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Tu voz vale: la experiencia de un cabildo abierto

por 22 junio, 2016

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¡Lo logramos! Llegamos diez seres a cocrear y soñar una nueva forma de vida, más consciente y evolucionada para nosotros, los niños, los adultos mayores, la naturaleza y los animales. Jamás olvidaré este primer reencuentro político, cívico y lleno de inspiración.

Fue un hito en mi vida haber logrado el quórum, parecía fácil, pero no lo fue, sobre todo cuando hay personas que no conoces. Coordinar, entusiasmar y esperar a diez personas para participar en este acto cívico y democrático fue toda una aventura.

Comenzamos meditando. Fue fundamental llegar, asentarnos y encender el fuego para lograr una sintonización colectiva. Después de esto y contar con una mesa llena de tés, café, chocolate caliente, frutos secos, galletas y queques, comenzamos.

Este encuentro también tuvo un sello especial, porque con quien lo organicé resultó ser una gran amiga del colegio, a quien no veía hacía más de 14 años. Ella también es periodista y bailarina.

La primera ronda fue presentarnos y rápidamente abrir el corazón para compartir a qué veníamos y cuáles eran nuestras expectativas, invitación que dio forma a la figura simbólica de la semilla que cada uno quería aportar y seguir regando en esta sociedad.

Fue un grupo diverso en conocimientos y saberes. Economistas, profesores, terapeutas y periodistas nos reunimos con el fin de aprender y recordar que todos somos seres humanos y que estamos cansados de caer en el individualismo extremo que genera el sistema legitimado por esta constitución.

En este diálogo el desafío fue cómo equilibrar un sistema individualista centrado en la competencia y producción, al igual que la importancia de reconciliarnos pacíficamente con nuestros pueblos originarios, volver a revisar el lema de nuestro escudo nacional, “por la razón o por la fuerza”, y activarnos responsablemente como ciudadanos. Y agradeciendo la posibilidad de reunirnos a dialogar en democracia, luego respetando las diferencias, considerando la dignidad y empatía como ejes centrales.

En el ambiente se sentía una renaciente filosofía, arte, sensibilidad y entusiasmo para lograr acuerdos. Ser testigo de este profundo sentir y pensar de quienes no conocía, fue una sorpresa. Al igual que apreciar el aporte de cada visión frente a lo que surgía.

En la segunda ronda de preguntas, donde tuvimos que elegir siete derechos fundamentales, nos dimos cuenta de que nuestras inquietudes personales no tienen mucho sentido si no tengo conexiones con los otros. Por esta razón un derecho fundamental para nosotros se centró en el Bien Común/Comunidad, pues establece un macroentendimiento donde todos somos llamados a ser felices y vivir una vida de calidad, velando por un bienestar mayor al personal, pero desde una lógica del win win ( ganar ganar) en vez del “tú pierdes, yo gano”.

Quisiera destacar, de este cabildo abierto local, lo importante que fue el derecho de establecer el respeto como guía ante todas las decisiones y acciones para el país y sus ciudadanos y, por sobre todo, el respeto a la conservación de la naturaleza. Hay una preocupación generacional en las personas más jóvenes, futuros padres, por el cuidado de la Tierra, como un patrimonio relevante que debemos proteger, pues lo sucedido en Chiloé es un claro ejemplo de la negligencia política que aún permitimos que ocurra.

Interesante fueron los acuerdos frente a los derechos por el respeto, la conservación a la naturaleza, los deberes con los niños, adolescentes, adultos mayores y la protección animal. Nos demoramos en total seis horas en elegir los derechos fundamentales, deberes y responsabilidades, e instituciones que creíamos importante considerar en la nueva Constitución.

Son tantas opciones posibles que decidimos centrarnos en los más generales para poder abarcar completamente sus diferentes aristas, así establecimos en conjunto una dinámica que nos orientó hacia todas nuestras decisiones.

Quisiera destacar, de este cabildo abierto local, lo importante que fue el derecho de establecer el respeto como guía ante todas las decisiones y acciones para el país y sus ciudadanos y, por sobre todo, el respeto a la conservación de la naturaleza. Hay una preocupación generacional en las personas más jóvenes, futuros padres, por el cuidado de la Tierra, como un patrimonio relevante que debemos proteger, pues lo sucedido en Chiloé es un claro ejemplo de la negligencia política que aún permitimos que ocurra.

A su vez, dentro de nuestras reflexiones, logramos identificar lo infelices que somos en el trabajo, al no contar con instancias de encuentro, receptividad y bienestar, como un aspecto fundamental para mantener una salud integral física y psíquicamente. Celebro el acuerdo por un programa de bienestar y felicidad en las jornadas laborales con el fin de inspirar, recrear, capacitar y, al mismo tiempo, adherir positivamente al trabajador en su integración social, emocional y mental a los objetivos de cada equipo y ADN corporativo.

Sin duda que este encuentro es el primero de muchos y abre una puerta de real escucha para todos quienes queremos transformar positivamente esta sociedad. Historia para compartir y recordar junto a los sobrinos, hijos o nietos.

En agradecimiento y respetando a todos los seres sintientes, que también salieron como claves dentro de las conversaciones, la jornada finalizó alegremente como un logro personal y grupal, que se manifestó en armonía y que nos hizo reflexionar más allá de nuestro ombligo.

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