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Recuperar el valor de la política

por 6 marzo, 2017

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Desde hace bastante tiempo se ha venido instalando la idea de que la política no parece necesaria, para resolver los problemas de la sociedad. Más aún, se adjudica a la propia política la culpa sustantiva de las inequidades e injusticias que padecen la mayoría de los chilenos.

Este es un equívoco mayor y de graves consecuencias. La “despolitización” de la vida ciudadana, cuestión que alcanza a los partidos y entre ellos al PS, es un auténtico triunfo de la lógica neoliberal que empuja la privatización de todos los espacios, incluidos aquellos que, por su propia naturaleza, corresponde al universo de lo público.

El desprestigio de la acción política se ha venido construyendo, conscientemente, durante muchos años por los sectores dominantes, que no quieren interrupciones ni cortapisas al fluir de sus intereses. Sin duda que mucho han colaborado los fenómenos de corrupción y el maridaje incestuoso entre dinero y política. Sin embargo, la base está en la construcción de un mundo donde cada cual resuelve las cosas por sí mismo, el cual siempre viene disfrazado de “emprendimiento” y “libertad”.

La gran trampa de la actual Constitución es, justamente, estar diseñada para impulsar un modelo de sociedad que reduce los espacios de lo público y establece la primacía de los intereses individuales, por sobre los deseos colectivos.

Dicho de modo muy simple: los ricos no necesitan de la política. Más bien ellos requieren reducirla a espacios menores de contienda regulada, dónde jamás se pueda poner en duda el sistema que los favorece.

La política es, principalmente, la herramienta con que cuentan los más desposeídos, para mejorar su situación. Sólo en el espacio de lo público sus intereses pueden ser representados y defendidos, justamente, a través de la acción política.

La política es, principalmente, la herramienta con que cuentan los más desposeídos, para mejorar su situación. Sólo en el espacio de lo público sus intereses pueden ser representados y defendidos, justamente, a través de la acción política.

Necesitamos volver a dar valor al accionar colectivo a través de la política. Por eso, recuperar la identidad y el prestigio de los partidos es una urgencia ineludible que no podemos evadir. De lo contrario, consagraremos una complicidad histórica que nos avergüenza.

La legítima indignación de los chilenos no puede arrastrar, como ya está ocurriendo, al abandono del espacio político. Eso es lo que desean los poderosos de siempre, que han querido clavar la rueda de la fortuna; ayer por la fuerza y el terror, hoy por la cooptación y el engaño.

Estamos en una hora crucial y el tiempo juega en nuestra contra.

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