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¿Por qué el chileno no lee? La falacia del impuesto al libro

por 23 enero, 2015

La falta de lectura en Chile no pasa por un tema económico y menos de impuestos: a la gente no le interesa leer, menos culturizarse, máximo buscará en la web un resumen, pero incrementar conocimientos, intelectualizar las ideas es algo que no es necesario para el chileno.
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Por años el argumento del elevado impuesto al libro ha sido la bandera de lucha de quienes proponen sistemas de eliminación del mismo, justificándose en que el chileno no lee porque no puede acceder a buena literatura por los elevados costos.

Frente a ello realicé un experimento de ventas de libros nuevos y casi nuevos, en varios lugares de ventas online, con temáticas muy variadas y muchos de ellos contingentes, a precios irrisorios, que, de hecho, en el mercado no encontrarán, ni aun en San Diego.

Mayúscula ha sido mi sorpresa por dos hechos: el primero es que quienes preguntan son exclusivamente hombres, de lo que se deduce que la mujer lee mucho menos y sólo una literatura acotada, no intelectual. Bastante desilusionante esta situación, tomando en cuenta que el campo intelectual es y ha sido monopolizado por hombres que, en la mayoría de los casos, carecen de herramientas para entrar al mundo de las ideas dándoles una bajada práctica, es decir, son meros lectores sin resoluciones concretas. Los verdaderos intelectuales escasean en un país donde cada idea es sacada de un libro de algún gran pensador, sin opinión y criterio propios, desvaneciéndose el potencial de pensar por sí mismo. Prueba de ello es que los que se dicen intelectuales a la hora de intentar resolver conflictos son incapaces: “Ellos solo aportan ideas”. Lo banal de eso es que las ideas sin concreciones son sólo cortinas de humo y muestra fiel de un escaso análisis propositivo.

 La falta de lectura en Chile no pasa por un tema económico y menos de impuestos: a la gente no le interesa leer, menos culturizarse, máximo buscará en la web un resumen, pero incrementar conocimientos, intelectualizar las ideas es algo que no es necesario para el chileno.

Y en segundo lugar está que, pese a los valores insignificantes, aun tratándose de libros nuevos, la gente no compra.

Todo ello me lleva a concluir que la falta de lectura en Chile no pasa por un tema económico y menos de impuestos: a la gente no le interesa leer, menos culturizarse, máximo buscará en la web un resumen, pero incrementar conocimientos, intelectualizar las ideas es algo que no es necesario para el chileno.

Hoy en día, cuando todo está al alcance de un “clic” en la web, el libro ha perdido absoluto protagonismo, se ha relegado a bibliotecas estudiantiles y de modo muy escaso a los hogares, donde, por cierto, se exhibe literatura como signo de cultura-intelectual, casi como estatus, pero que raramente es tomada por sus dueños. Pienso que el tener una biblioteca en casa es de un egoísmo enorme, toda vez que, en efecto, los libros son un bien que resulta caro al lector chileno, lo que significa que la circulación de libros se debería dar en forma natural. ¿A quién le sirve una biblioteca llena si ésta no ve la luz en otras manos ávidas de lectura? Pero luego pienso en mi experimento y veo que la realidad es que existe una apatía generalizada por la buena y variada literatura. Aun cuando ella sea accesible del todo. No es un tema de impuestos, sino de idiosincrasia, no nos confundamos con falsos eslóganes.

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