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El desafío de Overton

por 1 enero, 2018

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El piñerismo como forma de hacer política, de barrer por debajo de la alfombra la huella del pinochetismo y dibujar una imagen liberal conservadora de las políticas sociales, ha conseguido conquistar un centro político más amplio que nunca, que ni los jóvenes neoliberales de Evópoli ni la centro- izquierda de la Nueva Mayoría lograron seducir en estas últimas elecciones presidenciales. Pero ¿qué significa que se haya ampliado el discurso centrista en los sectores políticos conservadores?

Esta época marcada por la regresión de los gobiernos progresistas en América Latina se ha interpretado por la mayoría de los analistas políticos como una crisis de la izquierda, pero pocos han pensado acerca de las oportunidades y los avances de las luchas progresistas que han ampliado durante todos estos años lo que en la teoría política se da por llamar la “ventana de Overton”, una ventana que deja un estrecho margen a las ideas políticas que son aceptadas en una sociedad dada. Hoy más que nunca esa ventana se ha ampliado para que temas como el aborto, el matrimonio igualitario, la memoria histórica, el feminismo y el valor de los derechos sociales y ambientales entren para no salir.

Sin ninguna excepción, los partidos tradicionales del país están asumiendo los costes de un trilema en el cual no puedes solventar, al mismo tiempo, una agenda progresista a fin de mantener al nuevo centro político, conseguir consensos con sectores conservadores y mantener las confianzas de tu electorado tradicional. Para entendernos, el piñerismo será como un pez globo, que logró inflarse durante toda la campaña electoral y que lo llevó a su estrecho triunfo, y terminará enfrentándose a los costes del trilema.

Por lo tanto, un debate que no se debe perder de vista en los sectores progresistas es el modo en que debemos gestionar esa hegemonía conquistada en las calles, que en países como Argentina y Perú han intentado revertir por medio de indultos a criminales genocidas y privatizaciones de los derechos sociales.

Por lo tanto, un debate que no se debe perder de vista en los sectores progresistas es el modo en que debemos gestionar esa hegemonía conquistada en las calles, que en países como Argentina y Perú han intentado revertir por medio de indultos a criminales genocidas y privatizaciones de los derechos sociales.  Lo que la derecha no ha previsto es que una vez que la sociedad interioriza una agenda social, la ventana se cierra, y la única manera de regresar a un estado anterior supondría romper los cristales y provocar un estallido social, que es lo que ha sucedido y lo que se vaticina con el piñerismo.  Precisamente, el desafío de Overton para el próximo ciclo de gobiernos progresistas implicará recuperar un centro político con una identidad progresista que, con mucha probabilidad, chocará de frentón contra un gobierno que intentará romper los cristales e instalar un programa conservador y neoliberal.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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