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Felix de Vicente, el nuevo hombre de Economía que dejó profundas huellas en ProChile

por 10 mayo, 2013

Felix de Vicente, el nuevo hombre de Economía que dejó profundas huellas en ProChile
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Su nombramiento causó sorpresa. En la nómina preliminar estaban Hernán Cheyre, vicepresidente ejecutivo de la Corfo; Julio Dittborn, subsecretario de Hacienda; Tomás Flores, subsecretario de Economía, y un personero que había dejado el gobierno. Todos fueron descartados y Félix de Vicente juró el martes en la tarde y a la mañana siguiente apareció con su característica mochila en el piso 12 de Alameda 1449.

Flores le dio la bienvenida y pasado el mediodía su antecesor Pablo Longueira llegó con su ex jefe de gabinete Vicente Correa a almorzar con la nueva autoridad.

De Vicente es definido como una persona simpática, afable y sencilla de trato, pero su paso por la dirección de ProChile dejó muchas caras largas. Su gestión se vio cruzada por una ola masiva de despidos. Se calcula que unos 200 funcionarios perdieron sus empleos, incluido un gran número de agregados comerciales, quienes tradicionalmente permanecían en sus puestos cinco años desde que eran nombrados por concurso interno. Ese acuerdo tácito que se daba por la complejidad de cambiar de país, trasladar a las familias y establecer una red de contactos, se rompió.

También salió la mayor parte de los directores: los de red interna y red externa, los sectoriales (manufacturas, productos agrícolas y servicios) y jefes de departamento. Los que llegaron a las vacantes siguieron la tónica de cesar en sus funciones a quienes estaban bajo su dependencia. Más del 70 % de los trabajadores de ProChile son nuevos.

Un funcionario activo que pide reserva de su nombre comenta que se llenó de personal sub30. “De Vicente tenía una obsesión con la edad”.

En contraste, en la Dirección de Relaciones Económicas Internacionales, de la que depende ProChile, Jorge Bunster, su primer director, no realizó cambios significativos. “Los dos son de estilos muy distintos. Bunster es un tipo reflexivo, no le gusta aparecer en la prensa y reconocía el trabajo de la Direcon. Él llegó a trabajar con la gente, se tomó tiempo para hacer una evaluación y los cambios que hizo fueron mínimos. De Vicente quería empezar de cero, encontraba que la gente no tenía capacidad. Bunster no quiso meterse con ProChile, le dio libertad para hacer y deshacer”, revela la misma fuente.

Uno de los rostros nuevos, Carlos Honorato, brazo derecho de De Vicente como director de la red externa o subdirector internacional, había sido gerente general de su empresa Kitchen Center y fue quien tuvo que notificar la mayor parte de los despidos. La explicación era siempre la misma: “no das con el perfil, queremos gente comercial, joven”. Ayer, Honorato fue ascendido a director del organismo que promueve las exportaciones chilenas.

Otro cambio se produjo a nivel de organigrama: los cargos de director de red externa y de red interna (que ha tenido tres ocupantes durante la gestión de De Vicente) pasaron a ostentar más poder, quedando por sobre los sectoriales.

El nuevo ministro de Economía es un hombre que conoce de éxitos empresariales y al que la buena estrella lo ha acompañado. Incluso en los negocios que no llegó a hacer. Alguna vez compró una licencia y una prensa para fabricar puertas y la empresa que se los vendió echó pie atrás y debió pagarle US$ 2 millones. O cuando su suegro, el empresario Antonio Eguiguren, dueño de la firma de materiales de construcción Comercial Eguiguren que, más tarde, se transformó en Construmart (hoy en poder de SMU), cerró una fábrica de puertas llamada Beagle Doors. Su yerno, en ese entonces de 28 años, se ofreció a reflotarla. Partió a hacer una práctica como operario a una fábrica en Maryland, Estados Unidos, donde se hizo amigo del gerente general. Aquella empresa fue adquirida por la mayor fabricante de puertas del mundo, Jeld Well, y el gerente recomendó a De Vicente como un buen candidato para asociarse en Chile.

Jeld Well compró el 25 % de Beagle Doors y la compañía pasó a ser la mayor del rubro en Chile. Cuando De Vicente le vendió el control accionario a la multinacional no pudo escoger mejor momento: pocos meses después estalló la crisis asiática y todo cayó de precio.

