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Carolina Goic, al fin la otra mitad

por 17 marzo, 2017

Carolina Goic, al fin la otra mitad
Los machos alfa de Gobierno y oposición encontraban una buena y razonable excusa para recuperar el poder perdido en manos de una mujer y, por qué no, de las mujeres en general. El supuesto subyacente apuntaba no solo a la errática conducción de la Mandataria, sino también a la incapacidad femenina de administrar y ejercer poder. Al fin avistaban un espacio para instalar sus críticas, sin temor a reprimirse para no exponerse como machos rabiosos. Consciente o inconsciente, machismo puro y duro.
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Hace siete meses y a propósito de la irrupción en escena del ex Mandatario Ricardo Lagos como candidato a la Presidencia, entre las elites políticas y económicas escuchábamos una retórica exaltadora de estilos de liderazgo masculinos, reflejada en la amplia cobertura y ponderación de las figuras de Piñera y Lagos en la prensa tradicional.

Se argumentaba que lo que Chile necesitaba era una conducción más firme y orientada al orden. Según este razonamiento, la crisis de confianza y legitimidad que vive el país requeriría de liderazgos fuertes, de carácter duro, golpeadores de mesa para restablecer la cordura perdida, estilos de liderazgo opuestos al de Bachelet y, por extensión, al de las mujeres como género.

De la boca del propio ministro del Interior escuchábamos que, para los desafíos del futuro, se requería que el próximo presidente fuese alguien superlativo académicamente, ojalá doctor de alguna universidad americana. Concretaba su eufemística alocución en solo dos hombres posibles: Sebastián Piñera y Ricardo Lagos.

Tampoco faltaron los asesores de todo tipo, siempre masculinos, que cargados de testosterona vociferaron la relevancia del territorio de lo fálico para la elección de este año.

Así, a costa de mellar aún más el liderazgo de la Presidenta, los machos alfa de Gobierno y oposición encontraban una buena y razonable excusa para recuperar el poder perdido en manos de una mujer y, por qué no, de las mujeres en general. El supuesto subyacente apuntaba no solo a la errática conducción de la Mandataria, sino también a la incapacidad femenina de administrar y ejercer poder. Al fin avistaban un espacio para instalar sus críticas, sin temor a reprimirse para no exponerse como machos rabiosos. Consciente o inconsciente, machismo puro y duro.

Si la candidata Goic mantiene su tono y estilo y termina de empoderarse antes que devenir en fusible o moneda de cambio del principado DC y sus intereses, su figura llenará un vacío que le permitirá ir ganando adhesión en el tiempo y, de seguro, será protagonista principal del futuro político y social del país.

Por cierto, conscientes ellos de que el contexto actual no admite muestras de machismo explícito y prepotente, la fantasía de recuperar posiciones frente a las mujeres encontró, en el traslado artificioso hacia todo el género femenino de las debilidades acusadas en la conducción de la actual Jefa de Estado, una justificación muy seductora.

Y les estaba resultando. Tras más de 10 años donde las mujeres habían jugado roles centrales en las elecciones presidenciales, Soledad Alvear, Evelyn Matthei, Roxana Miranda y la dos veces Presidenta de Chile Michelle Bachelet para empezar a hablar, en relación con las elecciones de este año habían desaparecido por completo. A ellos eso no les importaba e incluso intentaron un paso más ninguneando y feminizando la candidatura del senador Guillier por su estilo bacheletista, ciudadano. Poco fálico, insistieron.

Pero no contaban con la astucia de Carolina Goic, quien con un estilo asertivo, inspirador y crecientemente empoderado trajo de golpe a las mujeres de vuelta al escenario electoral y, aunque no les guste a muchos de ellos, revalidando un tipo de liderazgo que se esboza más bien como bacheletista.

Goic en pocos meses ha devuelto el entusiasmo, la ambición y la voz a un partido acartonado por falta de renovación, por exceso de príncipes y de guatones. Pero no solo a la Democracia Cristiana, también a la ciudadanía y particularmente a las mujeres, que veían desvanecerse en manos masculinas parte del territorio simbólico conquistado estos años.

Pérdida del territorio simbólico y también el de las necesarias transformaciones sociales en favor de las mujeres, porque, si hay algo muy cierto en el “sketch” colegial del travestido candidato Kast, es que los hombres no podemos pensar ni sentir como ellas. Así lo han documentado la ciencia y la teoría política al dar cuenta de la crisis de legitimidad de las democracias latinoamericanas, incapaces de representar la diversidad encarnada por ese otro 50% de la ciudadanía.

Hoy se asume que su participación en la toma de decisiones es fundamental para responder adecuadamente a sus intereses y demandas en la legislación y la elaboración de las políticas públicas. De ahí el dslogan “Falta la otra mitad”, que acompañó a campañas patrocinadas por Naciones Unidas para corregir esta ausencia, la que se hizo patente en nuestras últimas municipales.

En este escenario, si la candidata Goic mantiene su tono y estilo y termina de empoderarse antes que devenir en fusible o moneda de cambio del principado DC y sus intereses, su figura llenará un vacío que le permitirá ir ganando adhesión en el tiempo y, de seguro, será protagonista principal del futuro político y social del país.

Desde ya observo que, si logra consolidar un perfil propio y distintivo, en una primaria de la Nueva Mayoría podría llegar bastante alto y, como tal, su voz y la de las mujeres por extensión, debería hacerse sentir con fuerza en el programa de la coalición y en los debates presidenciales. Porque ella al fin encarna a esa otra mitad: las mujeres de este país que hasta antes de Goic estaban ausentes en el debate presidencial.

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