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Putin quiere hacer de Rusia una potencia de los alimentos sanos

por 8 junio, 2016

Putin quiere hacer de Rusia una potencia de los alimentos sanos
Uno de los hombres más ricos de Rusia adquirió la agrícola Yuzhny en diciembre pasado, el mismo mes en que Vladimir Putin reafirmó que lograr el autoabastecimiento alimentario en 2020 era un objetivo nacional. Y, a diferencia del plan quinquenal de Josef Stalin que llevó a la Gran Hambruna, Putin ofrece ganancias en lugar de cárcel para motivar a las masas. El T-34, tanque que alguna vez fue un emblema del comunismo, ahora es un símbolo de capitalismo patriótico con la forma de un tomate.
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En lo profundo del Cáucaso, río abajo del pico más alto de Europa, mujeres norcoreanas trabajan en invernaderos de la era soviética donde se cultiva lo que para el magnate Vladimir Evtushenkov será su próxima gran fuente de ingresos: el tomate T-34.

Estos híbridos, que llevan el nombre del temible tanque que ayudó a aplastar a Hitler, son el orgullo del Complejo Agrícola Yuzhny, un conjunto de invernaderos del tamaño de 2.300 canchas de fútbol ubicado entre los mares Negro y Caspio. Esta y otras variedades del fruto, que se riegan con agua de deshielo del gigantesco monte Elbrus, se cultivan aquí por millones y se envían principalmente a Moscú, a 18 horas de viaje al norte.

Evtushenkov, que con 67 años es el más viejo de los primeros cuarenta rusos que figuran en el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, tiene un timing impecable. Su firma AFK Sistema, que invierte en todo tipo de empresas, desde servicios celulares a clínicas médicas, adquirió Yuzhny en diciembre, el mismo mes en que Vladimir Putin reafirmó que lograr el autoabastecimiento alimentario en 2020 era un objetivo nacional. Y, a diferencia del plan quinquenal de Josef Stalin, que llevó a la Gran Hambruna, Putin ofrece ganancias en lugar de cárcel para motivar a las masas. El T-34, que alguna vez fue un emblema del comunismo, ahora es un símbolo de capitalismo patriótico.

“Esta es un área muy prometedora”, declaró Evtushenkov en una entrevista.

Bendición de la guerra

Hostigado por la caída del petróleo, el desplome del rublo, las sanciones financieras por Ucrania y la recesión más larga de sus 16 años de gobierno, Putin, de 63 años, busca minimizar la dependencia de Rusia de los mercados que no puede controlar. Las contrasanciones impuestas a las importaciones de alimentos y una andanada sin precedentes de subsidios han hecho que muchas áreas de cultivo sean más rentables que incluso el crudo, al que alguna vez Putin denominó la “gallina de los huevos de oro” de Rusia. Los precios de los alimentos se dispararon junto con la inflación, que llega a casi el doble de la meta de 4 por ciento del banco central, con lo que aún más riqueza pasa de las manos de los castigados consumidores a los productores con buenas conexiones.

Ros Agro Plc, por ejemplo, productor de azúcar y carne controlado por el multimillonario Vadim Noshkovich, el año pasado recibió del Estado unos 3.000 millones de rublos (US$46 millones) y no pagó un solo centavo de impuesto a las ganancias, lo que contribuyó a llevar su margen neto de utilidades a 33 por ciento, 28 puntos más que la petrolera Lukoil PJSC. Las acciones de la compañía, que cotizan en Moscú, casi duplicaron su valor en el último año.

Putin incluso ha convertido la guerra de Oriente Medio en una bendición para los agricultores.

Cuando Turquía derribó un avión de combate ruso en la frontera siria en noviembre, Moscú respondió prohibiendo la entrada de una serie de productos agrícolas de su ex aliado, lo que llevó a las autoridades a difundir videos de inspectores que destruían tomates turcos con topadoras. Pocas semanas después, barrido del mercado el principal competidor de Yuzhny, Evtushenkov adquirió el complejo y los tomates y pepinos orgánicos que produce por una suma no revelada.

Salud y riqueza

“Rusia puede convertirse en el mayor proveedor mundial de alimentos sanos, ecológicamente limpios y de alta calidad, que los productores occidentales han perdido hace rato”, declaró Putin ante el parlamento después de imponer la prohibición de ingreso de productos turcos.

El año pasado Rusia se sumó a decenas de países que prohibieron la siembra comercial de organismos genéticamente modificados y desde entonces prohibe la importación de OGM, lo que coloca a Putin a la vanguardia de un movimiento mundial cada vez más influyente.

Pero la hazaña que corona su estrategia alimentaria hasta ahora son los granos. Al superar a los Estados Unidos, Rusia este año se convirtió en el mayor exportador de trigo, hito que siguió a cosechas récord de maíz, arroz, soja y trigo sarraceno.

Estas abundantes cosechas y los incentivos financieros de Putin han desatado una fiebre de compra de tierras en el legendario cinturón de Tierra Negra del centro de Rusia y otras regiones fértiles.

“Las dos inversiones más buscadas por los rusos ricos son las tierras de cultivo y los hoteles europeos”, dijo Yevgenia Tyurikova, responsable de banca minorista del banco estatal Sberbank, el más grande de Rusia. “Esta tendencia es totalmente nueva”.

Compras de tierras

Andrey Guryev, el magnate de la empresa de fertilizantes Phosagro OJSC, el multimillonario del sector inmobiliario Samvel Karapetyan, el titular de United Co. Rusal Oleg Deripaska y el aliado de Putin Gennady Timchenko son sólo algunos de los rusos acaudalados que se han montado en esta ola. Otro gran beneficiario del boom podría ser el ministro de Agricultura Alexander Tkachev.

Después de que Tkachev fuera ascendido de su cargo de gobernador de la región meridional de Krasnodar, Putin exhortó a “nuestros” productores a llenar “nuestros” mercados “rápidamente”… y el nuevo ministro tuvo gran placer en seguir su consejo.

La empresa de su familia, Agrocomplex JSC, poseía 200.000 hectáreas de tierra cultivable cuando Tkachev accedió al ministerio, de acuerdo con los datos que reunió la consultora BEFL. Ahora tiene 456.000 hectáreas, cuatro veces la superficie de la ciudad de Nueva York y una de las posesiones rurales más grandes de Rusia. La utilidad neta de la compañía, contando las granjas lecheras y avícolas, se triplicó entre 2013 y 2015 a 6.600 millones de rublos.

Y todavía queda mucho para repartir. Según algunos cálculos, Rusia tiene más de 40 millones de hectáreas de tierra cultivable ociosa, una superficie similar a la de Irak. Putin instó al Estado a regalar parte de esas tierras para que haya más productores rurales, lo contrario de la desastrosa colectivización de Stalin.

Aun cuando no estuvieran en vigencia las sanciones, la repentina caída del petróleo y la depreciación del rublo fueron un claro llamado de atención respecto a que Rusia ya no puede permitirse titubear a la hora de desarrollar su otro superpoder innato, la tierra, dijo Marat Ibragimov, analista de BCS Global Markets en Moscú.

“Es cada vez más difícil explicarle al electorado por qué la gente tiene que comprar pepinos y tomates importados cuando Rusia tiene tanta tierra”, dijo Ibragimov.

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