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“Un mapa a la puerta de no retorno”: una experiencia desde la diáspora

María José Quesada Arancibia
Por : María José Quesada Arancibia Licenciada en Filosofía. Coordinadora general en El Mostrador
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“Lo que creo es que los negros de la diáspora llevamos la puerta de no retorno en nuestros sentidos. Es un pasaporte que no podemos desaparecer rompiéndolo y tirándolo al water después de tomar el avión”, afirma la autora en esta novela que se presenta como un conjunto de notas a la pertenencia.


Dionne Brand es una reconocida poeta, ensayista y documentalista radicada en Canadá. Nació en Trinidad y Tobago, en el Caribe, lugar varias veces mencionado en esta novela que rememora sobre su infancia en busca de sus orígenes.

“Un mapa a la puerta de no retorno: notas a la pertenencia”, se traduce por primera vez al español este 2024, trabajo realizado por Lucía Stecher Guzmán, publicado por Banda Propia, sello editorial creado en 2019, dirigido por María Yaksic y Lorena Fuentes.

Este relato hace de espejo a muchas  historias marcadas por una búsqueda permanente de pertenencia. Asimismo, muestra las diversas manifestaciones de la xenofobia y el dolor que provoca en quienes han tenido que padecerla durante siglos. 

La pertenencia, los orígenes y esa especie de sueño de un más allá, distinto al de la diáspora, están presentes en todo momento. 

Este libro fue publicado originalmente el año 2001 y ha sido tal su recepción que en 2021 se realizó un encuentro en el que una serie de artistas y académicos presentaron lecturas y reflexiones para conmemorar los 20 años de esta novela. 

El texto reconstruye las vivencias de la infancia, marcada por esa pregunta que nunca pudo ser contestada por su abuelo, ¿de dónde descendemos? “No éramos del lugar en que vivíamos y no podíamos recordar de dónde veníamos o quiénes éramos”. 

Dionne Brand toma esa escena de sus trece años con su abuelo y habla de la puerta de no retorno como un lugar de exploración, “de pertenencia y no pertenencia”. 

Anota sus recuerdos y por ejemplo comenta que lo primero que aparece en su memoria es el agua y el mar: “Yo sabía que todos aquí eran infelices y que algo los perseguía. La vida hablaba el tajante idioma de la brutalidad, incluso la belleza era brutal”.

En esta historia siempre está presente la pregunta por la puerta de no retorno, la que se presenta como una constante metáfora, asimismo habla de una África imaginada. 

Dionne Brand escribe: 

“La puerta de no retorno no es un lugar, es más bien una metáfora. Irónicamente, o tal vez de forma apropiada, no es un lugar sino un conjunto de lugares: lugares de recalada en África, en los que se construyó un castillo, una casa para esclavos. Lugares suficientemente toscos como para desaparecer, o lo suficientemente elaborados y vanos para sobrevivir durante siglos. Un sitio donde ocurrieron múltiples transacciones, la transferencia de seres probablemente sea la más importante. La puerta de no retorno: real y metafórica como son algunos lugares, mítica para quienes estamos hoy dispersos en las américas”. 

Esta puerta tan significativa opera como una marca de expulsión y una vivencia en la diáspora como si fuera un permanente cautiverio. Y el mapa no basta para llegar a esa puerta, se necesita, dice Dionne, un esquema cognitivo, y ese esquema es precisamente el cautiverio. 


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