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Brexit: una defensa desde Chile

por 25 julio, 2016

Brexit: una defensa desde Chile
"La crisis económica de corto plazo que Brexit supuestamente iba a gatillar terminó esfumándose. Segundo, la crisis política a largo plazo no tiene porqué generar tanta incertidumbre anti-inversión dado que hay una salida política obvia para consolidar el Brexit (la famosa ‘solución noruega’). Tercero, consolidando así el Brexit, reduciendo la aplicabilidad de las leyes europeas a Gran Bretaña, se podría salir de la camisa de fuerza neoliberal que representa la constitución europea, y entonces catalizar un crecimiento más sustentable y equitativo".
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La decisión democrática del pueblo británico de sacar a su país de la Unión Europea está generando una histeria general entre la prensa internacional y las elites globales.  Para la derecha, la victoria del Brexit representa un rechazo peligroso a la integración económica y la globalización, que tantos beneficios han traído en términos de mayor crecimiento y más empleo.  Para la izquierda representa el rechazo a la inmigración libre y la eliminación de los controles fronterizos, que tanto han enriquecido al Reino Unido, haciéndolo más diverso e inclusivo.  Así, entre los sectores hegemónicos de la sociedad, políticos y comentaristas, empresarios y sindicalistas, hay un consenso aplastante: Brexit es y será un desastre.

Sin embargo, los temores cantados por el  coro oficialista, tanto de derecha como de izquierda, carecen de fundamentos.  La letanía de “expertos” que amenazan al país con las penas del infierno por querer salirse de la UUEE está equivocada.  Brexit no es el comienzo de un hecatombe sino simplemente de un proceso democrático dentro del cual la población británica decidirá la base constitucional del país (sería un proceso similar a lo que pasaría en Chile con una Asamblea Constituyente).  Es una triste demostración de la desconexión entre la elite tecnocrática y el electorado, que un simple proceso democrático haya generado tantos resquemores y pánico (precisamente la misma cosa se evidencia en Chile con la oposición del oficialismo de derecha y de izquierda contra la Asamblea Constituyente).

Según la derecha, el Brexit representa un rechazo al mercado global y entonces desencadenará una profunda crisis económica y recesión.  El gobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney (el equivalente británico de Rodrigo Vergara, Presidente del Banco Central) rompió la regla de neutralidad política de su puesto, para efectivamente hacer campaña en contra del Brexit.  Según él, la salida de la UUEE generaría un colapso de la libra, un consecuente aumento en el precio de las importaciones, luego una inflación general que implicaría una acción contractiva del gobierno terminando con una recesión con alto desempleo.  La Directora-General del CBI Carolyn Fairbairn (la equivalente británica de Alberto Salas, presidente del gremio empresarial CPC) habló de una reducción de 5% del PIB y una pérdida de casi 1 millón de empleos.

Varias voces extranjeras también se entrometieron en el debate nacional.  Christine Lagarde, directora del FMI, dijo que Brexit iba a general un desplome bursátil y una crisis inmobiliaria. Barack Obama amenazó con relegar el Reino Unido de su posición preferencial en las negociaciones para los tratados de libre comercio.

Hay tres elementos que desmienten esta visión apocalíptica de la derecha. Primero, la crisis económica de corto plazo que Brexit supuestamente iba a gatillar terminó esfumándose. Segundo, la crisis política a largo plazo no tiene porqué generar tanta incertidumbre anti-inversión dado que hay una salida política obvia para consolidar el Brexit (la famosa ‘solución noruega’). Tercero, consolidando así el Brexit, reduciendo la aplicabilidad de las leyes europeas a Gran Bretaña, se podría salir de la camisa de fuerza neoliberal que representa la constitución europea, y entonces catalizar un crecimiento más sustentable y equitativo.

Primero: como ha plasmado con tanta claridad y elocuencia el ganador del premio nobel en economía Paul Krugman, la crisis económica del corto plazo post-Brexit es una exageración.  La libra sí se ha depreciado un 11% pero está muy lejos de haber colapsado (en 1992 se cayó 25% - una devaluación que además gatilló el crecimiento exportador).  Esta vez, la reducción en el valor de la moneda también podría ayudar a las exportaciones británicas (el déficit comercial es muy alto).  Eso podría explicar por qué ya se habla de un ‘Brexit Boom’ con la bolsa de valores un 20% más alta que en febrero.  Problemas hay y muchos pero no una crisis económica.

Segundo: es cierto que hay una crisis política (constitucional) y así la incertidumbre de Brexit podría tener efectos económicos nocivos a largo plazo.  Salir de la UUEE podría necesitar negociar tratados de libre comercio con toda Europa, y generar una institucionalidad jurídica totalmente nueva para poder regular y facilitar los lazos comerciales internacionales.  Dicho esfuerzo demoraría y las empresas importadoras y exportadoras sufrirían.  Sin embargo, existe una formula rápida y fácil para superar esa disyuntiva.  Si el país entra al Espacio Económico Europeo (como Noruega y Suiza) podría mantener las relaciones de libre comercio y cooperación técnica sin estar en la UUEE.  La nueva Primera Ministra Theresa May (quién se opuso a Brexit) es la voz de la moderación económica conservadora y va a empujar esa opción.

Tercero: escapar de la UUEE no es ir en contra del pragmatismo económico.  A pesar de la campaña propagandística a su favor, la unión tiene la culpa de buena parte de los problemas económicos que aquejan al continente.  Los tratados constitucionales europeos blindan el modelo neoliberal mediante una protección súper-mayoritaria.  La regla fiscal constitucional (parte del Pacto de Estabilidad y Crecimiento) es fuertemente deflacionaria, limitando el déficit fiscal de los países miembros (no solo miembros de la Eurozona sino de toda la UUEE) a 3% del PIB.  Por eso, la respuesta europea a la crisis financiera ha sido pro-cíclica y nociva. Brexit es un evento muy positivo porque pone en duda este consenso deflacionario tanto en Gran Bretaña como en la UUEE en general.

Finalmente, quedan los temores de la izquierda acerca de la inmigración.  Es cierto que después de la victoria del Brexit, hubo un aumento de 57% en crímenes de odio racial, reflejo de la demonización de los inmigrantes de parte de los pro-Brexit. Sin embargo, Brexit no es la causa de este odio sino un síntoma.  La UUEE no protege a los inmigrantes sino que los perjudica, porque fusiona la liberalización de los flujos migratorios con la macroeconomía deflacionaria.  La austeridad fiscal continental ha generado alto desempleo con sueldos estancados, el peor contexto para recibir los altísimos niveles de inmigración (producto de la misma austeridad en los países de origen).  Brexit no cambiará la situación migratoria de los extranjeros actualmente residentes en Gran Bretaña (con la ‘opción noruega’ tendrán derecho de quedarse).  Pero sí podría cambiar la lógica de austeridad que está generando xenofobia y racismo contra ellos.

Visto desde Chile la demanda de Brexit es alarmante, parte de la incertidumbre política y económica que hace al mundo un lugar más desafiante para un país pequeño de Latinoamérica.  Sin embargo, lo que verdaderamente representa Brexit es un debate democrático acerca de un modelo constitucional económico que no da el ancho.  Los intentos reformistas de la Nueva Mayoría, y de los partidarios de la AC, podrían aprender mucho de los acontecimientos británicos actuales.

Hassan Akram
PhD Cambridge
Resident Director Wake Forest University (Chile)

 

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