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Opinión: Venezuela: ¡es la economía, estúpido!


Son varias las dimensiones del conflicto que vive Venezuela. Está la dimensión política, con el cuestionamiento al ejercicio democrático del poder por parte del gobierno, el papel que juegan los grupos políticos en pugna, el de los países de la región y el posible desenlace de la crisis. Está la dimensión social, con las protestas y el rol que juegan los distintos grupos o segmentos sociales en el desarrollo del conflicto. Y está la dimensión económica, que en años previos ha estado subordinada al conflicto social y político, pero que en el presente estimo tiene un papel central. Es por esto que pienso analizar la actual situación de crisis desde una perspectiva esencialmente económica, para que desde Chile podamos entender mejor lo que está pasando en este querido país, y ojalá ayudar a encontrar una salida.

Cuando uno mira las cifras macroeconómicas de Venezuela, puede parecer evidente que lo que explica la crisis es un conjunto de políticas erróneas. Sin embargo, en años recientes, estas cifras estuvieron subordinadas al acontecer político, como en el año 2002, cuando el presidente Chávez fue derrocado por 48 horas, o entre los años 2003-2004, cuando el paro petrolero puso en jaque al gobierno. Luego vino un periodo donde a mi entender la población castigó el intento de la oposición de buscar atajos fuera de la institucionalidad, y durante casi una década el gobierno tuvo todo el poder y por lo tanto los grados de libertad para implementar su programa de gobierno.

¡Es el déficit, amigo!

Como muchos países de la región, entre 2005 y 2013 Venezuela se benefició del llamado súper ciclo de los precios de las materias primas. A mediados de 2008, los precios del petróleo –la principal exportación de Venezuela– incluso alcanzaron niveles nunca observados, para luego derrumbarse pero sólo transitoriamente. Es sorprendente entonces que en los últimos 5 años el Sector Público Ampliado haya tenido déficits promedio en torno a 10 puntos porcentuales del PIB, y que en los últimos dos años este déficit haya promediado los 15 puntos porcentuales.

Nótese que hablo del déficit del Sector Público Ampliado, y no del déficit del Gobierno Central como hacemos en Chile. La razón es que en Venezuela hay importantes componentes del sector público que son deficitarios, como es el caso de PDVSA y varios fondos soberanos. Más aún, la contribución de PDVSA al déficit ha sido mayor que la del Gobierno Central en los últimos 4 años. ¿Cómo es posible que PDVSA, una de las principales empresas petroleras del mundo, con exportaciones que promediaron más de US$ 80.000 millones de dólares en los últimos 4 años, haya sido deficitaria?, ¿cómo es posible que Fonden –fondo soberano creado para ahorrar los excedentes del petróleo, análogo a nuestro FEES– sea deficitario? La explicación está en la débil institucionalidad del sector público venezolano, donde empresas e instituciones que debieran contar con gobiernos corporativos autónomos, que tendrían que velar por la aplicación de políticas acordes con el objetivo para el que fueron creadas, han devenido en meros ejecutores de la política económica y social del gobierno. ¿Alguien se puede imaginar en Chile a CODELCO o al FEES realizando gastos sociales?

También es importante destacar el otro factor detrás del crecimiento del déficit, como es la caída en los ingresos fiscales. Efectivamente, a pesar de los elevados precios del petróleo, se ha dado una disminución de los recursos que la industria petrolera entrega al Estado. Esto tiene principalmente dos explicaciones: exportaciones menos líquidas, al disminuir las que tienen como destino el mercado de EE.UU. (que se pagan en efectivo), y aumentar los envíos a mercados que se financian con deuda o con cancelación de pasivos, como es el caso de los envíos a China (que se destinan a pagar préstamos otorgados por ese país); y el elevado consumo interno de refinados, debido al extremadamente bajo precio de la gasolina. Para poder dimensionar lo anterior, es bueno precisar que un tanque de gasolina que en Chile llenamos con unos ochenta dólares, en Venezuela lo llenan con un dólar. Así, el subsidio a los combustibles alcanza a más de 10 mil millones de dólares, cerca de un 20% de nuestro presupuesto fiscal.

De manera que el problema del déficit es uno de ingresos decrecientes y gastos rígidos. En esto último, no cuestiono la pertinencia de muchos programas sociales, pero lo que debe entenderse es que estos deben ser implementados por organismo concebidos para tal fin, y financiados por el Gobierno Central con ingresos permanentes. Esta es una lección no aprendida por el gobierno venezolano: los déficits no tienen ideología, y son siempre un error. Se puede discutir el tamaño del Estado, se puede discutir la conveniencia de aumentar impuestos para financiar determinados programas de gasto, lo que no está en discusión es que gastar más de lo que va a ingresar en el largo plazo es una mala política. Eso lo sabe cualquiera que tiene que hacerse cargo del presupuesto familiar, pero a veces se olvida a nivel nacional, como ha ocurrido en países como España, EE.UU. y Venezuela.

¡Es el financiamiento monetario, amigo!

