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Brexit como síntoma 2: impotencia macro, precariedad laboral

por 14 julio, 2016

Brexit como síntoma 2: impotencia macro, precariedad laboral
"Hay un marcado deterioro del mercado del trabajo en la OCDE, incluyendo Gran Bretaña y Estados Unidos. No podemos entender Brexit y el auge de los populismos de derecha e izquierda sin considerar que los mercados del trabajo son crecientemente disfuncionales".
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El Brexit y los riesgos de proteccionismo y xenofobia que veíamos en la columna previa no se entienden sin el contexto de la gran crisis de 2008-09. Han pasado 8 años desde entonces y la crisis está lejos de estar superada. Es más, nos acompañará por un largo tiempo.

Brexit y la impotencia de las políticas macroeconómicas

Partamos por los bancos. A pesar de las reformas que los capitalizaron, los bancos acarrean en sus activos muchos créditos de mala calidad. Esto es particularmente claro en Europa. Esto significa que en sus balances hay pérdidas no totalmente realizadas que ponen en riesgo a algunas instituciones. En Italia hoy se discute la nacionalización parcial de algunos bancos producto de esta situación.

Los bancos son importantes porque ellos financian mayoritariamente la actividad productiva. Cuando hay vulnerabilidades bancarias como estas, el crédito al sector privado no crece como debiera. Con el canal del crédito a media máquina, la debilidad de la demanda, las tasas de interés en mínimos históricos y la deflación, la política monetaria no está logrando reactivar la economía como correspondería a la masiva inyección de dinero de los bancos centrales en los últimos años. La política monetaria europea, británica y norteamericana muestra limitaciones evidentes.

La primera vez que apareció esta situación fue durante la gran depresión de los años 30. Cuando la política monetaria pierde efectividad, cuando el Banco Central emite grandes cantidades de dinero y la economía no reacciona, hablamos de una “trampa de liquidez”. Si la política monetaria no es eficiente para sacar a la economía de la recesión la solución es usar la política fiscal, mayor gasto público. Esta fue la solución encontrada por Keynes y que permitió superar rápidamente la crisis. ¿Por qué no usamos ahora la misma receta?

Porque en el mundo desarrollado los Estados coparon su capacidad de endeudamiento. Algunos culpan de esto al Estado de bienestar, lo que es un error de diagnóstico mayor. La crisis y no el Estado de bienestar explica la explosión de la deuda pública del mundo desarrollado. Hasta la crisis, los países desarrollados de gran tamaño, con excepción de Japón, tenían alta deuda pública pero bajo control y estaban reformando su Estado de bienestar para darle sustentabilidad.

La crisis financiera deterioró las finanzas públicas de manera violenta. Si la deuda pública en Estados Unidos en 1995 era 83,1% del PIB, hacia 2007 había bajado a 76,5%. Desde entonces hasta 2010, un año después del cese masivo de quiebras, esta aumentó en 39,5% del PIB en Estados Unidos hasta 116% del PIB. En esos mismos años, la deuda había caído también en Gran Bretaña, España e Italia, pero después de 2010 la deuda se incrementó en 37,2% del PIB en Gran Bretaña, 24,8% del PIB en España y 14,2% en Italia. Francia y Alemania son distintos porque su deuda no cayó entre 1995 y 2007 como en los otros países, pero con la crisis la deuda creció en 21,2% del PIB en Francia y 19,8% en Alemania.

Son cifras gigantes y se explican totalmente por los efectos de la crisis, no por un deterioro repentino de los estados de bienestar. En su mayor parte, esto obedece a transferencias a familias y desempleados –los “estabilizadores automáticos”– que buscan mantener los ingresos de las familias a pesar del desempleo.

A esto hay que agregar el costo directo del salvataje de los bancos que en general no aparece directamente en las cuentas públicas porque se trata de movimientos donde se cambian activos buenos del Estado por malos créditos bancarios. Según el FMI, el costo en Estados Unidos del salvataje de la banca únicamente alcanzó al 4% del PIB y en el Reino Unido habría alcanzado un 11,2% del PIB. Parece poco dada la gravedad de la crisis. La revista Forbes estimó el costo del salvataje en torno a un 30% del PIB.

En cualquier caso, con estos niveles de deuda pública es difícil implementar políticas fiscales expansivas, por ejemplo, en obras públicas. De hecho, en todos los países la inversión pública se contrae desde 2009.

