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El que a veto mata a veto muere

por 21 mayo, 2021

El que a veto mata a veto muere
La propuesta de aceptar al PDC en una coalición a condición de cambiar de candidata es uno de esos episodios que no debieran repetirse en política. Un veto es un ultimátum y no hay amistad cívica que se sostenga sobre esas prácticas. De la primaria amplia anunciada durante la tarde se podía esperar cualquier cosa, excepto que no llegara a inscribirse. Lo que se necesitaba es que una asociación logre equilibrios en la expresión de las fuerzas convocadas que se respetan mutuamente. Si se logra, todo está bien y si no, pasa lo que pasó en breves horas. Los que promueven vetos pueden terminar vetados, porque nadie tiene las malas costumbres con marca registrada.
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Acabamos de vivir uno de esos momentos que marcan la historia política. Se anunció la realización de una primaria, anticipo de nueva alianza política, que no alcanzó a nacer. Después de una vuelta larga quedamos donde mismo, pero ya no somos los mismos.

Perder el rumbo en el largo plazo es una cosa, desorientarse durante el día es otra. Dos decisiones centrales se tomaron ayer: la de los partidos de centroizquierda de participar de las primarias de izquierda –que empezó a tambalear y colapsó en pocas horas–, y la decisión DC de no hacerse parte de esa instancia y mantener su figura presidencial más perfilada (la presidenta del Senado, Yasna Provoste) como disponible.

Lo que sigue es para dibujarlo con pincel y no para cubrirlo con brocha gorda. Requiere de temple y serenidad. Los juicios políticos son todos aceptables, pero nadie en la primera línea se debe permitir pasar a las agresiones verbales, porque ellas se volverán en contra. Si usted no pude hacerlo, cállese.

Como en la antesala de estas definiciones centrales hubo una intensa comunicación de ida y vuelta entre todos los involucrados, cada cual tendrá muchas anécdotas que contar, destacando su propia participación. Pero la verdad más profunda es que la reacción de cada cual es efecto de la jornada electoral del fin de semana, que vino con un campanazo de primera magnitud.

Lo que se interpretó como un triunfo de la izquierda llevó al PS y al PPD a replantearse su abanico de socios. Buscó mudar de alianza principal y eso ocurre en poco tiempo, pero no es una decisión tomada en un solo día.

Por el lado DC, su opción única de alianza es la centroizquierda, justo el espacio en el que otros dudan en mantenerse. Puede querer pertenecer a un vecindario, pero si los otros se mudan de barrio es difícil sentirse acompañado.

La propuesta de aceptar al PDC en una coalición a condición de cambiar de candidata es uno de esos episodios que no debieran repetirse en política. Un veto es un ultimátum y no hay amistad cívica que se sostenga sobre esas prácticas. Pero esto no fue lo central que determinó la decisión falangista.

La DC siguió un curso institucional para escoger candidata, recorrió todo el camino, tuvo un proceso ejemplar, eligió a Ximena Rincón, el partido se unió tras ella y todo funcionaba, excepto que las encuestas no se movían. Al mismo tiempo, Yasna Provoste empezó a brillar en el Senado. Fue la intersección de ambos procesos lo que provocó una tensión más vivida que buscada.

De la primaria amplia anunciada durante la tarde se podía esperar cualquier cosa, excepto que no llegara a inscribirse. Lo que se necesitaba es que una asociación logre equilibrios en la expresión de las fuerzas convocadas que se respetan mutuamente. Si se logra, todo está bien y, si no, pasa lo que pasó en breves horas. Los que promueven vetos pueden terminar vetados, porque nadie tiene las malas costumbres con marca registrada.

El PDC ha tenido el buen tino de reaccionar con mesura, pedirle a su liderazgo más destacado el mantenerse disponible y esta, a su vez, ha solicitado actuar sin improvisaciones, abogar por un acercamiento programático de la oposición y de la centroizquierda. “Las cosas tienen su tiempo”, dijo Provoste.

Lo que sigue es para dibujarlo con pincel y no para cubrirlo con brocha gorda. Requiere de temple y serenidad. Los juicios políticos son todos aceptables, pero nadie en la primera línea se debe permitir pasar a las agresiones verbales, porque ellas se volverán en contra. Si usted no pude hacerlo, cállese.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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