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A propósito de la heredera inútil

por 5 octubre, 2018

A propósito de la heredera inútil
“Inútiles” conozco a varios y me han inspirado siempre... Si jugamos a que ser útil es producir plata, un gran ejemplo para tratar esto es Marx. Qué habría sido del bueno de Karl, sin su amigo Engels, heredero de un poderoso imperio industrial.
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A una amiga mía muy querida, le gritan como insulto máximo que es una “heredera inútil”, algo que al señor que larga el epíteto le parece tan grave y se siente tan dueño de la verdad, que ni siquiera duda en ponerlo por escrito. A mí me dejó pensando. Es como cuando te preguntan “¿tú qué haces?”, más queriendo averiguar de dónde sacas la plata para vivir como vives, que para entender tus intereses, inquietudes y responsabilidades, o cuando en un grupo de hombres chilenos llega la cuenta y nadie se abalanza sobre ella o llega pagada por ese que sigilosamente se paró al baño, como ocurre en general en otros lugares.

¿Es malo heredar? Es justo que te saquen en cara que tus antepasados lo hicieron tan bien, que no debes estar ocupado en subsistir, sino que puedes criar, pensar, viajar, auspiciar, o lo que se te antoje, sin andar poniendo caritas ni andar pareciendo ser “libre” en el libre mercado...

Esto para un chileno puede sonar raro, pero para un anglosajón, eso del Trust, el famoso Fideicomiso o la palabra que enmarca (Confianza), es una institución que cuidan mucho y, si eres conservador, solo el interés compuesto ayuda a los fideicomisarios a tener un ingreso solo con el interés, sin tocar el capital, y que esto se perpetúe en el tiempo, asumiendo que no hay una debacle mundial y que los depósitos están en un país razonablemente serio.

Pasemos a la segunda parte. Lo de ser inútil. Yo creo que hay distintos roles, y se puede ser madre, pensador, senador o barrendero sin complejos ni descalificaciones de quienes han optado por un camino diferente. ¿Qué es, entonces, ser “útil”? No tengo una respuesta clara. Dicen que el Presidente Trump tendría más plata si no hubiese hecho nada con su herencia y le hubiese dejado su administración a terceros, pero no lo puedo calificar de inútil por tener menos de lo que podría, incluso cuando no es santo de mi devoción.

Cuando me abstraigo y observo a la gente, muchas veces pienso en robots o abejas más tipo chaqueta amarilla, que en las queridas esas que hacen miel. Si ser útil es salir a trabajar todas las mañanas, tener una hipoteca a 30 años, no poder ver a los hijos, yo creo que está errado el concepto. Además, como decía el abuelo de mi amigo Aníbal, “niños, si van a salir en la mañana, salgan a ganar plata, no a trabajar”. O sea, si te las das de útil, por favor, no reclames que no te alcanza para pagar pensiones, ni mantener lo que decidiste hacer crecer. Es claro que al abuelo de mi amigo le gustaba la plata y harta ganó, pero no se refería al desarrollo de un oficio, hobby o el simple deleite del disfrute de estar vivo, de tener conciencia de existir, sino solo a producir, y ahí creo que estamos medio atrapados desde el siglo veinte.

“Inútiles” conozco a varios y me han inspirado siempre... Si jugamos a que ser útil es producir plata, un gran ejemplo para tratar esto es Marx. Qué habría sido del bueno de Karl, sin su amigo Engels, heredero de un poderoso imperio industrial. O sea, ¿se vendió el principal crítico del capitalismo, porque su amigo le hacía cheques para que pensara y escribiera? Yo creo que todo lo contrario. Además al bueno de Engels le encantaba ser coautor, y una buena forma de llegar a ello, en Chile abundan ejemplos, es haciendo un cheque. Otros ejemplos de grandes inútiles, son los que describe Jorge Edwards en el “Inútil de la familia”, lo que propone Jean François Revel en su libro sobre el conocimiento ídem, los ensayos de Michel de Montaigne, y bueno, guardando las proporciones, yo.

Últimamente he pasado a ser uno de mis inútiles favoritos, porque he podido aportar y querer desde un lugar al que nunca hubiese llegado sin hacer nada, acto consciente contemplativo, muy diferente a no hacer nada, que es vagancia.

El Capítulo 48 del Iching, o Libro de los Cambios, merece también una revisada.

Creo que, a propósito de la heredera inútil, todos podemos sacar varias conclusiones. Partiendo por la infancia, claro que Freud no es un autor que domino. Algo más he mirado a Jung, pero lo que intento hacer es mostrar que aparentemente todos queremos pasar por el mundo de alguna manera que no nos haga sentir irrelevantes. Y de ahí nacen muchas necesidades. También otras tantas obligaciones. Es cosa de tomar palco y mirar... la gente apurada, todo urgente, de la euforia a resfríos y jaquecas que se olvidan por otra cosa urgente, la necesidad de algunos de figurar tanto que se les olvida que quizás lo importante es destacar, y la supuesta vida feliz de una mayoría en incómodas cuotas mensuales.

Comento esta situación sin afán de oprobio, sino intentado que podamos concentrarnos en lo que realmente importa, sin envidia ni sentimientos de superioridad, como los que inspiran a criticar a mi amiga y tratarla de inútil, cuando la verdad es que hace mucho y figura poco.

Por mí que todos fueran herederos, especialmente todas, porque una mujer desesperada por plata, con hijos, me afecta más que un tipo que debe salir a ganarse la vida. Pero no hace mal experimentar un estado de libertad y calma que es difícil de lograr cuándo estás sobreviviendo. O sueltas todo o te mueves en el mundo, pero en lo que a nosotros nos ha tocado vivir, no siempre todos pueden hacer lo que quieren con dinero o sin dinero, como en la canción. Todos heredamos algo, y no es solo plata o deudas. Hay secretos familiares, dolores, sinsabores, genes, y también carcajadas y minutos inolvidables desde que éramos solo el brillo en el ojo de un tipo bastante caliente y una mujer que, con o sin ganas, estuvo ahí para el cuerpo a cuerpo. Soy firme partidario de la procreación con ganas, pero eso es tema para otra columna.

Si nos concentramos más en destacar que figurar, deberíamos entre todos los involucrados en el proceso de liderar opinión, trabajar para ir mejorando las leyes del pasado y preparar nuestro orden jurídico para ir teniendo un mejor futuro. En materia de herencias, por ejemplo, resulta bastante absurdo que lo que deja un padre a sus hijos, un padre responsable, que cumple con la legislación vigente y tiene las cosas a su nombre, pague impuestos de herencia al morir él, y luego al morir la madre, o sea, la misma herencia, a los mismos herederos, vuelva a pagar. Igualmente absurdo resulta que con toda la acumulación de capital lograda con tanto esfuerzo, hayamos trasquilado la Ley Valdés de Donaciones Culturales y no exista una legislación que incentive la filantropía, algo que toda sociedad que se vista de avanzada debe tener y que el Estado no logra hacer de manera óptima, aunque no sobra en la ecuación. Ejemplos sobran.

Despidamos esta palabras emulando a Marx, pero pensando en Engels y agradeciendo sus cheques, mientras entramos en el poscapitalismo, sin entender todavía de qué se trata: “Fideicomisarios del Mundo, Uníos!”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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