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Movimientos sociales y partidos políticos en Chile

por 14 abril, 2022

Movimientos sociales y partidos políticos en Chile
Si bien son los partidos políticos los que cuentan con el poder institucional que les entrega mayor legitimidad, hay que tener en cuenta que las expresiones y demandas de estos movimientos en muchas ocasiones han logrado ser recogidas por el Gobierno; sin embargo, no hay que olvidar que estas en general son sectoriales y transitorias, por lo que se vuelve fundamental que los partidos políticos y sus representantes restablezcan el vínculo con la sociedad civil y retomen su rol en la generación de acuerdos, para que de esta forma se puedan canalizar, desagregar y representar las demandas que beneficien a la mayoría de forma institucional. Solo así se logrará estrechar relaciones con una ciudadanía incrédula y alejada de sus representantes.
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Los partidos políticos son asociaciones de interés público que cumplen la función de representar e integrar diversos intereses de la sociedad. Sus objetivos principales son, por un lado, canalizar y transmitir los intereses y demandas de la población para que estas sean consideradas en la toma de decisiones de diversos agentes del Estado y, por otro lado, permiten la participación de los ciudadanos en el proceso político por medio de la elección de representantes. 

En Chile, los partidos políticos han llegado a ser las instituciones con menores índices de confianza, lo que no les permite legitimarse ante una sociedad molesta e incrédula. Es así como se da pie al concepto “Wutbürger”, el cual hace referencia a una clase de “ciudadanos rabiosos”, consecuencia de años de incapacidad por parte de los partidos de hacer a los ciudadanos realmente partícipes y activos en el proceso político. 

Rosanvallon (2007) expone que la desconfianza creada por los gobiernos implica la creación de una contrademocracia, la que es la cara visible de nuevas formas de participación ciudadana. A causa de que “desde un comienzo, el vínculo electoral apareció como insuficiente para obligar a los representantes a cumplir con sus compromisos”, la acción colectiva se ha vuelto esencial para que los ciudadanos exijan los resultados deseados. 

Esta falta de confianza por parte de los ciudadanos ha generado dos nuevos fenómenos: el primero, es un aumento de los movimientos sociales, herramienta que se utiliza para articular demandas específicas que no son recogidas por los partidos políticos, por lo que recurren a acciones extrainstitucionales para promover o impedir ciertos cambios. El segundo, tiene relación con la esperanza de transformación, reflejada en el aumento de apoyo hacia políticos jóvenes; si bien Chile a lo largo de los años se ha caracterizado por la fidelidad de los ciudadanos con los partidos y actores políticos tradicionales, en el último tiempo la falta de representatividad, la falta de progreso social y la falta de políticas que reflejen cambios en la desigualdad que permanece pese al crecimiento económico del país, han llevado a que la ciudadanía prefiera apuntar a políticos nuevos con la esperanza de que renueven la política a su favor. 

Claro ejemplo de lo anterior son los resultados de la elección de la Convención Constitucional, en la cual un número considerable de constituyentes electos son miembros de organizaciones o movimientos sociales que nunca habían ostentado un cargo público, pero vieron impulsadas sus candidaturas a causa de la importancia que tomó la acción colectiva en el estallido social. De la misma forma llega a la Presidencia Gabriel Boric, que, si bien fue diputado por dos períodos consecutivos, no hay que olvidar que llegó a representar cargos populares a través de su desempeño como representante del movimiento estudiantil. Es así como los movimientos sociales adquirieron suficiente autonomía para legitimar demandas en la opinión pública. 

Si bien son los partidos políticos los que cuentan con el poder institucional que les entrega mayor legitimidad, hay que tener en cuenta que las expresiones y demandas de estos movimientos en muchas ocasiones han logrado ser recogidas por el Gobierno; sin embargo, no hay que olvidar que estas en general son sectoriales y transitorias, por lo que se vuelve fundamental que los partidos políticos y sus representantes restablezcan el vínculo con la sociedad civil y retomen su rol en la generación de acuerdos, para que de esta forma se puedan canalizar, desagregar y representar las demandas que beneficien a la mayoría de forma institucional. Solo así se logrará estrechar relaciones con una ciudadanía incrédula y alejada de sus representantes. 

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