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Diez años del transantiago: una década de aprendizajes

por 2 febrero, 2017

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Hace una década se inauguró uno de los proyectos públicos más polémicos del último siglo: el Transantiago, un verdadero Big-Bang para la ciudad, el transporte, sus usuarios y trabajadores. El sistema, que está ad portas de un nuevo proceso de licitación, se ha ganado el rechazo de gran parte de la ciudadanía, una impopularidad casi transversal en la que pese a todo, hay cosas que destacar, entre ellas la creación de instancias de diálogo como la Mesa Social por un Nuevo Transantiago que fue capaz de reunir a usuarios, trabajadores, operadores, organizaciones ciudadanas  y académicos en torno al debate del transporte capitalino. Aunque al gobierno no le gustó cuando hace más de un año se instaló –al estar en el poder la emergencia de nuevos actores casi siempre reviste una amenaza-, con el tiempo se aceptó que el instrumento fue capaz de reflejar el estado de ánimo de la comunidad que no solo quiere vivir las consecuencias de las decisiones de una autoridad, sino también incidir en ellas. Luego de más de un año y medio de trabajo, un documento con 29 propuestas para el proceso de formulación de las bases de licitación 2018 -entregadas en junio de 2016 al Ministro de Transportes-, da cuenta del interés público por el futuro del transporte y la movilidad.

Es que después de 10 años los aprendizajes existen. Primero, es meritorio que el actual gobierno haya tenido la capacidad de dar continuidad a un solo equipo técnico y político en el Ministerio de Transportes para iniciar un nuevo ciclo después de la traumática puesta en marcha. También es una buena señal que pese las contingencias, se dejen paulatinamente las urgencias del día para pensar un Nuevo Transantiago. La próxima licitación representa esa oportunidad: un espacio transparente de debate sobre la ciudad y el sistema de transporte que se requiere; un proceso de mejoras sucesivas y encadenadas que trasformen el aprendizaje en institucionalidad, al sistema de transporte público de una política de gobierno a una de Estado.

Si la Mesa Social por un Nuevo Transantiago fue capaz identificar, definir y consensuar acuerdos entre diferentes actores –en los que, sin ser ingenuo, hay que reconocer fuertes intereses de por medio-, entonces, pensar en un pacto social y político de la ciudad para mejorar y priorizar el sistema de transporte, también es posible. Hay que ir más allá de las simplificaciones de tiempo y velocidad a las que se han reducido algunos estudios, no son suficientes para el transporte en la ciudad, existen múltiples variables de mayor impacto en la percepción de calidad del servicio. En los contenidos esenciales identificamos 15 coincidencias o incorporaciones que la autoridad debería incluir en el proceso de licitación.

Si la Mesa Social por un Nuevo Transantiago fue capaz identificar, definir y consensuar acuerdos entre diferentes actores –en los que, sin ser ingenuo, hay que reconocer fuertes intereses de por medio-, entonces, pensar en un pacto social y político de la ciudad para mejorar y priorizar el sistema de transporte, también es posible.

 

Creemos que en el marco de la consulta ciudadana eso puede mejorar aún más, sobre todo lo referente al capítulo laboral, la forma de monitoreo de calidad de servicio al usuario, o cómo se incorpora al modelo de negocio teórico el subsidio real del Estado.

Sin embargo, no hay garantías de éxito si todos los modos no están debidamente ecualizados no solo operativamente, también en el diseño de prioridades y gobernanza de la ciudad, es el caso de Metro y EFE. Aunque esto no se discute en la bases de licitación, sí se hace durante su elaboración, lo que fortalece la política pública. Un proceso de rediseño del transporte y movilidad urbana pasa además por la normalización, apego y confianza de usuarios –y los que no lo son- en los buses de superficie y en los medios sustentables: no se puede pensar un Nuevo Transantiago sin articularlo con autos, bicicletas y peatones, es decir, transmodalidad, integración de las distintas modalidades que podemos disponer para transportarnos. Es cierto que Transantiago vulneró las confianzas, la certeza entre pasajeros, conductores, operadores y reguladores de que es posible organizar el transporte público; también fragilizó nuestra tradición y eficaz capacidad de diseño de políticas públicas innovadoras. Recuperemos nuestra voluntad de aprender, después de una década hay suficiente para rediseñar el sistema con una visión clara sobre su funcionamiento y operación en la ciudad real. Los ya mencionados aspectos orientados a la calidad de servicio al usuario y la buena convivencia con otros modos de transporte, constituyen aspectos clave. Lo mismo la prioridad efectiva en el uso del espacio público y gestión de tránsito en una urbe que debe favorecer el transporte comunitario. También garantizar condiciones laborales dignas y seguras para sus trabajadores, y sincerar el financiamiento público de un sistema público-privado que siempre requerirá subsidios estatales para su funcionamiento. Los de hoy son bajos en comparación con los demás países de la OCDE. A 10 años del Transantiago dejemos los alegatos y críticas, ya tenemos suficiente, pasemos a ser parte de las soluciones efectivas para las personas y la ciudad en un proceso de mejoramiento para otra década más.

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