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Candidaturas y aborto terapéutico. ¡Elija informado!

por 8 octubre, 2013

No debemos olvidar que, el año 2012, nuestro Senado votó en contra de la idea de legislar respecto de la despenalización del aborto en casos específicos y, dicha elección se resolvió por 15 votos contra 18. Entre los votos contrarios, destaca la de la mujer, senadora y actual candidata a la reelección, Soledad Alvear (al menos de ella, ya sabemos a qué atenernos).
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Se acercan las elecciones y, por tanto, resulta relevante saber qué piensan los candidatos parlamentarios y presidenciales que desean representar nuestros intereses, a través de los cargos públicos a los que postulan.

El entusiasmo de estos candidatos en representarnos se hace evidente al pasar por las calles del país. Carteles por aquí. Dípticos por allá. Dependiendo del bolsillo, uno que otro aviso radial o llamado telefónico (grabado, por cierto).

No obstante, el entusiasmo se diluye en algunos candidatos cuando se les consulta por su opinión respecto de la despenalización del aborto, pues no todos han expresado cristalinamente sus posturas a este respecto.

En efecto, y sólo a modo de ejemplo, quisiera traer a colación los casos de los candidatos a diputado, Sebastián Pavlovic (distrito 21), y a senador, Alberto Undurraga (circunscripción 7), ambos del partido Demócrata Cristiano.

No debemos olvidar que, el año 2012, nuestro Senado votó en contra de la idea de legislar respecto de la despenalización del aborto en casos específicos y que dicha elección se resolvió por 15 votos contra 18. Entre los votos contrarios, destaca la de la mujer, senadora y actual candidata a la reelección, Soledad Alvear (al menos de ella, ya sabemos a qué atenernos).

El primero posee una página web, ha escrito columnas sobre la materia, pero nunca se ha pronunciado directamente en relación a cómo votaría si se presentara un proyecto de ley que despenalizara el aborto en casos de inviabilidad producto de graves malformaciones y violación (algo que, por lo demás, es un compromiso de campaña de Michelle Bachelet  –su líder y con quien todos aparecen muy “acurrucados” en sus pancartas– y de otros candidatos). En efecto, vía twitter, sólo ha señalado vagamente que sería necesario “revisar ciertas situaciones”. ¿Qué significará aquello en términos de una votación en el Congreso Nacional?

Por su parte, en cuanto al señor Alberto Undurraga, puedo señalar que le he pedido en persona que manifieste públicamente su opinión sobre este asunto tan trascendente para las mujeres chilenas y familias en general. Como respuesta, sólo he recibido evasivas y mensajes personales, cuando lo que una democracia demanda son pronunciamientos y compromisos públicos, formales y serios.

Lo anterior, es muy relevante a la hora de votar en una elección. Piense, por ejemplo, que en la denominada Nueva Mayoría existen distintas visiones sobre la materia. Una de ellas fue defendida por el ex precandidato presidencial, Claudio Orrego, quien, aunque contrario a mi posición sobre el asunto –y dejando en evidencia, con su inusual eslogan “creo en Dios y qué”, que no comprende el significado de un Estado Laico, en el cual los argumentos religiosos sólo obligan a quienes los profesan–, siempre dijo de frente cuál era su posición: a favor en casos de inviabilidad y en contra –¡qué horror!– en casos de violación.

Como decía, en la coalición que encabeza la candidata Bachelet, existen distintas almas (en términos políticos, no religiosos, claro está). Lo anterior, sumado a un sistema electoral binominal  –que se traduce en que los dos candidatos de un mismo conglomerado político son, en la práctica, rivales– implica que las diferencias en asuntos de índole moral, resultan relevantes para los electores. Por ejemplo, ¿el candidato Pavlovic o Undurraga tendrán la misma opinión, sobre la despenalización del aborto, que Maya Fernández o Guido Girardi, sus respectivos compañeros de lista?

El asunto a mi juicio es que, hasta el momento, visualizo abundante falta de transparencia en algunos candidatos –los mencionados son sólo algunos ejemplos–, lo cual, en definitiva, daña nuestra democracia.

No debemos olvidar que, el año 2012, nuestro Senado votó en contra de la idea de legislar respecto de la despenalización del aborto en casos específicos y que dicha elección se resolvió por 15 votos contra 18. Entre los votos contrarios, destaca la de la mujer, senadora y actual candidata a la reelección, Soledad Alvear (al menos de ella, ya sabemos a qué atenernos).

En fin, yo he vivido la experiencia de un embarazo inviable y de la partida de un hijo. Sé –por experiencia propia, lamentablemente– el daño físico y sicológico que sufren las mujeres y familias que deben pasar por esto. Sé además que, del dolor y la tortura que significa no tener la opción de decidir –sí, tortura, con todas sus letras–, nadie sale beneficiado.

Y no soy la única. En los medios, poco a poco han ido apareciendo nuevos y trágicos casos, relacionados con mujeres víctimas de un Estado que se ha negado a escucharlas.

He intentado aportar en este debate, pues creo firmemente que Chile puede más y que la clase política debe estar a la altura. He difundido públicamente mi experiencia, porque quiero creer que así se abre un camino. Quizá no debiera ser necesario exponer estas experiencias íntimas, pero, al final del día, parece ser necesario para generar una necesaria concientización acerca de la real magnitud del problema.

Por esto y mucho más, es que entre todos debemos exigir que los candidatos transparenten sus posiciones, sin letra chica. Sólo de esa forma podremos ejercer nuestros derechos de manera libre e informada.

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