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La desintegración de Siria y la validación del terrorismo

por 15 enero, 2017

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Un panorama de amplia incertidumbre rodea a la guerra en Siria. La posibilidad de su desintegración como nación y la validación del terrorismo como herramienta política eficaz, han surgido como constataciones ineludibles. De cumplirse estos objetivos, con el tiempo, la historia a secas, relatará que después de seis o siete años de guerra, una fuerza terrorista inyectada desde afuera derrocó un gobierno, destruyó un estado y desintegró una nación.

Es probable que el propio gobierno Sirio haya contribuido a crear esa situación. Tal vez hubo fallas en la inteligencia propia, y en la de los aliados como Rusia a Irán. Era impensado al despuntar las primeras manifestaciones contra el gobierno de Assad en enero y febrero de 2011, que seis años más tarde Siria iba a estar devastada en buena parte de su territorio, todo por obra de una guerra entre un ejército regular el Árabe Sirio y un contingente de terroristas infiltrados en el país que puede haber llegado a superar los 100 mil efectivos.

Poco importará en el análisis posterior, que el resultado de estos seis años de guerra responde a una medida proxy de intervencionismo para derrocar un gobierno (el de Assad) por el constante veto de Rusia y de China para una intervención amparada por Naciones Unidas. Tampoco se utilizará como dato, que había un plan específico en Estados Unidos y la Alianza Transatlántica con el apoyo de Naciones Unidas, para modificar por completo el mapa del medio oriente. (Tercer Informe de Desarrollo Humano. Naciones Unidas. Abril 2005).

Ahora entra en el análisis el remezón de la llegada de Trump al puesto de poder con mayor influencia en el mundo. Por una parte, tiene el significado de reencausar según los primeros indicios, la reforma institucional que facilite todo el potencial de la globalización. Hay una tarea pendiente que emerge a cuenta gotas en el mensaje de Trump, y que consiste en reorganizar las zonas de alta importancia geopolítica en términos económicos. El inmenso paño de tierra que se prolonga desde Pakistán hasta el norte de África es la zona del gran déficit económico en el período post guerra fría. Aparte del petróleo, el saldo es guerra y destrucción.

Lo que hoy enfrenta Siria no es solamente la desestabilización de un Estado que ha costado una enormidad formarlo, ni la desintegración territorial con los graves costos humanos que ello implica. Lo que también está en juego es la crisis internacional que se respira a través del incremento de las acciones terroristas contra Siria y al constatar también la incapacidad o falta de voluntad política de Naciones Unidas y otros organismos del internacionalismo, para impedirlo[/cita

 

Es en este plano donde se ubica Siria. No solo como un enclave fundamental de pasaje de recursos entre Asia y Europa, sino por recursos propios. Y, lo que es más fundamental aún: la posesión de un estado bien montado y probado históricamente en responsabilidades internacionales. La pacificación de El Líbano por ejemplo.

No se conoce la estrategia de Trump y su equipo respecto al nuevo escenario bélico y de consolidación del gobierno sirio con la ayuda de Rusia e Irán. Ambas naciones constituyen con todo, parte del dossier más importante de la agenda internacional de EEUU. Ambas son las que más se han jugado el prestigio internacional protegiendo al gobierno del presidente que se quiere derrocar.

En este sentido, así como se habla y sabemos de lo que es una Siria antes y después de la intervención de Rusia en la guerra, es obligado conjeturar sobre una Siria en un antes y después de la llegada de Trump a la Casa Blanca. El antes lo sabemos, el después es la gran incertidumbre.

Sin embargo hay trazos que conducen a disminuir el rango de incertezas. A partir de la consolidación del dominio territorial de la ciudad de Alepo por parte del Ejército Árabe Sirio, y debido a la serie de atentados principalmente en Turquía y otros lugares adjudicados por el Ejército Islámico o ISIS, las tres potencias regionales con mayor involucramiento en la guerra en Siria, como son Irán, Rusia y Turquía, han comenzado a diseñar una estrategia que conduzca definitivamente a la paz en reuniones que se han llevado a cabo en las últimas tres semanas.

De ellas surgía la idea central de una posible división de Siria en zonas de influencia de acuerdo a las inclinaciones de poder de las tres naciones que están negociando. Aunque informales, esta suerte de tutelaje territorial de facto transitorio por parte de Rusia, Turquía e Irán, permitiría principalmente el control del terrorismo y la permanencia del presidente Assad por algunos años hasta el logro de la estabilidad definitiva.

Tres son los obstáculos principales para la materialización de esta idea, que tiene mucho olor a las ideas peregrinas de repartición de zonas de influencia desde el enfoque territorial con pasado colonial que emergieron después de las dos guerras mundiales del siglo pasado.

El primero corresponde a una artificial división de Siria por un reduccionismo homogeneizador de factores étnicos y/o religiosos, más que por factores culturales de mayor amplitud e inclusión. Como por ejemplo el arabismo, que comprende demográficamente con más vastedad al territorio sirio, con la excepción de las zonas no árabes de los kurdos al noreste.

El segundo obstáculo consiste en la desintegración del estado sirio como entidad unificadora del espacio territorial. Más de sesenta años de construcción de un estado bien estructurado aún formado con vicisitudes de todo tipo, entre ellas golpes de estado, no pueden irse al tacho por una guerra inventada como parte de un diseño externo de remodelar institucionalmente la región. Los setenta años de formación de un estado nacional a partir de la independencia en1946, le han otorgado a Siria una identidad geográfica poderosa. De esos setenta años, más de cuarenta corren por cuenta de la administración estatal centralizada bajo el partido Bath de corte socialista moderado adaptado a la cultura árabe.

Naciones Unidas, que ahora encabeza el avezado político portugués Antonio Guterres, no podría avalar semejante distorsión, aunque Naciones Unidas se haya habituado por razones de pragmatismo y propia supervivencia a las distorsiones que llevan a desastres, por ejemplo el Número 1: crear el estado de Israel y dejar a los palestinos sin estado por más de medio siglo.

El tercer obstáculo es la inconveniencia de estimular una partición de Siria, no solo por el precedente, sino por el expediente del uso de una fuerza terrorista que si bien, está siendo diezmada, igual pudo poner el límite de la desintegración total a un estado fuerte y sólido como el de Siria. Se comprueba la tesis de que una franquicia terrorista puede actuar con éxito en función de objetivos políticos antes de ser contenida.

El cuarto obstáculo tal vez sea el más débil, por tratarse de resoluciones de Naciones Unidas que son tratadas a menudo como declaraciones de principios que no se cumplen. En este plano, es importante observar el desdén del presidente electo Donald Trump hacia la utilidad del organismo. Se trata de la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de acuerdo a la cual la integridad territorial de Siria debe ser preservada. Rusia ha reafirmado su apoyo a mantener la integridad territorial de Siria y en las conversaciones entre Turquía, Irán y Rusia sobre Siria ese principio se ha consagrado.

Lo que hoy enfrenta Siria no es solamente la desestabilización de un Estado que ha costado una enormidad formarlo, ni la desintegración territorial con los graves costos humanos que ello implica. Lo que también está en juego es la crisis internacional que se respira a través del incremento de las acciones terroristas contra Siria y al constatar también la incapacidad o falta de voluntad política de Naciones Unidas y otros organismos del internacionalismo, para impedirlo. Pareciera como que la comunidad internacional toda estuviese validando la utilización del terrorismo como medio para derrocar un gobierno. Si Siria se desintegra como nación, se constituye como el nuevo paradigma para derrocar gobiernos y alterar el orden internacional.

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