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Noam Chomsky: «La violencia contra pueblos originarios es por su relación con la naturaleza» PAÍS

Noam Chomsky: «La violencia contra pueblos originarios es por su relación con la naturaleza»

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De acuerdo a un reporte de la ONG Global Witness, en 2020 fueron asesinados 227 defensores de la tierra en el mundo, más del 70% de los crímenes ocurrieron en América Latina y de las víctimas casi el 90% eran indígenas. Los primeros cuatro meses de este 2022 sólo en Colombia han muerto en forma violenta 60 líderes indígenas. Los registros resultan tan desoladores como ilustrativos, los líderes indígenas y sus comunidades son asediados en su condición de defensores de la naturaleza. Esa al menos es la conclusión a la que llega el intelectual estadounidense, Noam Chomsky, en entrevista con El Mostrador. «O vivimos en armonía con la naturaleza o persistiremos en nuestra marcha hacia el suicidio de la especie, llevándonos gran parte de la vida con nosotros».


-Muchas veces se habla de los pueblos originarios como quien habla del pasado. En muchos museos del mundo, de hecho, los pueblos originarios siguen siendo parte de la “historia natural”. ¿Crees que esta perspectiva ha cambiado?

-En círculos más ilustrados de hecho la perspectiva no ha cambiado del “sentido despectivo”. Aunque la relación con la naturaleza ha resucitado como un ideal que las culturas atrasadas del “mundo desarrollado” harían bien en esforzarse por alcanzar, aprendiendo en realidad de los pueblos originarios, los que nos muestran una y otra vez que, o vivimos en armonía con la naturaleza o persistiremos en nuestra marcha hacia el suicidio de la especie, llevándonos gran parte de la vida con nosotros.

-Era común en las escuelas y universidades llamar a la llegada de Cristóbal Colón a este continente como el «descubrimiento de América», luego en 1992 se cambió por «encuentro entre dos mundos». ¿Cuál es la forma correcta de mencionarlo en tu opinión?

-Hay un feriado nacional en los Estados Unidos llamado “Día de Colón”. Hace años atrás les informaba a los estudiantes de mis cursos que no nos reuniríamos debido al Día del Genocidio. Con los años, el desconcierto se transformó en comprensión, a medida que la conciencia de la verdad histórica comenzó a penetrar en la cultura. Hoy creo que un buen término es “la invasión de América”, tomando prestado el título del innovador libro de Francis Jennings quien expuso la mitología y la apología vulgar que prevalecía en la cultura general lamentablemente e incluso en los círculos más eruditos. Es bastante impactante mirar hacia atrás, lo que difundían hace tan solo 50 años los principales historiadores y antropólogos. Y no es casualidad que Jennings fuera un erudito independiente, fuera del mundo académico. Los hechos básicos, suprimidos durante mucho tiempo, no eran, por supuesto, oscuros para los perpetradores. Algunos los celebraron, otros los lamentaron, como el ex presidente (de Estados Unidos) John Quincy Adams, el arquitecto intelectual del Destino Manifiesto. En sus últimos años, mucho después de sus propias contribuciones a los crímenes, reflexionó con amargura sobre el destino de “esa desventurada raza de nativos americanos, que estamos exterminando con tan despiadada y pérfida crueldad… entre los atroces pecados de esta nación, por la cual creo que Dios un día nos llevará a juicio”. Jennings abrió la puerta a la revelación del horrible registro histórico, ahora entendido al menos en algunos círculos. Se entiende tan bien que el Partido Republicano protofascista -sin exagerar- ahora este tratando de prohibir la enseñanza de la historia real en las escuelas, con el argumento de que es «divisiva», porque “hace” que algunos estudiantes se sientan «incómodos».

-¿Y qué ha cambiado al día de hoy?

-Debe agregarse que Estados Unidos no está abriendo nuevos caminos en estos aspectos. Después de siglos de espantosas atrocidades, la historia real de Gran Bretaña apenas comienza a revelarse en profundidad, haciendo añicos los vergonzosos mitos del excepcionalismo británico. Francia aún no puede levantar el velo, por ejemplo, con respecto a su horrendo historial en Haití, la fuente de gran parte de la riqueza del país europeo.

-En Argentina, el presidente Fernández dijo recientemente que los argentinos llegaron en barcos, mientras que Bolsonaro en Brasil dijo que “ellos (los indígenas) ya son prácticamente como nosotros, quieren explotar su tierra; eso es muy bueno para nosotros y es muy bueno para el mundo”. En Chile hay una propuesta de reconocimiento constitucional que ha despertado muchas reticencias. ¿Crees que también hay una responsabilidad de los académicos e intelectuales?

-Podríamos pensar en el Historikerstreit (pugna intelectual entre Ernst Nolte y Jurgen Habermas, en que el primero defendía un supuesto origen externo y accidental del nazismo) sobre el revisionismo en Alemania en los años 80, debates que se abrieron cuando Habermas escribió un ensayo crítico sobre las tendencias en la disciplina de la historia de minimizar el nazismo y el Holocausto. No hay dos delitos iguales, pero a veces hay características comunes. La intervención de Habermas ilustra la responsabilidad de académicos e intelectuales que también se puede hacer extensiva a este debate también.

-Los pueblos originarios suelen tener una relación diferente con la naturaleza, también viven en comunidad, lo que parece chocar con el paradigma neoliberal en el que, en palabras de Margareth Thatcher, “No hay sociedad, solo individuos. «¿Será este un factor que exacerba el conflicto?

-Las palabras de Thatcher requieren una clarificación crucial, una interpretación más precisa. A lo que se refirió es que no debería haber sociedad para la gran masa de la población, la “chusma”, como la llamaban sus predecesores. Deberían arrojarse al mercado, para que sobrevivieran de alguna manera, por sí mismos, permaneciendo atomizados e indefensos, como “un saco de papas”, ocupando el término de Marx para condenar las prácticas de los autócratas de su época. Pero para los ricos y privilegiados, debe haber una sociedad rica, con una densa red de interacción y apoyo: cámaras de comercio, asociaciones comerciales y, sobre todo, un Estado poderoso e intervencionista que controlen en gran medida. Debería ser innecesario explicar los detalles una vez más. Ese es el paradigma neoliberal actual, mejor caracterizado como una forma de amarga de guerra de clases.

La violencia contra los pueblos originarios es porque están en medio “del camino”. Son como los países del tercer mundo que creen erróneamente que “los primeros beneficiarios del desarrollo de los recursos de un país deben ser las personas de ese país”, un crimen contra la “buena economía” y una herejía que debe ser extirpada, como informó Estados Unidos a los países latinoamericanos en la conferencia hemisférica de 1945, cuando se establecieron las reglas del Orden Mundial, para evitar obstáculos a los “Amos de la Humanidad” en la búsqueda de su “vil máxima: todo para nosotros y nada para los demás”, una máxima que es válida para todas las épocas, estoy repitiendo palabras de Adam Smith. Para los sirvientes de los amos del tipo Bolsonaro, las comunidades indígenas bloquean la búsqueda de la máxima vil por parte de las industrias madereras y agrícolas que intentan explotar las riquezas de la Amazonía para su propio beneficio, contribuyendo de paso a la destrucción de la vida humana en la tierra. Pero es justo añadir que no son los únicos que defienden estos “principios”.

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