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Chilenos en Forbes: una muestra más de la desigualdad que lacera a nuestro país

por 21 marzo, 2015

El contraste entre las fortunas más altas de Chile y la precaria situación salarial de la mayor parte de los trabajadores del país es brutal. No podría ser de otra manera, toda vez que las ganancias desmesuradas que se lucen en Forbes no se producen gracias a los meritos propios de estos “exitosos empresarios” y sus tan “productivas inversiones”. Estas fortunas, más bien, se gestan a partir de la sobreexplotación del trabajo y la plusvalía que de ésta se deriva gracias al sometimiento de los trabajadores en la producción de bienes materiales o simbólicos, de la cual se apropian aquellos que controlan la división social del trabajo, antropófagos neoliberales que producen y ostenta su riqueza de manera descarada.
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Iris Fontbona, viuda de Andrónico Luksic, ocupa el lugar 82 de la lista de las mayores fortunas del mundo. Esto le basta para ser la persona más rica de Chile, con un patrimonio de 13.500 millones de dólares. Horst Paulmann, dueño de Cencosud y uno de los mayores empleadores del país, ocupa el lugar 369, con US$4.400 millones de patrimonio, seguido de la familia Matte (Bernardo, Eliodoro y Patricia) en el lugar 663, con una fortuna de US$8.400 millones. A continuación aparecen Sebastián Piñera y Álvaro Saieh con US$2.500 millones cada uno, María Luisa Solari con US$2.400 millones, Julio Ponce con US$2.100 millones, Roberto Angelini con US$1.600 millones, Patricia Angelini con US$1.300 millones y Luis Enrique Yarur con US$1.200 millones (Fuente: www.forbes.com).

Al mismo tiempo, en nuestro país tenemos un salario mínimo de $225.000 (unos 375 dólares) mensuales, el cual, al menos hasta el 2016, no superará los $250.000 (417 dólares). Monto, este último que, no sabemos si inocente o sarcásticamente, algunos sectores le han colgado el calificativo de ético. Además, de manera general, de acuerdo a los recientes datos entregados por la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) 2013, se puede afirmar que en Chile se registra un considerable atraso salarial, que se ve reflejado en cuestiones como las siguientes:

El contraste entre las fortunas más altas de Chile y la precaria situación salarial de la mayor parte de los trabajadores del país es brutal. No podría ser de otra manera, toda vez que las ganancias desmesuradas que se lucen en Forbes no se producen gracias a los meritos propios de estos “exitosos empresarios” y sus tan “productivas inversiones”. Estas fortunas, más bien, se gestan a partir de la sobreexplotación del trabajo y la plusvalía que de ésta se deriva gracias al sometimiento de los trabajadores en la producción de bienes materiales o simbólicos, de la cual se apropian aquellos que controlan la división social del trabajo, antropófagos neoliberales que producen y ostentan su riqueza de manera descarada.

-          El 53,5% de los trabajadores chilenos gana menos de $300.000 y el 70% menos de $426.000 líquidos.

-          83,5% de las mujeres que tienen un trabajo remunerado gana menos de $550.000 líquidos.

-          En las ramas de actividad económica del Comercio, Construcción, Hoteles y Restaurantes, Agricultura, Pesca, Industria Manufacturera y Otros Servicios comunitarios y sociales, el 70% de los trabajadores no supera los $400.000 líquidos.

-          En Chile se registran cerca de 700 mil “subempleados”. El 50% de estos gana menos de $100.000. Además, se registran más de un millón de asalariados que no tienen contrato de trabajo y el 70% gana menos de $251.048.

-          Existen 947.247 trabajadores asalariados externos (subcontratación y suministro), que en promedio ganan 20% menos que los trabajadores contratados directamente, brecha que supera el 50% en sectores tales como Construcción, Minería, Comercio, Electricidad, Gas y Agua, Administración Pública e Intermediación Financiera.

El contraste entre las fortunas más altas de Chile y la precaria situación salarial de la mayor parte de los trabajadores del país es brutal. No podría ser de otra manera, toda vez que las ganancias desmesuradas que se lucen en Forbes no se producen gracias a los meritos propios de estos “exitosos empresarios” y sus tan “productivas inversiones”. Estas fortunas, más bien, se gestan a partir de la sobreexplotación del trabajo y la plusvalía que de ésta se deriva gracias al sometimiento de los trabajadores en la producción de bienes materiales o simbólicos, de la cual se apropian aquellos que controlan la división social del trabajo, antropófagos neoliberales que producen y ostentan su riqueza de manera descarada.

Estos doce chilenos obscenos que, en suma, sus fortunas alcanzan casi los 40 mil millones de dólares, por un lado, y los exiguos salarios que perciben gran parte de los trabajadores en nuestro país, por otro lado, nos interpelan como sociedad, exhortándonos y presionándonos a generar condiciones reales de equidad, en virtud de producir condiciones materiales optimas y, por lo tanto, de vida decente para la mayoría de la población y superar, con esto, la política de bonos y subsidios hegemónica, que no ha hecho otra cosa que reproducir una hipertrofiada desigualdad en base a ineficientes políticas de repartición de la riqueza que producen los trabajadores, demostrando con esto su fracaso actual e inviabilidad futura.

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