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Sentipensante

por 8 mayo, 2015

La queremos en el espacio público, plenamente dedicada a las tareas de Jefa de Estado, pero al mismo tiempo la queremos súper Mamá, atenta y vigilante a lo que su hijo hace o no hace, aunque ya tenga barba y le falte poco para cumplir cuarenta…
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“Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón.
Que siente y piensa a la vez. Sin divorciar el cuerpo de la cabeza
ni la emoción de la razón”.
Eduardo Galeano

Nos gustó sentipensante. Hablando desde el corazón. La quisimos así, de una sola pieza, sin divorciar la cabeza del cuerpo ni la razón de la emoción. Entre tanto político con discurso de doble curso, nos gustó el suyo de un solo pliegue. Ahí depositamos la confianza, ahí floreció su carisma, ahí se desarrolló aquello que lo que los opinólogos consideraron era una nueva forma de liderazgo y de hacer política. Débil e insuficiente para algunos, femenino o “de mujer” para otros, con todos los epítetos positivos y negativos que el segundo sexo gatilla.

Que el lugar de “Primer Mandatario” pasase a ser ocupado por una representante del "Segundo Sexo" no dejó indiferente a nadie. Menos que nadie a los POFAS. Los POFFFAS (con varias EFES: poderes Fácticos, a veces Fálicos, muchas veces Fascistas y casi siempre Fantasmas) vieron en ella el eslabón suelto de su engarzada-engrasada maquinaria de reproducción del poder socioeconómico y político. Probaron muchas maneras de romperlo usando toda la parafernalia de TV y prensa escrita, que para eso los POFAS las compraron. Caso Transantiago, caso Terremoto y, como la tercera es la vencida, caso Caval con su hijo y nuera acompañados. Y entonces ella sentipensante que hablaba desde el corazón –sin divorciar la cabeza del cuerpo ni el discurso de la emoción– no pudo seguir hablando desde el corazón porque el corazón se le rompió en mil pedazos.

La queremos en el espacio público, plenamente dedicada a las tareas de Jefa de Estado, pero al mismo tiempo la queremos súper Mamá, atenta y vigilante a lo que su hijo hace o no hace, aunque ya tenga barba y le falte poco para cumplir cuarenta…

Los POFAS supieron dar con su punto débil, que en las mujeres suele ser casi siempre el mismo: un hijo. El sagrado y complejo vínculo madre-hijo se vio amenazado y ella se derrumbó. ¿Puede llamarse traición o fue deslealtad o fue simple y pura incapacidad de mirar las consecuencias de actos que ese hijo consideró lícitos porque “todo el mundo lo hace” (lo que es verdad) sin darse cuenta de que él está lejos de ser “como todo el mundo”? Precisamente porque no es “como todo el mundo” –por ser hijo de quien es– es que los POFAS lo usan para hacer caer la popularidad de su madre y es a raíz de aquello que su vida está en la prensa y su honra en tela de juicio. Aunque curiosamente –he ahí la paradoja– su honra se pone en duda porque debió (y no lo hizo) exigir ser tratado “como todo el mundo”.

Ponemos la honra de ese hijo en tela de juicio por haber aceptado ser tratado de modo privilegiado a la hora de respaldar la petición de un crédito bancario. ¿A alguien le preocupa, quién sabe cuáles, cuántos y a quiénes van dirigidos los créditos que un banco privado otorga con cuáles respaldos y avales? A nadie. A mí tampoco. Lo que me importa es dilucidar cuál es la emoción desde la cual este hijo hizo lo que hizo para saber la medida de la herida del corazón de su madre. Cuando ella dijo que estaba dolida no se trató de una mera metáfora. Y eso nos importa porque, sabiendo el tamaño y profundidad de esa herida, sabremos el tiempo que esa madre tardará en poder volver a hablar desde el corazón, recuperar su carisma; y la gente, la confianza; y el inconsciente colectivo, el cauce de aquello que los opinólogos consideraron es una nueva forma de liderazgo y de hacer política.

¿Podrá? ¿Y cuánto tardará eso? ¿Y mientras tanto el país, qué? ¿Y estamos dispuestos a esperar apoyándola para que haga más rápido y mejor su duelo? En absoluto. Por supuesto que no. La quisimos sentipensante y ahora la queremos solo pensante. Que guarde sus emociones en el cajón de la mesita de su velador y con voz fuerte y firme se dirija al país diciendo lo que corresponde decir independientemente de lo que sienta o deje de sentir. Para eso es Presidenta.

Nos olvidamos que ella no quería serlo, que fuimos nosotros quienes se lo pedimos, única oportunidad que vimos para terminar con el lastre que la dictadura impuso. Y ella aceptó. Aun sabiendo que para su vida familiar era mejor seguir teniendo tiempo para ir de paseo al parque o a comprar el pan a la esquina. Y quizás para mitigar el abandono –que en relación a los hijos el cargo de Presidenta implica– puso a su hijo en el lugar de “Primer Damo”. Y ahí se equivocó. No debió haberlo hecho. Debió conocerlo, saber a cuáles reuniones iba y en qué negocios andaba. Para eso es Mamá.

La quisimos sentipensante, que nos hablase desde el corazón, pero eso solo cuando en su corazón había serenidad o entusiasmo. Si está en shock, si siente dolor, tristeza o amargura, entonces la queremos pensante. La quisimos sentipensante porque cuando el cuerpo y el discurso de una persona nos dicen la misma cosa, eso nos da confianza. La queremos con-fia-ble, pero no la queremos con-fia-da. Debió ser suficientemente desconfiada para prever la conducta de su hijo. Pero sobre todo debió ser total y completamente desconfiada a la hora de prever la magistral jugada de los POFFFAS con varias EFES.

La queremos en el espacio público, plenamente dedicada a las tareas de Jefa de Estado, pero al mismo tiempo la queremos súper Mamá, atenta y vigilante a lo que su hijo hace o no hace, aunque ya tenga barba y le falte poco para cumplir cuarenta. ¡Una Madre nunca deja de ser Madre!

La queremos humana con su historia de vulnerabilidades, éxitos y fracasos, amores y divorcios, prisión y tortura, exilio y desarraigo, pero al mismo tiempo la queremos sobrehumana, sin errores ni debilidades, completamente empoderada, con todas las fortalezas del mundo habido y por conocer.

“Íbamos a ser reinas pero fuimos Presidentas”. Podemos acabar como tantas veces víctimas de poderes POFFFAS o retomar el viaje de la heroína que, sometida a una difícil prueba, sentipensante finalmente vence. Que las espirituales recen y las intelectuales piensen y las ejecutivas se coordinen y las activistas se organicen. Que las artistas canten y las narradoras lo cuenten, que las energías creativas y amorosas, compasivas y luminosas, redirijan la ruta de la pesadilla al sueño.

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