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Reparto: ni exceso de honor, ni indignidad

por 6 junio, 2021

Reparto: ni exceso de honor, ni indignidad
Al denunciar sin matices el sistema de reparto, se corre el peligro de aumentar la polarización del país sobre el tema de las pensiones. Algunos se empeñan en decir que Chile tiene el mejor sistema de pensiones del mundo, como lo demostraban estos equipos de todo el mundo al ver este éxito chileno. Los elogios han dormido a las autoridades, de modo que las difíciles decisiones sobre el nivel de las cotizaciones y la edad de jubilación se han ido posponiendo año tras año. Por otro lado, una parte de la población, que ha despertado a las falsas promesas, ve la capitalización como el demonio y exige el abandono puro y simple de este sistema. Pero cuidado con nuevas ilusiones, como si una estructura financiera diferente fuera a resolver el problema.
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No es frecuente que un regulador intervenga en el debate político sobre la materia que está supervisando. Por lo tanto, los lectores de La Tercera del 22 de mayo habrán leído con especial atención el juicio de Osvaldo Macías, superintendente de Pensiones, sobre los sistemas de pensiones por reparto: "Un sistema de reparto no funciona en Chile, es absolutamente inviable. No pueden dos trabajadores activos financiar la pensión de un jubilado, tendrían que imponer el 50% de sueldo aproximadamente", y, con insistencia: "Es inviable. Un sistema de reparto quebraría inmediatamente". 

¿De verdad? El reparto no merece ni exceso de honor ni indignidad, por la sencilla razón de que equivale en gran medida a un sistema de capitalización. Esto se debe a una realidad física ineludible: son siempre los trabajadores activos los que hoy deben trabajar para cubrir las necesidades de los que ya no trabajan. Cuando hay una crisis de pensiones, sólo hay cuatro soluciones: o aumentamos las cotizaciones, o retrasamos la edad de jubilación, o promovemos el aumento de la productividad del trabajo, o finalmente –y este es el tema vigente en Chile– aceptamos el empobrecimiento de los mayores. Ante esto, el método de financiación, a través de los mercados financieros (capitalización) o mediante transferencias directas (reparto), es secundario. Las finanzas siempre están en segundo lugar con respecto a la economía real.

Curiosamente, el superintendente hace la concesión en la entrevista citada de que el reparto puede intervenir como complemento. Eso no se puede entender. Si el reparto está destinado a quebrar en el inmediato, no se le debería considerar en lo absoluto, ni siquiera parcialmente. 

Sobre una equivalencia simple

¿Por qué el reparto y la capitalización son aproximadamente equivalentes? Esto se debe a que, en general, el rendimiento del capital se aproxima a largo plazo a la tasa de crecimiento de la economía y los salarios, incluyendo la inflación (r = g en la jerga). 

Esto puede explicarse de forma sencilla. Si la gente pone 10% de sus salarios en un fondo de pensiones, este monto aumentará cada año según la tasa de rendimiento del capital invertido, digamos un 5%. Pero este monto es exactamente igual al valor de los derechos de reparto que tiene la gente que van a recibir 10% de los salarios futuros, que habrán evolucionado al 5% también. Un derecho financiero sobre los flujos de capital es exactamente equivalente a un derecho financiero sobre los salarios si ambos crecen al mismo ritmo, lo que ocurre en una economía de crecimiento equilibrado.

Veamos el caso de Chile. La rentabilidad nominal media de los fondos de pensiones (de la A a la E y neto de comisiones de gestión) fue del 9,0% entre 2004 y 2019. ¡Buen rendimiento! Sí, pero eso es exactamente el crecimiento nominal del consumo de los hogares, y casi del crecimiento medio del PIB (8,7%) y de los ingresos de actividad de los hogares (su parte del PIB ha sido aproximadamente constante a largo plazo). 

De ello se deduce que hay períodos en los que es mejor utilizar el reparto (por ejemplo, entre 2004 y 2008), y otros en los que es mejor utilizar los mercados financieros. ¿No sería ésta una razón para complementar los dos sistemas, en lugar de optar por uno sólo? 

Se puede responder que la capitalización es más eficiente porque permite invertir en el extranjero y así aprovechar las tasas de retorno del capital que a veces son más altas que las de Chile. Sin duda, aunque la crisis demográfica es común a todos los países. Pero en sentido contrario, no se olvide que el reparto, basado en todos los salarios del país, permite "invertir" en toda la economía chilena, y no sólo en las actividades cuyos valores financieros cotizan en bolsa. Facilita también la introducción de mecanismos de solidaridad útiles para reforzar el pacto social (maternidades, trabajos penosos, etc.). Además, ¿es prudente invertir hasta la mitad de los fondos de pensiones de Chile en el extranjero, con el riesgo de cambio asociado y la paradoja que Chile invierta sus ahorros en el exterior en lugar de su propio país? ¿No sería ésta una segunda razón para que reparto y capitalización se complementen? Lo cierto es que una economía está sujeta a múltiples choques a los que un sistema monobloque responde mal. 

Una dimensión política 

Al denunciar sin matices el sistema de reparto, se corre el peligro de aumentar la polarización del país sobre el tema de las pensiones. Algunos se empeñan en decir que Chile tiene el mejor sistema de pensiones del mundo, como lo demostraban estos equipos de todo el mundo al ver este éxito chileno. Los elogios han dormido a las autoridades, de modo que las difíciles decisiones sobre el nivel de las cotizaciones y la edad de jubilación se han ido posponiendo año tras año. 

Por otro lado, una parte de la población, que ha despertado a las falsas promesas, ve la capitalización como el demonio y exige el abandono puro y simple de este sistema. Pero cuidado con nuevas ilusiones, como si una estructura financiera diferente fuera a resolver el problema. 

La cuestión de las AFP

Hay que distinguir entre la cobertura del riesgo de las pensiones por la capitalización y la forma en que se organizó en Chile, al confiar la llave a siete gestores privados que supuestamente están en competencia. Aquí hay que constatar que las AFP no nos ayudaron a defender su causa. El sistema es simplemente demasiado caro, por mucho que se haya adquirido experiencia en la gestión de fondos. La fragmentación del sistema en demasiados proveedores impide las evidentes economías de escala en la gestión de activos y pensiones. Y los accionistas de las AFP, en su mayoría extranjeros, han sido demasiado golosos. ¿Debería un negocio de servicios sin apenas riesgo capitalista costar a los contribuyentes el 0,7% del PIB en 2019 (incluyendo las comisiones a los gestores extranjeros) y hacer ganar US$ 630m a las AFP, es decir, un 30,3% de rentabilidad sobre el patrimonio post-goodwill? Vea aquí en El Mostrador los detalles. Claro, la competencia fue una farsa.

¿Dónde estamos hoy? Hay propuestas sobre la mesa para diversificar el financiamiento de las pensiones. Hay que encontrar una solución lo antes posible. La reforma de la gestión de las pensiones en sí –es decir, el papel de las AFP– es políticamente más difícil. Su propósito debe ser reducir drásticamente el costo de administración del sistema, preservando al mismo tiempo la calidad del servicio y la experiencia acumulada en la gestión de activos. Debe permitir a la población recuperar el control de un ladrillo tan decisivo en la mantención del pacto social. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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