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No, Schwenke, no has muerto

por 30 junio, 2012

Los 80 nos marcaron y tu música (la de ustedes) acompañó el dolor y la esperanza. Sutiles y empapantes, como leve y tupida lluvia valdiviana, esas canciones se quedaron en nuestras casas, en nuestras mentes. Nos hicieron mejores y más valientes.
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Ella sabía que, de frente, no podía contigo. Cuando vino así siempre le diste batallas jugando a ganador. Ella sabía, la muerte, que para vencerte debía ser traidora. Cada vez, antes, que se anunció —con amenazas del poder dictatorial durante la negra noche; con enfermedades graves y varias— le presentaste tu fuerza increíble. Y venciste.

Esta vez, había aprendido. Agazapada, esperó tu descuido ese jueves por la tarde. Y te abrazó, arteramente.

Pero tu muerte, Nelson Schwenke, no es cierta. Ni verdad que hayas quedado en un cementerio de Concón.

Los 80 nos marcaron y tu música (la de ustedes) acompañó el dolor y la esperanza. Sutiles y empapantes, como leve y tupida lluvia valdiviana, esas canciones se quedaron en nuestras casas, en nuestras mentes. Nos hicieron mejores y más valientes.

Se te ha visto en remolinos con el viento en los resabios de los bosques nativos del sur; te han divisado bailando con la Pincoya en Chiloé, subido a un lanchón en el Calle Calle. Se te verá cantando con Marcelo Nilo en un sindicato; escuchando en una asamblea. Aseguran que sigues ejerciendo la ironía y la ternura en la mesa familiar, en el grupo con los amigos.

No, Schwenke, no has muerto ni podrá La Parca llevarte tan fácil. Seguirás en las visiones de quienes te conocieron de cerca o de lejos. Seguirás subiendo a los escenarios a desplegar tu poética musical sensible y consciente hasta los huesos. Seguirás luchando por la vida —la tuya, la nuestra, la de todos en cualquier lugar—, seguirás haciéndonos mirar la realidad con lucidez, con valentía; sin mentiras ni edulcorantes pero con dulzura y belleza. Seguirás conversando la vida, tramando el futuro.

Los 80 nos marcaron y tu música (la de ustedes) acompañó el dolor y la esperanza. Sutiles y empapantes, como leve y tupida lluvia valdiviana, esas canciones se quedaron en nuestras casas, en nuestras mentes. Nos hicieron mejores y más valientes.

Has dejado la vara muy alta, Schwenke. Quisiste un mundo mejor. Sin datos terribles de la Unicef. Sin violencia. Con sentido. Quienes te hemos querido y te queremos tenemos el imperativo de seguir tu huella coherente. Ten por seguro que Marcelo y tu gente podrán. Los demás lo intentaremos. Y hoy, no me despido de ti. Sé que nos encontraremos en la Luz.

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