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De Burgos a Ottone: la cultura también tiene su giro conservador

por 14 mayo, 2015

De Burgos a Ottone: la cultura también tiene su giro conservador
El caso de Ernesto Ottone hijo, no parece ser único. Es esta la actitud que, podemos entrever, reinará en los lineamientos institucionales, la declamación sin acción, la seguridad de tener sin entregar y, finalmente, la adhesión al amor por el statu quo. Un líder de la vieja guardia de la DC, un representante del ideario FMI y, al final, un artista “en la medida de lo posible”.
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Luego de las 72 horas formales (109 reales) que, increíble e inexplicablemente, la Presidenta se autoimpuso para confirmar su nuevo gabinete, hemos asistido a la confirmación de un escenario previsible, pero no por ello menos sorprendente: se ha consolidado la muerte de la Nueva Mayoría, el fin del proyecto que propuso la renovada Concertación, el proyecto de reformas estructurales que haría palidecer, por su osadía y grandeza, los tímidos trinos del laguismo, la Democracia Cristiana y otros dinosaurios. Sin embargo, hoy los conflictos y sus tensiones dan paso a una pampa sin contradicciones relevantes en la elite, en que la brújula será manejada por una victoriosa (pero silente) Democracia Cristiana.

Un nuevo gabinete que, comandado por Burgos –caracterizado por ser parte de la facción conservadora de la Concertación–, incluye a un ministro que fue Asesor Principal del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, que además contiene a un núcleo de hombres de Enrique Correa, cuyo pasillo resplandece de poder, desde SQM a La Moneda. Pero no solo en la política se da el giro conservador. En el Ministerio de Cultura aterriza Ernesto Ottone hijo, nombre que no pareciera familiar, salvo para los entendidos y relacionados con el medio artístico. Es el ahora ex director del CEAC, quien afirmaba hace un par de años en El Mercurio, respecto a la nueva sala del GAM, que un espacio para dos mil personas en Santiago está sobredimensionado. Nos preguntamos entonces cómo dirigirá una política cultural y artística de inclusión, si un espacio, destinado no solo a música sino que a todas las artes, para dos mil personas es para él una exageración. ¿No es acaso un menosprecio, de carácter elitista, pensar que jamás dos mil personas, entre un universo de unos 5 millones aproximadamente, se interesarán en expresiones artísticas, sean estas masivas o no? Adolfo Flores, Presidente de la Fundación Beethoven, en la misma entrevista aclara que “la evidencia muestra que sobre 1.800 butacas un teatro puede ser rentable”, e incluso basta no ir muy lejos: en Montevideo existen dos salas de estas magnitudes para una población bastante menor a la de Santiago.

Sin ir más lejos, me tocó trabajar con Ottone para el estreno de mi ópera “Renca, París y Liendres”, ganadora del Altazor 2013la que causó problemas (más que nada mediáticos) con la derecha, los que significaron el rechazo rotundo del nuevo ministro de Cultura a pensar en una nueva oportunidad de montar la ópera.

Contradictoriamente, hace unos meses Ottone acusaba que existe “un desprecio y trato discriminatorio del Estado hacia las instituciones culturales de la Universidad de Chile”, en razón de estar recibiendo menos presupuesto que hace algunos años en comparación a las otras instituciones culturales del país, pero, entonces, ¿por qué debería preferirse su criterio si él mismo piensa que actividades de este tipo no alcanzan a un gran número de gente?

Sin ir más lejos, me tocó trabajar con Ottone para el estreno de mi ópera “Renca, París y Liendres”, ganadora del Altazor 2013la que causó problemas (más que nada mediáticos) con la derecha, los que significaron el rechazo rotundo del nuevo ministro de Cultura a pensar en una nueva oportunidad de montar la ópera, según los trascendidos que me fue posible conocer y que agregaron que él tenía un largo trabajo en construir su plataforma de poder y que no lo echaría por la borda por mi obra. No pude, lamentablemente, durante esas semanas, tener una cita personal con él.

Estos días, además, en la prensa encontramos de manera casi anecdótica la historia que cuenta cómo Ravinet quitó los terrenos de Matucana 100 al Gran Circo Teatro de Andrés Pérez (al que se recordó por su natalicio en el mismo día del cambio de gabinete) para instalar el actual centro cultural, con Ottone a la cabeza, justificándose esta acción, una vez más de perfil elitista, con la preferencia por la institucionalidad cultural. Una vez más la institucionalidad y el equilibrio conservador son preferidos.

El caso de Ernesto Ottone hijo, no parece ser único. Es esta la actitud que, podemos entrever, reinará en los lineamientos institucionales, la declamación sin acción, la seguridad de tener sin entregar y, finalmente, la adhesión al amor por el statu quo. Un líder de la vieja guardia de la DC, un representante del ideario FMI y, al final, un artista “en la medida de lo posible”. No podemos más que temer e incluso oficializar el abandono de la ilusión transformadora: adiós reformas, bienvenidas reformitas.

Como predijo Alberto Mayol en su libro La Nueva Mayoría y el fantasma de la Concertación, toda idea de transformación fracasará y el grupo conservador se impondrá. Como pregonó Garretón: “Entre estas soluciones aparece siempre la idea de un gran acuerdo o consenso nacional“; y lamentablemente como recita Canio, sosteniendo un cuerpo recién asesinado cerrando la ópera Pagliacci, “la commedia è finita”.

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