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De coleccionismos y vergüenzas

por 24 enero, 2016

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Venezuela da mucho material para escribir en los últimos días. El país está, sin duda, revuelto (bueno, en realidad, siempre lo está).

Podría escribir, por ejemplo, del estreno de la nueva Asamblea Nacional ,cuya autoridad máxima desempolva el curioso, repentino y aún inexplicable liderazgo de un partido que se creía fosilizado: Acción Democrática.

Podría escribir sobre el presidente de la República, cada vez más minimizado y torpe (fotografiado en los que parecen gestos de niño castigado), que presenta ante el Poder Legislativo una Memoria y Cuenta que padece de Alhzeimer pues reconoce una crisis económica como si el culpable fuese otro.

Podría escribir que, en un país con férreo control de cambio desde hace más de una década, al presidente del Banco Central de Venezuela le roban 300.000 dólares y 40.000 euros de su apartamento playero. La discusión en los medios no parece centrarse en la pregunta ¿de dónde sacó tal cantidad de dinero?, sino en la identidad de la supuesta ladrona del sesentón: su amante menor de edad.

Podría escribir de un caso tan atroz como lo fue el secuestro de una pareja y sus dos niñitas en Caracas. Como no tenían dinero para pagar el rescate, los quemaron vivos dentro de su auto. En un país donde el crimen es pan diario, ya un horror así no es noticia de primera plana.

Que a alguien le guste el lujo, no es delito, diría el millonario Donald Trump. Cada quien hace con su dinero lo que le venga en gana. Pero que los máximos líderes socialistas demuestren tales debilidades por los íconos del “imperio” y del mercado capitalista del que tanto denostan y derrochen -con un consumismo escandaloso- parece ser contradictorio con sus supuestos principios revolucionarios

Pero no quiero escribir sobre nada de eso. Otros –que están allí, tan cerca de los sucesos- lo han hecho. Quiero centrarme en una nota light (si es posible algo light en Venezuela). Digamos que ésta es una reseña sobre moda.

Sobre la moda de una Primera Dama.

En realidad, sobre la moda de una Primera Dama en un país donde la gente no tiene qué comer, donde hay un 87% de desabastecimiento en productos de la cesta básica, reconocido por el Banco Central de Venezuela (lo que significa que hay más). Donde la inflación de 2015, según reporte tardío de ese mismo organismo, fue de 108, 7% hasta septiembre (pero que los economistas afirman supera el 270%).

Bueno, teniendo como contexto ese país, donde una Nutella cuesta más que el salario de un trabajador, escribo esta reseña sobre una Primera Dama que es coleccionista de lentes Cartier, Dolce y Gabanna y Tous. Tiene decenas, han reportado varios medios venezolanos, entre ellos La Patilla y Konzapata.

También colecciona joyas (y “joyitas”, pero de ellas hablaremos más adelante). De la cantidad de oro y diamantes que luce en sus dedos y orejas han escrito numerosas páginas web. Informe21 indicó, por ejemplo, que un dije con la firma de Chávez que ella llevaba en el cuello costaba el equivalente a 21 salarios mínimos en junio de 2015, es decir, casi dos años de trabajo de un venezolano.

Y de las carteras Chanel, ni hablar. Le sobran. Y las exhibe, impúdica, indiferente a que no hay leche ni papel sanitario en los mercados. En septiembre de 2015, muchos diarios y páginas web venezolanos (entre ellos El Nacional) mostraron una fotografía de la cartera modelo Black Caviar que la primera Dama lució en su viaje a Pekin. Precio del producto: 4.500 dólares, es decir, el equivalente a 479 salarios mínimos para ese entonces.

Ahora bien, que a alguien le guste el lujo, no es delito, diría el millonario Donald Trump. Cada quien hace con su dinero lo que le venga en gana. Pero que los máximos líderes socialistas demuestren tales debilidades por los íconos del “imperio” y del mercado capitalista del que tanto denostan y derrochen -con un consumismo escandaloso- parece ser contradictorio con sus supuestos principios revolucionarios, más aún porque mientras la Primera Dama tiene un stand de monturas, en estos momentos ningún venezolano se puede comprar ni un solo par de anteojos. Los inventarios de lentes de contacto y de cristales prácticamente se acabaron hace meses en mi país por falta de divisas, según la web EntornoInteligente. Y quienes nos fuimos a otras tierras sobrevivimos con lentes de fórmulas vencidas.

Entonces la Primera Dama presume de coleccionar marcas de diseñador, mientras en Venezuela faltan, además de alimentos, medicamentos e insumos médicos. Todos los diarios venezolanos reseñaron en diciembre la muerte de un niño de 3 años de edad por la falta de tratamiento para el cáncer que padecía. Fue una de las tantas víctimas anónimas de la crisis hospitalaria. No hay plata para salud ni educación, pero sí hay para los lujos de la dirigencia chavista.

Y mientras la señora del presidente luce un inventario de modelos exclusivos, los venezolanos coleccionan aumentos de precio. Un kilo de uvas es el equivalente a lo que cobra un trabajador en una quincena. Un kilo de cebollas cuesta lo que se gana en tres días de trabajo.

Pero la “Primera Combatiente” (como la llama su esposo) tiene otros hobbies. También colecciona familiares en cargos públicos. A pesar de que el nepotismo es tipificado como delito en la Convención contra la Corrupción de las Naciones Unidas, 47 miembros de su familia fueron estratégicamente ubicados en diversos puestos de la Asamblea Nacional, denuncia que desde hace años han hecho varios medios de comunicación venezolanos. Además, algunos de los suyos tienen o han tenido altos cargos en el Ejecutivo y en la petrolera estatal.

Por si fuera poco, colecciona empresas en el extranjero, o al menos lo hacen sus parientes. Según investigaron los portales Runrunes y Poderopedia la familia de la Primera Dama registró 16 compañías privadas en Panamá desde que Maduro está en el poder.

Ah, y no contenta con sus múltiples posesiones, también colecciona “joyitas”. Dos de sus sobrinos (“narcosobrinos” los bautizó la prensa) fueron detenidos por la Dea en Haití en un intento por introducir 300 kilos de cocaína a Estados Unidos, noticia que fue reseñada por medios de todo el mundo.

Definitivamente, los venezolanos no nos parecemos a la señora de Maduro. No coleccionamos joyas, ni lentes de marca, ni carteras Chanel. Los venezolanos coleccionamos colas, dolores, angustias, carencias, muertos.

Pero también coleccionamos dignidad.

En cambio, la Primera Dama de Venezuela, Cilia Flores, será recordada, sobre todo, por su colección de vergüenzas.

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