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martes, 25 de junio de 2019 Actualizado a las 03:10

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Tragedia en Bangladesh: ¿Cuánto cuesta la moda?

por 2 junio, 2013

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Si queremos evitar que la pobreza y el maltrato de trabajadores -en Chile o cualquier lugar del mundo – financien nuestro “bienestar”, necesitamos el compromiso y la coordinación de esfuerzos de muchos actores. Ese liderazgo debe, idealmente, ser asumido por empresas comprometidas con el desarrollo sustentable. Son ellas las que deben generar y perfeccionar mecanismos de trazabilidad para evitar estos abusos e incorporar los costos reales de la producción de los bienes.
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La reciente tragedia en la ciudad de Daca, Bangladesh, que cobró 1.127 muertos y dejó a 2.438 heridos por el derrumbe de un edificio que albergaba varias fábricas textiles proveedoras de grandes marcas occidentales revela uno de los aspectos más oscuros de la economía global. El modelo de negocios de la moda rápida (fast fashion) cultiva el gusto de los consumidores por vestuario de marca a precios bajos, tan bajos que les permite comprar nuevas prendas en la misma temporada.  Las empresas, por su parte, se evitan el problema de guardar grandes volúmenes de mercadería que terminada la temporada vaya a liquidación.

¿Cuánto cuesta una blusa o un vestido de moda? Probablemente, muchas de esas prendas “imposibles de resistir” son cortadas y cosidas en países como Bangladesh donde la pobreza, que alcanza a un 32%  según el Banco Mundial,  provee a los fabricantes de mano de obra barata. Y donde la fiscalización de las condiciones laborales es tan laxa que en los últimos 8 años, antes de la tragedia de Daca, se contabilizaban ya más de 1.000 muertes  por incendios y otros accidentes, según el Foro Internacional de Derechos Laborales.

Si queremos evitar que la pobreza y el maltrato de trabajadores  -en Chile o cualquier lugar del mundo –  financien nuestro “bienestar”, necesitamos el compromiso y la coordinación de esfuerzos de muchos actores. Ese liderazgo debe, idealmente, ser asumido por empresas comprometidas con el desarrollo sustentable. Son ellas las que deben generar y perfeccionar mecanismos de trazabilidad para evitar estos abusos e incorporar los costos reales de la producción de los bienes.

Si en algún momento los supuestos teóricos de la RSE sentenciaron que las malas prácticas empresariales serían no sólo reprochadas, sino también castigadas por los consumidores (por ejemplo, dejando de comprar), en el caso de esta industria definitivamente no se cumplen porque el incentivo del precio bajo es demasiado grande como para quebrar la intención de compra por condicionantes éticas.  Según consigna el diario inglés The Guardian, a pesar de la amplia resonancia que ha tenido el accidente en los medios de comunicación y las redes sociales, las ventas no han disminuido, han aumentado.

No ha sido la presión de los consumidores, sino la de agrupaciones como la Federación Internacional de Sindicatos IndustriALL, que junto al sindicato global UNI, lograron la semana pasada que Inditex (Zara), H&M, PVH, Tchibo, C&A, Primark, Tesco y El Corte Inglés se comprometieran mediante un acuerdo de obligado cumplimiento a promover inspecciones independientes de seguridad en el sector textil y la difusión pública de sus resultados, así como reparaciones y renovaciones obligatorias con el objetivo de garantizar la seguridad en los talleres textiles.

No obstante la situación económica de Chile es distinta a la de Bangladesh, el  tema de la precarización del empleo no es ajeno a nuestra realidad. La escasez de mano de obra en algunos sectores ha sido el contexto en el cual se han dado casos de grupos de inmigrantes contratados en condiciones deficientes e ilegales.  En 2011, 55 ciudadanos paraguayos denunciaron a un  empresario nacional que los contrató por trabajo no remunerado y en condiciones de esclavitud  en una de sus propiedades agrícolas. Y en los últimos días se ha empezado a investigar la situación migratoria de un centenar de trabajadores bolivianos contratados por una empresa en la ciudad de Molina, VII Región, para instalar postes de alta tensión para una empresa eléctrica.

Pero no todas las noticias son malas. Al ser consultadas por sus prácticas, algunas de las más importantes empresas de retail socias de ACCION RSE han reportado acciones concretas, orientadas a evitar que los productos que ofrecen en el mercado nacional provengan de fábricas con condiciones de trabajo inadecuadas.

Una de ellas consiste en la utilización de una herramienta on line (ofrecida por una compañía inglesa y ocupada hoy globalmente por grandes firmas multinacionales) que guía a las empresas a gestionar de forma más responsable y sustentable a sus proveedores. Entre sus más importantes  beneficios es que funciona como un sistema colaborativo ya que éste no busca sancionar, castigar o cambiar a los proveedores, sino proponer cambios.

En el caso de otra empresa, se asumen compromisos expresos para evitar el trabajo infantil en sus proveedores, entre los que se cuentan la dictación del curso “producción responsable” y una serie de acciones preventivas que incluyen visitas a las fábricas e inspecciones con proveedores nacionales e internacionales. Y en otra, se realizan auditorías de manera periódica para clasificar a los fabricantes según el cumplimiento de los estándares exigidos. Todos estos esfuerzos son, sin duda, importantes avances aunque falta mucho por desarrollar.

Si queremos evitar que la pobreza y el maltrato de trabajadores  -en Chile o cualquier lugar del mundo –  financien nuestro “bienestar”, necesitamos el compromiso y la coordinación de esfuerzos de muchos actores. Ese liderazgo debe, idealmente, ser asumido por empresas comprometidas con el desarrollo sustentable. Son ellas las que deben generar y perfeccionar mecanismos de trazabilidad para evitar estos abusos e incorporar los costos reales de la producción de los bienes. Ese esfuerzo deberá ser apoyado por el Estado, mediante instrumentos efectivos de fiscalización y de coordinación con  los países de origen,  y también por una actitud vigilante y comprometida de los consumidores, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

Ese sería el mejor tributo que podríamos hacer a esos 1.127 mártires antes que la amnesia colectiva que nos acecha cada vez que se ve comprometido nuestros anhelado “bienestar”, los borre de nuestra memoria.

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