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El proceso constituyente desde una perspectiva dialógica

por 24 julio, 2016

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Este fin de semana se iniciaron los cabildos provinciales como parte del denominado proceso constituyente, que se espera decante finalmente en una nueva Constitución Política para Chile. A ellos seguirán posteriormente los cabildos regionales. Dado el positivo resultado de los encuentros locales autoconvocados, es razonable ser optimistas respecto de esta nueva etapa de diálogos ciudadanos que está pronta a comenzar.

Resulta interesante reflexionar sobre la relevancia y el potencial de espacios de discusión como éstos, dadas sus múltiples implicancias y teniendo en cuenta el gran interés que despertó en miles de chilenos que estuvieron dispuestos a participar y discutir con otros sobre la Constitución que queremos. Desde la filosofía moral y política, un prisma de análisis del todo pertinente y aportador lo encontramos en los planteamientos de Jürgen Habermas, filósofo alemán que ha dedicado su vida al abordaje de la tríada comunicación, esfera pública y razón, y que en las dos últimas décadas ha puesto el énfasis en el campo del derecho como espacio de despliegue ciudadano, con miras a una producción más democrática del mismo.

En tal sentido, desde la mirada habermasiana se releva la generación de procesos discursivos o comunicativos como forma de abordaje de cuestiones relativas a normas en las sociedades modernas, reconociendo que ello no es tarea exclusiva de los representantes de la ciudadanía, sino que concierne a la sociedad toda y requiere la participación activa de sus miembros. Siguiendo la impronta de Kant, Habermas visualiza a los sujetos como autolegisladores, es decir, como seres autónomos con capacidad para darse sus propias normas. El derecho, a su juicio, debe ser entendido como una co-producción a nivel societal.

Teniendo esto en cuenta, en relación con los encuentros locales ya realizados y con los cabildos provinciales y regionales por comenzar, es posible relevar al menos los siguientes aspectos.

Primero, la figura de sujeto que emerge como protagonista de estos espacios dialógicos, y que asume características como: ser autónomo, estar interesado en los asuntos propios de su comunidad circundante (siguiendo la impronta aristotélica del animal político), poseer competencia comunicativa y estar orientado al entendimiento con otros por medio del lenguaje. Todo ello, en mayor o menor medida, ha estado presente en los encuentros locales, especialmente la disposición al entendimiento y la preocupación por un tema en común de tanta importancia como es la creación de una nueva Constitución. De otra forma, cómo explicar los más de quince mil encuentros locales autoconovocados en esa primera etapa.

 La experiencia de los encuentros locales demostró que para participar en ellos no hacía falta ser expertos en derecho y que, por el contrario, eran en sí mismos instancias de aprendizaje e intercambio de saberes, valores y cosmovisiones. Probablemente, el debate sobre el apartado “Instituciones” reflejó con mayor nitidez el potencial de aprendizaje de espacios como éstos, entendiendo que los participantes no necesariamente conocían o comprendían a cabalidad la naturaleza y sentido de cada una de las instituciones propuestas para la discusión en la guía metodológica que orientó dichos encuentros. De paso, el abordaje de este apartado reflejó una vez más el vacío en cuanto a educación cívica que sigue aquejando a la sociedad chilena.

Segundo, para Habermas los espacios de discusión sobre asuntos públicos requieren de ciertas condiciones indispensables, entre ellas: la simetría al momento de participar en un proceso discursivo (todas las opiniones tienen/deben tener igual valoración), la igualdad de oportunidades para intervenir y aportar, la no coerción para hacerlo libremente, la susceptibilidad de consenso compartida, la corresponsabilidad de todos los participantes. Nuevamente, es posible advertir que tales condiciones son bastante cercanas a lo que se puso en práctica en los encuentros locales, destacando especialmente la noción de corresponsabilidad en torno al destino de la Carta Fundamental de nuestro país.

Tercero, espacios discursivos como estos permiten el despliegue de lo que podría denominarse una «función cognitiva» o «potencial epistémico» propio de los procesos comunicativos, pues posibilitan la libre circulación de argumentos y permiten a los participantes formar sus propias opiniones, refrendando o modificando sus visiones y tomas de postura a favor o en contra de las materias en debate, justamente gracias a la incorporación de diversos elementos de análisis que no necesariamente eran conocidos antes de entrar en diálogo. Todo esto permite a los participantes acceder a la riqueza de los saberes de otros, a la vez que amplía sus posibilidades de comprensión del mundo y de su diversidad inherente. La experiencia de los encuentros locales demostró que para participar en ellos no hacía falta ser expertos en derecho y que, por el contrario, eran en sí mismos instancias de aprendizaje e intercambio de saberes, valores y cosmovisiones. Probablemente, el debate sobre el apartado “Instituciones” reflejó con mayor nitidez el potencial de aprendizaje de espacios como éstos, entendiendo que los participantes no necesariamente conocían o comprendían a cabalidad la naturaleza y sentido de cada una de las instituciones propuestas para la discusión en la guía metodológica que orientó dichos encuentros. De paso, el abordaje de este apartado reflejó una vez más el vacío en cuanto a educación cívica que sigue aquejando a la sociedad chilena.

Al respecto Habermas remite a algunas investigaciones de otros autores que han estudiado los efectos de los procesos de argumentación o discusión colectiva sobre las opiniones y tomas de postura de sus participantes, y refiere al menos a los siguientes hallazgos: i) Se constata un impacto favorable de la participación en un discurso en la formación de opiniones razonadas; ii) Se desprende una orientación al consenso por sobre la polarización de opiniones; iii) Se genera asimismo un refinamiento y una ampliación de las argumentaciones; iv) Se observa que los argumentos se despliegan con independencia de las relaciones interpersonales involucradas, y; v) Se registra un aumento de la confianza en los procesos argumentativos como forma de resolución de problemas. Esto se daría, de acuerdo con la previsión habermasiana, especialmente en el formato de pequeños grupos, tal como ocurrió con los encuentros locales, que oscilaron entre los 10 y los 30 participantes.

Si a esto se añade el cumplimiento de condiciones previas indispensables, como las explicitadas anteriormente, es posible establecer la presunción de racionalidad para los resultados obtenidos de los procesos discursivos, tal como podría pensarse de los resultados en torno a cuestiones como los valores y principios que deberán guiar la nueva Constitución, o los deberes y derechos que establecerá para los ciudadanos. Todo ello es lo que cabe esperar de las etapas que vienen, entendiéndolos como espacios dialógicos altamente enriquecedores y democráticos para la sociedad chilena.

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