Hay formas y formas de financiar un déficit, ninguna resuelve el problema de fondo, pero determina cómo la economía busca restablecer el equilibrio. En Venezuela el financiamiento ha sido principalmente monetario y con deuda interna, lo que tampoco deja de ser paradójico, ya que de acuerdo a la Constitución el Banco Central no puede financiar al Gobierno Central. Como cabría esperar, lo que ha hecho el Banco Central es financiar a las empresas públicas, y el gobierno ha aprovechado la abundante liquidez para emitir deuda interna. Pero ni la deuda interna del sector público, ni las subidas al coeficiente de reservas legales o las operaciones de mercado abierto del Banco Central, han logrado contener los excedentes de liquidez generados por el financiamiento monetario de más de 10 puntos porcentuales del PIB en 2013, y la cantidad de dinero en circulación ha crecido aceleradamente.

Uno de los consensos en la profesión de economista es que a largo plazo la inflación es un fenómeno monetario, y en Venezuela el crecimiento de la cantidad de dinero se empinó hasta 70% en 2013 con relación a 2012. Desde el gobierno se argumenta que la inflación es producto de la especulación, pero a menos que el crecimiento monetario sea un resultado endógeno de la especulación, lo más probable es que la excesiva cantidad de dinero sea la causa detrás de la inflación y no un efecto de esta.

¡Es el control de cambios, amigo!

Venezuela tiene aproximadamente una década de control de cambios, y esta es la paradoja de las paradojas. ¿Por qué uno de los principales exportadores de petróleo del mundo, con las mayores reservas de petróleo a nivel global tiene que racionar los dólares a sus ciudadanos? Aquí me voy a alejar del análisis de política económica, y voy a acercarme a la economía política: porque pienso que hay un objetivo de control político detrás del control de cambios. En Argentina puede no tener mucho sentido político y efectividad un control de cambios si las exportaciones las hacen principalmente privados; pero en Venezuela, donde el Estado es el propietario del grueso de la industria petrolera exportadora, controlar la asignación de divisas da un enorme control político.

Pero este control tiene muchos riesgos. Uno de ellos es la probable ineficacia en la asignación de las divisas con criterios no económicos, otro es el incentivo a la corrupción de la burocracia a cargo de las asignaciones. Y los venezolanos no necesitan que les demos ejemplos de corrupción asociados a los controles, porque controles de cambios han tenido varios, y no solo en este gobierno.

La excusa habitual es que el Estado debiera entregarle divisas no al que quiere comprarse un Ferrari, sino al que quiere importar alimentos y medicinas. Esto puede tener algún sentido en el caso de un país que tiene una crisis de balanza de pagos, pero es absurdo en un país con grandes superávits en cuentas externas, como es el caso de Venezuela.

Por supuesto, los principales costos del control de cambios han sido la escasez de bienes y el mercado negro, con un tipo de cambio paralelo que llegó a tener una prima de más de 1000% a comienzos de año. Dudo que haya actividad más rentable en la tierra que comprar dólares preferenciales y venderlos en el mercado negro de Venezuela. No es de extrañar que en algún momento de fines del año pasado era imposible comprar un ticket aéreo a precios razonables, ya que una de las formas de obtener dólares preferenciales era viajando.

¡Es la inflación, amigo!

Por supuesto que si en el largo plazo la inflación es un fenómeno monetario, en el corto plazo la inflación depende de los costos, entre ellos del tipo de cambio, especialmente en un país que importa buena parte de lo que consume, ¡incluso la gasolina! También la escasez explica la inflación en el corto plazo, porque ya no es sólo mucho dinero persiguiendo pocos bienes, sino también cada vez menos bienes.

Probablemente la variable económica con mayor correlación con el respaldo político es la inflación. A mayor inflación, menor respaldo. Y la inflación llegó a 56,1% en 2013. ¿Es posible dudar que hay factores económicos y no sólo políticos en la protesta?

¡Es la economía, pero también es la política, amigo!

Bill Clinton derrotó a Georges Bush con el eslogan de campaña ¡es la economía, estúpido! A mí, a poco de escribir, me resultó difícil tratar de estúpidos a mis hermanos de Venezuela, y me refiero a gente a ambos lados de la disputa. Espero no parecer demasiado ingenuo, pero estoy convencido de que en todos los sectores la inmensa mayoría quiere lo mejor para Venezuela. En ese sentido, me parece importante dejar claro que comparto muchos de los objetivos de gente que está con el gobierno, como el intentar construir una sociedad más equitativa, más justa, y de mayor bienestar para todos los venezolanos. Pero al tiempo que comparto esos objetivos, también estoy convencido de la inefectividad de los medios empleados para alcanzarlos.

En estos días se ha iniciado un proceso de diálogo que parece ser la última oportunidad para una salida ordenada e institucional a la crisis. Pero para encontrar esa salida es fundamental que el diálogo sea sin condiciones, con la apertura necesaria para reconocer los muchos errores cometidos en uno y otro bando. Pienso que el principal responsable de que esto resulte es el gobierno, ya que son los principales responsables de la crisis por la que atraviesa Venezuela. Pero también es responsable la oposición, porque hasta la fecha la dimensión dominante ha sido la económica, pero si prima la intransigencia puede volver a ser la política y la confrontación.

Alejandro Puente
Prof. Escuela de Ingeniería Comercial UST

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