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Asegurar la calidad de la educación

por 13 noviembre, 2020

Asegurar la calidad de la educación
Las universidades requerimos criterios y estándares flexibles –no un modelo único– que puedan adecuarse a la diversidad de proyectos educacionales existentes, y contribuir con ello a generar y fortalecer en cada institución una cultura de la calidad, apuntando a promover aquellas buenas prácticas que inciden en la mejora de los aprendizajes. No podemos estandarizar el sistema, tenemos que ser respetuosos de la misión y propósitos de cada institución.
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En el marco del segundo año de vigencia de la Ley de Educación Superior, la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) presentó los nuevos criterios para la acreditación nacional, entregando sesenta días de consulta para que las entidades de educación superior podamos dar nuestras sugerencias y recomendaciones.

Valoramos este espacio de participación que ha generado la CNA, el cual permite entregar nuestras opiniones y perspectivas, con la única finalidad de seguir avanzando en un sistema de aseguramiento de la calidad que realmente aporte al desarrollo de la educación superior del país.

No obstante lo anterior, quiero llamar la atención sobre algunos aspectos que merecen ser mirados con cautela, ya que tal cual están planteados pueden generar serias consecuencias en la diversidad de nuestro sistema educativo, su autonomía y en su estabilidad de largo plazo.

Las métricas utilizadas –en muchos casos– no son realistas y tampoco están alineadas con el marco actual de las instituciones de Educación Superior que coexisten en nuestro país. Un tema crítico, si consideramos que la acreditación institucional es mandatoria y que de ella depende el futuro de los estudiantes.

En primer lugar, el documento publicado para consulta mantiene una tendencia que se ha estado viendo en las discusiones por varios años y que estuvo fuertemente presente en la tramitación de la Ley de Educación Superior: la forma en que los criterios y estándares están presentados lleva implícito un rol controlador y regulador por parte de la CNA, cuando lo que debiéramos ver y a lo que se debiera apuntar es a que esta ejerza un papel de acompañamiento y aprendizaje conjunto con las instituciones.

Ello no quiere decir que la CNA no cumpla su rol, eso está implícito en este tipo de procesos, pero si estamos hablando de criterios para garantizar la calidad de las instituciones en un sistema educativo maduro como el chileno, debemos centrarnos en que esta ejerza una labor de acompañamiento, sumando todos los esfuerzos a la mejora continua, manteniendo la valiosa diversidad de los proyectos educativos que hoy caracteriza a nuestro modelo.

Por otra parte, los criterios y estándares publicados carecen de una visión innovadora, demostrando a su vez –en la dimensión de aseguramiento de la calidad– una excesiva valoración de aspectos más formales y procedimentales, en detrimento de las dimensiones sustantivas del quehacer académico, como el proceso de enseñanza y aprendizaje del estudiante y la experiencia estudiantil de este.

En términos metodológicos, una parte no menor de los estándares presentados están planteados sin una lógica de progresión que permita evaluar el real nivel de desempeño de una casa de estudios, aspecto fundamental para medir los niveles de mejora o detrimento de un proyecto educacional.

Las métricas utilizadas –en muchos casos– no son realistas y tampoco están alineadas con el marco actual de las instituciones de Educación Superior que coexisten en nuestro país. Un tema crítico, si consideramos que la acreditación institucional es mandatoria y que de ella depende el futuro de los estudiantes.

Las universidades requerimos criterios y estándares flexibles –no un modelo único– que puedan adecuarse a la diversidad de proyectos educacionales existentes, y contribuir con ello a generar y fortalecer en cada institución una cultura de la calidad, apuntando a promover aquellas buenas prácticas que inciden en la mejora de los aprendizajes. No podemos estandarizar el sistema, tenemos que ser respetuosos de la misión y propósitos de cada institución.

Como universidad, entregaremos a través de todas las instancias disponibles nuestra opinión y aporte para mejorar esta primera propuesta, en todas las áreas y dimensiones que fueron consultadas, ya que el sistema de aseguramiento de la calidad es una de las columnas vertebrales del sistema de educación superior chileno. Debemos seguir perfeccionándolo, pero nunca perdiendo de vista el objetivo de este y cómo puede aportar a un mayor desarrollo del modelo y a la formación, por tanto, que cada una de las instituciones entrega.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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