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Chile cae a la tercera división espacial

por 31 diciembre, 2013

Chile cae a la tercera división espacial
Si tenemos el privilegio de contar la mayor reserva de agua dulce, grandes minerales, extensas costas, miles de islas y con los cielos más diáfanos del mundo, con expertos y recursos, ¿por qué no impulsar un liderazgo técnico-científico espacial en la región que sea soporte para las investigaciones y la cooperación en esos y otros campos?
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Luego del lanzamiento del satélite FASAT Charlie pareciera que nos quedamos en el hecho puntual, como hacemos a menudo celebrando el tercer lugar del Mundial del 62.

La comunidad civil no tiene acceso ni es integrante del desarrollo de una estrategia espacial por parte de Chile, y no estamos dando cumplimiento a las recomendaciones de la Asamblea General de la ONU sobre cooperación regional e interregional en este campo.

Las aplicaciones espaciales tienen, además, un rol preventivo en relación a los desastres y emergencias y en el monitoreo de los océanos y del borde costero. En tal sentido, cabe recordar que a fines del 2009 se entregó un proyecto de Política Espacial a las nuevas autoridades, del que nunca se tuvo noticias (como tampoco de la operación cotidiana del FASAT Charlie).

Pero hace algunas semanas supimos del exitoso lanzamiento del satélite geoestacionario boliviano Túpac Katari, con tecnología y apoyo chino (21 de diciembre), destinado a proveer servicios de Internet y telefonía a las zonas rurales, lo que nos conduce a reflexionar cómo estamos por casa.

La comunidad civil no tiene acceso ni es integrante del desarrollo de una estrategia espacial por parte de Chile, y no estamos dando cumplimiento a las recomendaciones de la Asamblea General de la ONU sobre cooperación regional e interregional en este campo.

En primer lugar, Bolivia entró a la Comisión del Espacio de la ONU (COPUOS) bajo la Presidencia de Chile en ese organismo, durante el Gobierno de la Presidenta Bachelet, con el fin –entre otras cosas–, de compartir información y crear medidas de fomento de confianza con dicho país. Al respecto, nuestra Cancillería avanzó en aquella época en muchas materias de interés, lo que no habría tenido un seguimiento apropiado.

A partir de ahora, Bolivia tendrá una información estratégica e inclusiva, privilegiada, pues los altiplánicos –por este medio–, refuerzan sus relaciones con China e indirectamente, dada la membrecía de Perú en la Apsco (organismo regional espacial que lideran China y la India en el marco de la APEC), también con nuestros vecinos del norte.

China, por su parte, profundiza su presencia tecno-científica en América Latina. En ese contexto, debe recordar la presencia del programa CBERS, sobre distribución de imágenes satelitales gratuitas por parte de China y Brasil en el continente africano. La nueva y pronta versión del CBERS se encargará de monitorear el Amazonas y de verificar las implicancias de las aplicaciones espaciales en el cambio climático global. La Agencia Espacial Europea, ESA, y la NASA deberían rápidamente adecuarse a esta nueva situación.

Este conjunto de hechos renueva la posibilidad de utilizar la observación satelital como medio judicial de prueba, tal como lo establece la doctrina, en especial en los casos de los derechos de agua y otros. Este tema se está instalando crecientemente en varias legislaciones del mundo.

Ante esta breve descripción del contexto actual mundial y en relación con nuestros vecinos del norte, Chile sigue impávido, como recordando a Eladio y Leonel. Estamos jugando en la tercera división del campo espacial, como meros observadores.

Las autoridades deben acortar la brecha, por ejemplo, ratificando nuestro interés de ser parte de la Apsco, elaborar una política espacial en la línea que está siguiendo el Instituto de Derecho Aeronáutico y Espacial, IDEA; crear una institucionalidad CIVIL que de transparencia al manejo de esta información y reformular nuestra participación en los organismos científicos mundiales. Un buen ejercicio es dar una mayor sintonía a las áreas diplomacia y ciencias.

Sería oportuno ir más allá, por ejemplo, organizando el 2015 la VII Conferencia Espacial de las Américas CEA (Chile Preside el Grupo Internacional de Expertos de las mismas, GIE, del cual fue precursor), y elaborando una agenda potente para las reuniones del Copuos del 2014 y un Panel de Alto Nivel en las Naciones Unidas, tal como se hizo en el pasado.

Si tenemos el privilegio de contar con la mayor reserva de agua dulce, grandes minerales, extensas costas, miles de islas y con los cielos más diáfanos del mundo, con expertos y recursos, ¿por qué no impulsar un liderazgo técnico-científico espacial en la región que sea soporte para las investigaciones y la cooperación en esos y otros campos?

Aparte de ello, un buen argumento sería visualizar la sinergia existente entre la tecnología espacial y los Objetivos del Milenio, identificada por la Tercera Conferencia Mundial del Espacio, UNISPACE III, y su acentuación en la Agenda post-2015, para dar impulso al objetivo de poner a Chile en órbita planetaria.

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