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Crecida en Francia, Reino Unido y otros países inquieta a expertos

Se encienden las alarmas por auge de la ultraderecha en Europa a raíz de la crisis

por 13 octubre, 2013

Se encienden las alarmas por auge de la ultraderecha en Europa a raíz de la crisis
El refugio del electorado en partidos que propugnan soluciones extremas responde a una mezcla de factores, siendo el más importante el recelo hacia la inmigración. Para el responsable del programa de violencia y extremismo en Demos, una reputada casa de análisis londinense, Jamie Bartlett, ese tema “es el elemento principal: los extremismos llevan años creciendo y obedecen a cambios estructurales en la sociedad, que teme no poder integrar al diferente”.
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En medio de una crisis frente a la que no existen recetas para sortearla, las formaciones de carácter populista están ganando terreno en Europa, como es el caso del auge que ha tenido en el último tiempo la ultraderecha en Francia, Reino Unido y otros países, lo cual está inquietando a los expertos.

Dichos grupos ganan terreno con mensajes sencillos, como la vuelta al orgullo nacional, odio al extranjero, en guardia contra la construcción europea.

De acuerdo a un artículo publicado en el diario El País, el recrudecimiento de esa marea en un país tan representativo de los valores de la UE como es Francia, ha disparado esta semana las alarmas.

Una encuesta dada a conocer el pasado miércoles sobre las intenciones de voto de los franceses aumenta la tensión al problema, ya que si las elecciones europeas —previstas para mayo— fueran hoy, la candidata más votada sería la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen.

De acuerdo al sondeo de Le Nouvel Observateur, por primera vez aparece la líder de la ultraderecha gala en primer lugar, con un 24% de los votos, por encima del tradicional partido de centroderecha, la UMP, y muy alejado del Partido Socialista de Hollande, que cae al 19% tras año y medio en el poder.

El análisis señala que el refugio del electorado en partidos que propugnan soluciones extremas responde a una mezcla de factores, siendo el principal el recelo hacia la inmigración.

Según Jamie Bartlett, responsable del programa de violencia y extremismo en Demos, una reputada casa de análisis londinense, la inmigración “es el elemento principal: los extremismos llevan años creciendo y obedecen a cambios estructurales en la sociedad, que teme no poder integrar al diferente”.

Sin embargo, el tema del avance de los grupos ultraderechistas no sólo ocurre en Francia, ya que en Grecia el partido neonazi Aurora Dorada entró en el Parlamento en 2012, luego de obtener el 7% de los sufragios en las elecciones.

Además, en el Reino Unido, el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés) lleva tiempo marcando la agenda política al Gobierno de David Cameron, que ha endurecido las políticas relativas a la inmigración. Esta colectividad tiene una intención de voto cercana a uno de cada cinco electores, según un sondeo del mes de mayo.

Esta formación ultranacionalista ha crecido al calor del carisma de su líder, Nigel Farage, y de sus recelos hacia el extranjero.

El seguidismo de la agenda extremista perjudica a los grandes partidos, debido a que, tanto en Reino Unido como en Francia, las grandes formaciones han intentado responder al descontento de la ciudadanía con medidas más duras frente a la inmigración.

Sin embargo, el resultado es que quienes suben como la espuma son los impulsores de ese ideario: la ultraderecha.

Ya el ex presidente del Gobierno español, Felipe González, explicaba el jueves en Bruselas que “hay un riesgo de que en las elecciones a la Eurocámara los partidos proeuropeos pierdan fuerza: el ascenso de los extremismos combinado con esa fragilidad de los europeístas es muy preocupante”.

Para el miembro del think tank Council on Foreign Relations, Charles Kupchan, “la principal causa de la creciente fortaleza de los partidos extremistas es el declive económico, que ha vuelto a los votantes enfadados con los partidos mayoritarios. Pero también ayudan otras causas, como la inmigración y la globalización, que tienden a incentivar el nacionalismo y la reacción al cambio”.

El artículo también explica que resulta inevitable vincular el ascenso de estas opciones políticas a la crisis económica, a pesar que no hay una relación de causalidad exacta. “Los movimientos populistas vienen de lejos, y la crisis, corolario de la globalización de los últimos 30 años, actúa como un ácido corrosivo que les facilita el camino”, precisa.

Además, tal vínculo no del todo claro con las estrecheces económicas, es el papel que desempeña la ultraderecha en territorios que no viven la crisis, como Austria o los países nórdicos.

En Austria, que ha crecido a pesar de lo que ocurre en otros países, el ultranacionalista Partido Liberal logró hace unos días el 21% de los votos en las elecciones generales. Hay que recordar que esta formación llevó al poder al fallecido Jörg Haider, quien aún está presente en la memoria europea como el primer líder de la UE con un discurso abiertamente ultraderechista.

En Noruega, en tanto, el Partido del Progreso obtuvo el 16% de los sufragios en las elecciones del mes pasado, aunque hay que señalar que con respecto a los comicios anteriores ha perdido una cuarta parte de los apoyos.

En Dinamarca, un porcentaje similar al logrado por los radicales noruegos consiguió el Partido del Pueblo, mientras que los Demócratas Suecos duplicaron su presencia en las últimas elecciones (hasta el 10%) y los Auténticos Finlandeses van segundos en las encuestas con un 19% de las preferencias.

En mayo próximo se enfrentarán todas estas agrupaciones radicales en las elecciones europeas, lo cual conlleva el riesgo que tanto los Parlamentos nacionales y la Eurocámara se llenen de diputados antieuropeístas.

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