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Por favor, no nos traten como giles...

por 14 mayo, 2021

Por favor, no nos traten como giles...
El votante efectivamente informado, con convicciones fundamentadas en la realidad presente y pasada de Chile, y convencido de que la situación actual del país requiere una conducción responsable, con objetivos centrados en la materialización de logros muy definidos y largamente postergados, será quien defina la próxima elección presidencial.
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Para un ciudadano común no deja de constituir un misterio la o las razones que pueden llevar –en la coyuntura actual– a un político a creer y hasta convencerse de que puede llegar a ocupar la más alta magistratura y convertirse en Presidente. De Chile, en este caso.

¿Qué puede hacer que el ciudadano Briones, por ejemplo, estime tener opciones reales de ser Presidente luego de su desempeño en el Ministerio de Hacienda, oponiéndose tozudamente a iniciativas que terminaron materializándose, como es el caso de los primeros retiros de fondos previsionales? ¿Realmente no es capaz de dimensionar el enorme hándicap que lo señalado representa en su aspiración?

Y no se trata de “mínimos comunes”, que solo puede ser útil para superar la coyuntura inmediata, ni de una lista de supermercado. Hablamos concretamente de cuestiones tan reconocidas como pensiones, salud, profunda reestructuración de la policía militarizada de Carabineros y acceso efectivo a la vivienda. Y lo que la ciudadanía mayoritariamente quiere alcanzar, en cada uno de estos aspectos, ha sido claramente plasmado en cada movilización social habida en los últimos años.

¿Qué tendría que pasar para que Gabriel Boric, Carlos Maldonado, Marcelo Díaz, Sebastián Sichel, Pamela Jiles, Daniel Jadue o algún otro que se me pudiera escapar, llegue a convertirse en Presidente(a) de Chile? ¿Realmente estos personajes creen tener una opción real o sus postulaciones, lleguen o no a materializarse, tienen otras finalidades? ¿Influirá en sus percepciones el hecho de vivir en una suerte de burbuja, donde los ingresos mensuales de un parlamentario equivalen a 50 veces el ingreso medio de un trabajador?

Más claro: un trabajador que percibe un ingreso cercano al promedio, debe trabajar cuatro años para ganar lo que un parlamentario en un mes. Y un pensionado de AFP, con pensión promedio de $140 mil solo reuniría en 10 años lo que un honorable se echa al bolsillo en un mes. Sí, tal cual. Y tenemos 200 personeros de estos en un país con una población que, como mucho, justificaría 30 senadores y 90 diputados, si nos atenemos a los estándares internacionales en la materia.

Si el escenario electoral presidencial se mantiene así como está hoy, y solo para graficar el concepto, ¿por quién cree usted que votaría en segunda vuelta, suponiendo que se levante ese día a votar un militante o simpatizante democristiano enfrentado a elegir entre Joaquín Lavín y Jadue? ¿O entre Lavín y Jiles? ¿Y un simpatizante o militante PPD enfrentado a las mismas opciones? Basta recordar lo ocurrido en la última elección presidencial con la votación, en el balotaje, de los votantes de primera vuelta por Beatriz Sánchez.

Por tanto, que la señora Jiles marque mejor en las encuestas solo puede servirle para negociar su precandidatura o, en caso de persistir en ella, tener una votación atractiva de sus “nietitos” en primera vuelta. Pero de ahí no pasa. Así que basta de meternos cuco con esta figura populista y al borde del fascismo más grosero.

Determinados analistas, algunos medios de comunicación, la mayoría de las encuestas, nos quieren hacer creer –más que porque efectivamente lo crean, sino más bien porque les interesa convencernos de ello– que el escenario presidencial está “muy líquido”, como les gusta decir. Con ello, intentan convencernos de que cualquiera de los nombrados u otros(as) pueden llegar a ceñirse la banda presidencial. Y no vacilan en lanzar otros nombres al ruedo, según va evolucionando el escenario político, económico y pandémico.

No obstante, el votante efectivamente informado, con convicciones fundamentadas en la realidad presente y pasada de Chile y convencido de que la situación actual del país requiere una conducción responsable, con objetivos centrados en la materialización de logros muy definidos y largamente postergados, será quien defina la próxima elección presidencial.

Y no se trata de “mínimos comunes”, que solo puede ser útil para superar la coyuntura inmediata, ni de una lista de supermercado. Hablamos concretamente de cuestiones tan reconocidas como pensiones, salud, profunda reestructuración de la policía militarizada de Carabineros y acceso efectivo a la vivienda. Y lo que la ciudadanía mayoritariamente quiere alcanzar, en cada uno de estos aspectos, ha sido claramente plasmado en cada movilización social habida en los últimos años.

Ningún aspirante serio a La Moneda puede desconocerlo o soslayarlo.

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