Incluso un negocio fracasado que hizo para su mentor, el Canciller Alfredo Moreno, su profesor en Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile, lo llevó a descubrir un nicho que lo convirtió en millonario.

De Vicente había sido un aplicado ejecutivo en Telemercados Europa que Moreno compró con pérdidas a Mario y Andrés Navarro (Sonda). En dos años la dieron vuelta, por lo que entusiasmado el Canciller le propuso adquirir Tejidos Helen Harper y repetir la hazaña. No fue posible y De Vicente tuvo que vender los terrenos de la fábrica para pagar las deudas y arrendar un sitio para trasladar la operación.

Se dio cuenta que los arriendos industriales eran carísimos y que a las empresas les convenía ser propietarias. Vendió su departamento y con los ahorros de un emprendimiento frutícola compró terrenos y levantó galpones en la Avenida Matta y Gay. Los vendió muy bien. Tiempo después, estando en Beagle Doors, debió cambiar de lugar la fábrica y pensó que lo ideal sería en instalarse en un terreno donde pudiese compartir los gastos con terceros.

Así nacieron los cuatro condominios industriales en Lampa —Los Libertadores es el más grande y conocido— que levantó asociado a los Ducasse, líderes en el rubro de quincallería. Fue pionero en este negocio y se hizo rico.

Argentina es uno, sino el único, emprendimiento fallido. Con sus socios Ducasse compró 500 hectáreas para loteos industriales en las afueras de Buenos Aires que no han podido ver la luz. Kitchen Center, que vende equipamiento importado de cocina en Chile y en Perú, pero cuyo fuerte es la colocación de sus productos a inmobiliarias, tampoco resultó en el país vecino.

Aún mantiene el 10 % de la cadena de cementerios Parque del Sendero, la más grande del país y en la que es socio de su cuñado Antonio Eguiguren y de Rafael Valdivieso, ex accionista minoritario de Telefónica Manquehue.

La consulta que hizo famoso su helicóptero

Con Moreno lo une una sólida amistad, pese a la diferencia de edad. A él se lo sindica como el responsable de su llegada a ProChile. Ambos comparten la propiedad de un helicóptero que se volvió mítico en el organismo promotor de exportaciones. A menos de un mes de su arribo De Vicente, en medio de una reunión, preguntó con toda candidez cómo podía hacer para ocupar el helipuerto de la Cancillería, en el ex Hotel Carrera, donde están las oficinas de Pro Chile. La sorpresa fue mayúscula, porque ninguna autoridad lo había solicitado y porque es de uso exclusivo de la Presidencia de la Republica, ya que es el único helipuerto estatal.

Una anécdota que refleja la distancia de este empresario, que celebró la cincuentena el año pasado con una gran fiesta a la que no pudo asistir el Presidente Piñera. Cuentan que no conocía el rol de la Contraloría, que debe visar los actos administrativos de ProChile, que no se acostumbró al auto fiscal ni al chofer —decidió contratar a uno con plata de su bolsillo— y se mueve en su Mini o, a veces, llegaba en bicicleta acompañado de Honorato. También revela un estilo llano que no advierte que ciertos temas pueden traer repercusiones.

“En una reunión con los directores se relajó la conversación y salió el tema de que para qué ProChile iba a apoyar a exportadores sin capacidad, que no eran grandes, que había que impulsar a los que realmente podían. Uno de sus problemas era la sinceridad”, sostiene un ex funcionario la repartición. En efecto, quienes integraban el departamento de Pymes fueron cesados en sus funciones.

Los trabajadores antiguos son críticos, porque destinar dineros públicos y escasos a los exportadores consolidados de salmón, cerdos, aves o frutas no fomenta nuevos emprendimientos. “Ahora último incorporaron el tema de las Pymes en los discursos, aunque no sé si lo están abordando con convicción”, sostiene un ex miembro de ProChile.

No deja de ser curioso, ya que todo empresario parte siendo pequeño. Su padre Luis de Vicente instaló un taller de plásticos donde trabajaban cinco personas en 1979. Hoy es la empresa más diversificada del rubro y vende más de US$ 100 millones al año. El nuevo ministro fue socio hasta hace 14 años cuando le vendió su parte a su hermano mayor que maneja la compañía.
 

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