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Un desafío multidimensional

por 23 septiembre, 2016

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Hemos recibido los resultados de la Encuesta CASEN 2015. Lo primero que hay que decir –y reconocer– es que Chile continúa disminuyendo la pobreza. A pesar del contexto adverso, de la disminución del crecimiento económico, del aumento del desempleo, en Chile hay menos pobres que hace dos años.

Hay que celebrar también que la medición multidimensional se conserve, puesto que permite focalizar mejor las políticas públicas.

Como país hemos evolucionado al plantear que ser pobre no consiste solo en tener plata sobre un cierto nivel mínimo, sino que hemos reconocido que ser pobre también es carecer de niveles mínimos en educación, salud, trabajo y vivienda. Nuestra visión hoy es más amplia.

Además, es necesario felicitar la incorporación de dimensiones de entorno, porque el contexto donde uno vive, más allá de la casa misma, también enriquece o empobrece; así como la nueva dimensión de redes y cohesión social, dado que mayores y mejores vínculos obviamente mejoran la calidad de vida.

Dicho lo anterior, ¿cuál es el nuevo desafío? Es evidente que, a medida que disminuye la pobreza, el grupo de personas que va quedando en esa situación es más difícil de ayudar a que salga. Por una parte, porque la distancia al nivel suficiente para decir que no es carente, es una distancia mayor. Por otra parte, porque las personas que van quedando, probablemente, concentran más carencias también. Lo primero va a pedir a la política pública mayor inversión y mayor intensidad, con apoyos previsiblemente más largos. Lo segundo va a pedir un trabajo mucho más interdisciplinario.

Es evidente que, a medida que disminuye la pobreza, el grupo de personas que va quedando en esa situación es más difícil de ayudar a que salga. Por una parte, porque la distancia al nivel suficiente para decir que no es carente, es una distancia mayor. Por otra parte, porque las personas que van quedando, probablemente, concentran más carencias también. Lo primero va a pedir a la política pública mayor inversión y mayor intensidad, con apoyos previsiblemente más largos. Lo segundo va a pedir un trabajo mucho más interdisciplinario.

Desde nuestro trabajo en campamentos, estos datos son sumamente relevantes. En nuestras mediciones hemos visto que la vulnerabilidad en ingresos es una causa de campamentación de las familias, pero para explicar la campamentación ello no es suficiente. Hemos visto cómo las familias que se campamentan manifiestan precariedad en muchas otras dimensiones. Vivir en campamentos no es solo un tema de plata, sino también de vínculos rotos que impiden apoyarse en alguien más, o falta de educación que perjudica las oportunidades laborales, o bajas pensiones que dificultan arrendar una pieza. De algún modo, el aumento de los campamentos va mostrando una concentración de familias pobres en muchas dimensiones.

¿Qué requerimos? Un Estado que convoque a enfrentar esto como país, más allá de los gobiernos, porque los esfuerzos requerirán cada vez más tiempo. Y que esa convocatoria sume no solo a la multiplicidad de ministerios involucrados para que actúen coordinadamente, sino que sume a organizaciones de la sociedad civil y privados que pueden aportar recursos, perspectivas y colaboración en la acción.

Mientras más fuerza tengamos, lo haremos más rápido. Mientras mejor coordinados estemos, la solución será más permanente. A propósito de la CASEN 2015, ¿podremos reunirnos a trabajar?

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