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Nada que debatir: ¡matrimonio igualitario ahora!

por 9 octubre, 2014

Es tiempo de mantener los brazos en alto, los pies en la calle, en el Congreso y en La Moneda. Exigir que el debate sea ahora, que no podemos esperar ni siquiera un mes más para dar inicio a este proceso, y no solamente desde las organizaciones a favor y en contra, la voz de la ciudadanía y de los partidos políticos es necesaria.
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Luego de tres años en primer trámite constitucional, después de largas discusiones en comisión, y una votación postergada luego de las presiones de la UDI, finalmente el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) será aprobado en primer trámite constitucional. Sí, en primer trámite, para luego pasar a la Cámara de Diputados, donde se espera que pueda llegar a ser aprobado antes de fin de año. Sin embargo, y más allá de la demora y los obstáculos sorteados en su tramitación, no se puede desconocer el carácter histórico del proceso legislativo del que estamos siendo testigos, el cual constituye, sin duda alguna, un pequeño pero significativo avance a la plena igualdad y, específicamente, al matrimonio igualitario.

Mientras en este país no se legisle sobre el matrimonio igualitario, continuarán existiendo ciudadanos, personas como usted o como yo, que no podrán acceder a los mismos derechos; niños y niñas que seguirán sin poder presentarse con sus amigos y amigas como una familia reconocida ante a la sociedad, solo por el hecho de ser hijos/as de padres gays o lesbianas.

Podríamos ponernos a celebrar con algarabía la aprobación del Acuerdo de Vida en Pareja, pero, lejos de ser tiempo de celebrar, es tiempo de no bajar la guardia. La estrategia de la derecha más conservadora es muy conocida, desde el retorno a la democracia se han opuesto incansablemente a los cambios estructurales que conviertan a Chile en un país donde todos y todas podamos desarrollarnos con igualdad, pasó con la ley de divorcio, lo relativo a la filiación, y para qué hablar del entrampamiento de la Reforma Educacional.

Es tiempo de mantener los brazos en alto, los pies en la calle, en el Congreso y en La Moneda. Exigir que el debate sea ahora, que no podemos esperar ni siquiera un mes más para dar inicio a este proceso, y no solamente desde las organizaciones a favor y en contra, la voz de la ciudadanía y de los partidos políticos es necesaria.

No podemos seguir siendo un país ingenuo y pensar que la derecha ha perdido espacios. Se acerca un debate intenso frente al matrimonio igualitario, donde la derecha hará gala de su mejor aliado: el miedo. El miedo a la destrucción de la familia, al desastre cultural y al fin de la moral. La Iglesia Católica será un buen aliado, no es de extrañar que ya las organizaciones pro familia y pro vida estén haciendo un lobby silencioso para poder levantar y hacerse parte de la mantención del statu quo, donde existe un número indeterminado de personas que parecieran ser ciudadanos de segunda clase, número que no podemos saber con precisión, debido a que en este país ni siquiera es seguro declarase abiertamente LGBTI.

La lógica con la que ellos entienden el matrimonio es la del sacramento, la del ritual religioso que implica ceñirse a la doctrina católica, y está bien, si se es creyente. Lo que es inaceptable es seguir con la lógica religiosa en el desarrollo de una sociedad que no debe responder ante las autoridades eclesiásticas, sino a quienes vivimos como ciudadanos y ciudadanas bajo un mismo marco jurídico laico, que expresa y acoge las diferencias, que reconoce las mismas potencialidades en sus miembros, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, y que otorga oportunidades para que estas potencialidades se transformen en actos.

La Presidenta Bachelet invita en su programa de gobierno a un debate abierto. Y es tiempo de levantarlo. Aunque, siendo justos, es dramático y falto de respeto plantear que se debe “debatir” para reconocer derechos a quienes, sin haber cometido ilícito, han sido excluidos de los mismos.

Es tiempo de mantener los brazos en alto, los pies en la calle, en el Congreso y en La Moneda. Exigir que el debate sea ahora, que no podemos esperar ni siquiera un mes más para dar inicio a este proceso, y no solamente desde las organizaciones a favor y en contra, la voz de la ciudadanía y de los partidos políticos es necesaria. Así como todos y todas nos unimos y nos levantamos el 2011 para exigir educación de calidad, es tiempo que nos volvamos a poner en marcha para exigir un trato igualitario en el reconocimiento y acceso a nuestros derechos. Que en cada comuna de Chile se hable de diversidad, que en ciudades y comunidades rurales se trate el tema con altura de miras y libre de todo prejuicio, que se discuta lejos de la teoría del miedo, que se reconozca que existimos, que somos diversos y que lo que queremos es lo que todo el resto de Chile puede hacer: casarse y ser reconocidos legalmente como familias.

La lucha, nuevamente, y al igual que con la reforma educacional, es cultural, es entender que no se exigen privilegios, que lo que exigimos es simplemente un derecho.

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