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La economía y la sociedad del cansancio

por 6 diciembre, 2014

Chile está entre los países de horarios de trabajo más prolongado en el mundo civilizado. Largas jornadas de trabajo no justamente remunerado son una de las causales de enfermedades de todo tipo que afectan a nuestros ciudadanos. Agreguemos las escandalosas desigualdades que afectan al corazón del desarrollo sustentable de nuestra sociedad.
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Según datos de la Asociación Chilena de Seguridad entre enero y octubre de este año las licencias médicas asociadas a enfermedades profesionales de la salud mental suben y llegan al 48%. Estas cifras revelan un aumento sostenido desde el 2011, cuando estas cifras por incapacidad laboral representaban el 25% del total. Estas cifras entregadas por el coordinador nacional de salud mental de la ya mencionada asociación al Diario La Tercera las complementa con el dato que en los últimos 10 años las enfermedades de origen mental han aumentado en un 82%.

En el mismo artículo el presidente del Colegio Médico, Enrique Paris añade que las patologías asociadas a salud mental, van en alza. Lo más importante, según Paris, es estudiar porque se produce este fenómeno, ¿están con sobrecarga de trabajo?, ¿están endeudados?, ¿no les gusta el trabajo?

Seguramente usted lector del El Mostrador tendrá sus preguntas del porqué las enfermedades mentales y el cáncer-por nombrar algunas- han aumentado tanto en chile y en el resto del mundo. Y sin lugar a dudas las respuestas serán múltiples y algunas nos sorprenderán. Por el momento, trataremos de ubicarnos en el mundo de hoy: En el mundo del neoliberalismo donde el consumo es el centro de la actividad desenfrenada de los individuos.

Chile está entre los países de horarios de trabajo más prolongado en el mundo civilizado. Largas jornadas de trabajo no justamente remunerado son una de las causales de enfermedades de todo tipo que afectan a nuestros ciudadanos. Agreguemos las escandalosas desigualdades que afectan al corazón del desarrollo sustentable de nuestra sociedad.

Según Zygmunt Bauman, en su libro “la globalización, consecuencias humanas” entre los mecanismos del mercado que se usan para aumentar la capacidad de consumo están el que “jamás se debe dar descanso al consumidor. Hay que mantenerlo despierto y alerta, exponerlo constantemente a nuevas tentaciones para que permanezca en un estado de excitación perpetua; y más aún, de constante suspicacia y de insatisfacción permanente”. La “vida nueva” que nos ha impuesto la globalización nos hace tener la ilusión que todos podemos alcanzar la felicidad a través del mercado. Nos hace creer que somos nosotros los que mandamos, que estamos ejercitando nuestro libre albedrío, cuando en verdad somos prisioneros de lo que nos ofrece el mercado y punto.

A lo anterior tenemos que agregar que en países como el nuestro, todos queremos ser consumidores, pero no todos están en condiciones de llevar el estilo de vida que idealizan los mass media. En sociedades estratificadas, como la nuestra, los menos pueden acceder al objeto deseado y la mayoría morirá soñando lo imposible. Las fronteras que dividen a los súper ricos y ricos de la gran masa de asalariados son cada día más solidas e impenetrables.

En la lucha diaria por lograr escalar en esta sociedad de consumo se nos va la vida. En efecto, en la búsqueda del éxito perdemos el sentido de las cosas simples y caemos en la desesperación y finalmente en la depresión. Según el pensador y filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, los seres humanos hemos optado por ser esclavos de nosotros mismos, explotarnos a sí mismo hasta el colapso. De la coerción externa del pasado hemos optado por autoexplotación voluntaria del presente: Estamos en la sociedad del rendimiento, estamos en la sociedad del cansancio.

El escalar en esta sociedad subdesarrollada con ínfulas de moderna crea seres desconectados unos de otros, manipulados, obsesivos que buscan compulsivamente aferrarse a una forma de vida que los transformará, en algún momento, en consumidores del producto soñado: En esta lucha por sobrevivir al mercado, todos somos enemigos y luchamos por no ser individuos desechados como excedentes del “proceso modernizador” del que al fin y al cabo somos meros espectadores.

La modernidad a la chilena nos trae eventos como los del metro y sus secuelas de inseguridad y miedo; Hospitales que dan vergüenza, sin medicamentos, faltos de personal: No hay nada más angustiante para un enfermo no saber si tendrá mañana el medicamento imprescindible y la atención de un especialista ; Una educación que impide la movilidad social de nuestros hijos y perpetua las inequidades, te transforma en un ser sin esperanzas; Una constitución que hace más pétrea la conducción oligárquica del país, te hace sentir que estas en una prisión sin defensa alguna para salir; Una economía que permite los abusos y la acumulación desmedida de unos pocos, te transforma en un mendigo en una sociedad caritativa que da caridad - sea por vías particulares o estatales- a los pobres, te hace sentir que das lastima y te quita la dignidad que necesitas para vivir. La pobreza que vemos en vastos sectores de nuestra sociedad es humillante y nos tendría que conmover, no para dar limosnas sino para crear una sociedad donde el bienestar alcance a la mayoría de la población.

Según datos de organismos internacionales, Chile está entre los países de horarios de trabajo más prolongado en el mundo civilizado. Largas jornadas de trabajo no justamente remunerado son una de las causales de enfermedades de todo tipo que afectan a nuestros ciudadanos. Si a esto agregamos las escandalosas desigualdades que afectan al corazón del desarrollo sustentable de nuestra sociedad, tenemos el coctel perfecto para una nuda vida.

El Banco Central entregó cifras que marcan una baja de la inversión de julio a septiembre en un 9,9%. Estamos entrando en un proceso de desaceleración económica que podría prolongarse dado los procesos recesivos en Europa, Japón y las crisis financieras que aún persisten de España y Grecia. En general siempre las crisis las pagan no los banqueros y especuladores de todo tipo sino la gran masa asalariada y las pauperizadas capas medias: El régimen neoliberal instrumentaliza radicalmente los estados de shock, prestando dinero a través del Fondo Monetario Internacional y  esos créditos los cobra- en palabras del filosofo coreano- en almas humanas. El resultado, siempre será para la sociedad afectada más desregulación, despidos, flexibilización laboral. En resumen, explica Byung-Chul Han en una entrevista al diario El País de España “una neoliberalización más dura. Y, al final, explica, estamos todos agotados y deprimidos”.

Actualmente nos dice el pensador coreano, debemos enfrentarnos a enfermedades neuronales que se derivan del actual estilo de vida occidental. La explotación a la que el individuo se somete es peor que la presión que la sociedad puede llegar a ejercer sobre él.

Estos fenómenos sociales producto de la globalización y el neoliberalismo económico descritos por los pensadores arriba nombrados nos podrían explicar de alguna manera las preguntas que se hacía el Dr. Enrique Paris al inicio de este artículo.

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