La deuda fiscal ha impedido que se implementen las políticas fiscales que la situación macro requiere. Sin políticas monetaria ni fiscal en los países desarrollados, la economía mundial anda a la deriva.

Brexit y la precariedad del mundo del trabajo

El menor crecimiento ha producido un deterioro en el mercado del trabajo en el mundo desarrollado, que coincide con una más aguda competencia por puestos de trabajo, en particular en segmentos de menor calificación y/o mayor edad.

Y como los votantes trabajan o quieren hacerlo, reaccionan.

En todo el mundo desarrollado los trabajadores sienten creciente inseguridad y amenazas. Esto es evidente en España, cuya tasa de desempleo pasó de 8,2% en 2007 a 24,2% hoy. En Gran Bretaña y Estados Unidos el deterioro del mercado laboral tiene otras características que no son desempleo. Hay otras formas de precariedad.

En primer lugar, un incremento en el desempleo de larga duración. En la OCDE el 35% de los desempleados ha estado así más de 1 año. Antes de la crisis, Gran Bretaña y Estados Unidos estaban bajo la media de los países de la OCDE: 10% y 20%, respectivamente. Después de la crisis, el desempleo de largo plazo en ambos países subió a niveles de la OCDE. De los grandes países, solo ellos tuvieron un cambio de patrón significativo en su desempleo de larga duración.

Segundo, en Estados Unidos el desempleo no es mayor porque muchas personas dejaron de buscar trabajo, aunque aceptarían uno si hubiera. En países como España o Alemania, la proporción de personas entre 15 y 64 años que buscan trabajo ha subido y esto explica en parte el alza del desempleo. En Estados Unidos, en cambio, ha bajado desde un 77% en 2001 a un 73% en 2013. Ese 4% parece poco, pero si esas personas estuvieran buscando trabajo activamente, la tasa de desocupación sería casi 10% en lugar de 6,2%. El trabajador desalentado vive la precariedad.

Tercero, la anomalía británica es que la tasa de empleo por cuenta propia es muy alta. En toda la OCDE el empleo por cuenta propia viene bajando lenta pero sostenidamente, salvo en el Reino Unido, en que pasó de un 12,3% en 2000 a un 14,5% en 2014. Esta es una forma de subempleo que también parece precaria.

Así, hay un marcado deterioro del mercado del trabajo en la OCDE, incluyendo Gran Bretaña y Estados Unidos. No podemos entender Brexit y el auge de los populismos de derecha e izquierda sin considerar que los mercados del trabajo son crecientemente disfuncionales.

En este contexto hay que analizar las migraciones. En todos estos países la proporción de población nacida en el extranjero ha subido. En Gran Bretaña, en 1991 un 6,6% de la población había nacido en el exterior, lo que subió a un 12,3% hoy. En EE.UU los mismos números son 8,5% y 13,1%. Francia siempre tuvo una alta presencia de extranjeros y ha crecido, pero menos que los dos casos previos.

Los migrantes tienen menor calificación que los trabajadores locales. Mientras la proporción de migrantes con educación superior es 9,1% inferior a la proporción de trabajadores locales con educación superior, los trabajadores migrantes sin educación son un 1,5% más que los locales. Este último número tiene una observación extrema: Estados Unidos, donde la proporción de trabajadores con bajo nivel educacional es un 20% más alta que los locales.

Esto explica en parte que las tasas de desempleo de hombres migrantes en Estados Unidos y Gran Bretaña sea inferior a la de los hombres nativos. En Estados Unidos, la tasa de desempleo de inmigrantes masculinos es 1,7% inferior a la de los nativos y en el Reino Unido la diferencia es 0,5%. Lo contrario ocurre en el resto de la OCDE: la tasa de desocupación de migrantes es superior que la de locales. Es España el desempleo de migrantes es 12,2% superior a la de nativos.

Con mercados del trabajo disfuncionales y creciente competencia de parte de trabajadores migrantes, en particular en los segmentos de menor calificación, la situación laboral de los trabajadores-votantes en países desarrollados es crecientemente difícil y precaria.

¿Por qué no prendería en un ambiente como este un discurso nacionalista-populista? ¿Por qué no sería atractivo un mensaje proteccionista? Es lo que está pasando.

Guillermo Larraín
Economista
Académico Universidad de Chile
Ex presidente de BancoEstado, ex superintendente de Pensiones y ex superintendente de Valores y Seguros

*Esta es la segunda de una serie de tres columnas dedicadas al impacto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. La primera puede leerse aquí.

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