la cajera o el cajero les pregunta ‘boleta o factura’? Solo en esa pregunta, usted tiene la opción de pasar gastos personales como gastos de una empresa, lo que resulta evidentemente irregular. Y es que son muchos los ejemplos que caracterizan a un “winner”: como saltarse la fila, pasar por la berma en medio de un taco, acceder a un cargo por pituto o pedir prestada una clave para acceder a un determinado servicio.

No es más choro ni más pillo el que se salta los pasos institucionales, por muy burocráticos que parezcan. Al contrario, hacerlo es un acto de corrupción que, a la larga, nos afectará a todos. Hoy el mundo nos exige más prolijidad y ética para generar mayor igualdad y justicia y, por esto, la cultura del “winner” debemos erradicarla entre todos, promoviendo el hacer lo correcto y no lo más fácil.

El último Estudio Nacional de Transparencia (2018) sobre percepción ciudadana de la corrupción –realizado por el Consejo para la Transparencia (CPLT)– indagó de forma inédita los niveles de tolerancia ante actitudes “winner”, quedando de manifiesto el amplio rechazo (83%) a nivel nacional ante estos comportamientos. Sin embargo, el sondeo también señala que el rechazo hacia estas actitudes aumenta si se percibe que afecta directamente al encuestado, versus si perjudica a un tercero.

Los ejemplos son infinitos y están a la orden del día, más aún en este período de emergencia, donde abundan los resquicios para saltarse las normas. Ya lo vimos con las empresas que han cambiado su giro para seguir operando en pandemia y disfrazarse de esenciales, lo que incluso provocó una modificación al Código Penal, incorporando un artículo a la Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, que sanciona a los empleadores que obliguen a cumplir labores presenciales a sus trabajadores en medio de cuarentenas.

Resulta increíble que en medio de la peor crisis sanitaria de los últimos tiempos, tenga que salir una ley para que algunos dejen de ser “winners” y vulnerar el sistema. De hecho, muchas de estas empresas que cambiaron su giro seguirían operando como si nada, de no ser por denuncias anónimas.

Al respecto, vale la pena mencionar algunos casos insólitos como los trabajadores que fueron encontrados al interior de un gimnasio de la cadena Pacific en Providencia, luego que la empresa utilizara el giro de construcción e inmobiliaria para obtener el Permiso Único Colectivo o, bien, el uso de permisos colectivos bajo la categoría de seguridad que utilizaron diversas empresas.

Desde las empresas se debe marcar el ejemplo, porque parte de la crisis social que ha vivido el país se vincula a la pérdida de confianza en las instituciones públicas y privadas.

La tolerancia de la gente ha sido sobrepasada y, por lo mismo, es tan importante el cómo hacemos las cosas para lograr las metas. En esto, el rol empresarial debe tomar protagonismo, ya que no incurrir en estos hechos es tan importante como condenarlos.

Desde chicos nos enseñaron a “no meternos donde no nos importa”, pero en el caso de las empresas “winners” sí nos debería importar, porque lamentablemente una empresa que se “pasa de lista” mancha a todo el sector y les aseguro que, si existiera castigo social, tendríamos bastante menos “winners” dando vueltas por ahí.

No es más choro ni más pillo el que se salta los pasos institucionales, por muy burocráticos que parezcan. Al contrario, hacerlo es un acto de corrupción que, a la larga, nos afectará a todos. Hoy el mundo nos exige más prolijidad y ética para generar mayor igualdad y justicia y, por esto, la cultura del “winner” debemos erradicarla entre todos, promoviendo el hacer lo correcto y no lo más fácil.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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