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Cambio climático: ¿qué podemos hacer en Chile?

por 5 enero, 2018

Cambio climático: ¿qué podemos hacer en Chile?
Frente al hecho ineludible de que Chile no posee hidrocarburos fósiles y que debemos enfrentar la necesidad de disminuir la emisión de gases efecto invernadero, tenemos las condiciones para hacer viable la transformación de nuestra matriz energética nacional y residencial. A escala residencial, estamos en condiciones de iniciar la conversión de la energía térmica que utilizamos para cocinar nuestros alimentos, calefaccionarnos y calentar agua a electricidad; y a escala nacional, estamos en condiciones para iniciar la migración del transporte público y privado desde combustión a eléctrico. Todo esto, a menores costos, con recursos propios y reemplazando progresivamente el uso de combustibles fósiles.
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A propósito del artículo publicado en este medio “Cambio Climático: Los datos duros”, cabe preguntarse qué podemos hacer en Chile al respecto. La respuesta es MUCHO y con grandes beneficios para el país y un ejemplo para el mundo.

Los gases que producen el calentamiento global son principalmente el dióxido de carbono, metano, los óxidos nitrógeno, el ozono, los clorofluorocarbonos y el vapor de agua. Las medidas, por lo tanto, deben focalizarse en: detener la emisión de estos gases y reducir su concentración en la atmósfera. Para alcanzar el objetivo de no sobrepasar los 2 °C, se estima que las emisiones de estos gases deben reducirse en un 40 - 70% para el año 2050 y que la neutralidad de carbono (emisiones cero) debe ser alcanzada a finales de siglo, a más tardar. Esto implica que debemos detener definitivamente el consumo de combustibles fósiles alrededor del año 2070.

Es difícil imaginar la transformación de los sistemas de transporte sin usar combustibles fósiles, o prescindir de la generación eléctrica sin usar carbón ni gas natural en solo 50 años. No cabe duda, enfrentamos un desafío colosal que pondrá a prueba la inteligencia del Homo sapiens, que deberá resolver, por primera vez, una encrucijada que pone en riesgo su existencia.

Para describir mejor la urgencia, la revista Applied Energy publicó, en marzo del año 2016, un artículo de investigadores de la Universidad de Oxford, en el cual se analiza la magnitud de las decisiones que debemos tomar en la industria de la generación eléctrica, para lograr que el calentamiento global no sobrepase los 2°C. De acuerdo a ese artículo, para lograr este objetivo es urgente detener la generación de electricidad sobre la base de combustibles fósiles, industria responsable de la emisión de alrededor del 25% del dióxido de carbono a la atmósfera y con un crecimiento anual de un 4% en la última década.

Tomando en cuenta las plantas de generación térmica existentes con una vida útil de 40 años, más aquellas que están comprometidas, la infraestructura que generará la acumulación de CO2 en la atmósfera y que aumentará la temperatura del planeta en un máximo de 2°C habría sido construida el año 2017. Esto implica que, a partir del año 2018, ningún país firmante del Acuerdo de París debería construir nuevas plantas de generación eléctrica sobre la base de combustibles fósiles y permitir solo aquellas con tecnologías con cero emisiones de gases de efecto invernadero.

En otras palabras, asumiendo que todas las demás fuentes de emisiones siguen un escenario medio global consistente con una concentración de CO2 en la atmosférica de 430-480 ppm al 2100, toda la capacidad de generación eléctrica tolerable para lograr un calentamiento igual o inferior a 2°C ya se construyó.

Los sistemas de transporte son responsables del 15% del consumo mundial de petróleo y el uso del automóvil es una de las principales causas de la contaminación y congestión en la mayoría de las ciudades. Para cumplir el objetivo se deberá prohibir la explotación y refinación del petróleo y detener la fabricación de motores de combustión que utilizan combustibles fósiles y reemplazarlos por motores eléctricos, todo en 50 años. La abundancia de petróleo en los mercados internacionales, los precios del barril de petróleo relativamente bajos y el aumento que han experimentado las reservas de petróleo y gas en el mundo en la última década, nos enfrentan a una tarea que parece imposible y que pondrá a prueba el ingenio de esta civilización.

En este escenario, el cambio climático global nos impone la necesidad de crear soluciones distintas a las actuales en, por ejemplo, las fuentes de energía primaria que hoy utilizamos. Nuestro país tiene la suerte de poseer una naturaleza rica en recursos energéticos naturales y, para muchas de nuestras necesidades, nos podríamos proveer de solucionas sustentables si fuéramos capaces de tomar hoy las decisiones adecuadas y planificar a largo plazo.

Los sistemas de transporte son responsables del 15% del consumo mundial de petróleo y el uso del automóvil es una de las principales causas de la contaminación y congestión en la mayoría de las ciudades. Para cumplir el objetivo se deberá prohibir la explotación y refinación del petróleo y detener la fabricación de motores de combustión que utilizan combustibles fósiles y reemplazarlos por motores eléctricos, todo en 50 años. La abundancia de petróleo en los mercados internacionales, los precios del barril de petróleo relativamente bajos y el aumento que han experimentado las reservas de petróleo y gas en el mundo en la última década, nos enfrentan a una tarea que parece imposible y que pondrá a prueba el ingenio de esta civilización.

En Chile, aproximadamente el 68% de la energía primaria que consumimos proviene de combustibles fósiles. Sin embargo, nuestros abundantes recursos energéticos renovables y a precios competitivos hoy, nos brindan la oportunidad para iniciar ahora una transición que nos permita reemplazar el consumo de combustibles fósiles en los próximos 50 años. Esto lo podemos hacer mediante una combinación de políticas públicas que reconozcan los costos asociados a la contaminación generada por los combustibles fósiles e inversión que estimule el desarrollo de fuentes limpias y sustentables, a una escala y costos suficientemente competitivos para que se constituyan en alternativas. Esto implicará un aumento del uso de la energía eléctrica a distintas escalas y con múltiples fuentes y, duplicar nuestra capacidad instalada en los próximos 20 años, solo con fuentes renovables. Tenemos más de 22 mil MW de capacidad en proyectos de energías renovables, ambientalmente aprobados, para los cuales debemos generar las condiciones de demanda para su construcción.

Frente al hecho ineludible de que Chile no posee hidrocarburos fósiles y que debemos enfrentar la necesidad de disminuir la emisión de gases efecto invernadero, tenemos las condiciones para hacer viable la transformación de nuestra matriz energética nacional y residencial. A escala residencial, estamos en condiciones de iniciar la conversión de la energía térmica que utilizamos para cocinar nuestros alimentos, calefaccionarnos y calentar agua a electricidad; y a escala nacional, estamos en condiciones para iniciar la migración del transporte público y privado desde combustión a eléctrico. Todo esto, a menores costos, con recursos propios y reemplazando progresivamente el uso de combustibles fósiles.

Sabemos que Chile posee un extraordinario potencial en distintas fuentes de energías renovables, tales como solar, eólica, hidráulica, geotérmica, biocombustible y mareomotriz, sin embargo, la disponibilidad variable de las energías solar y eólica, la migración a redes inteligentes, la ampliación de la generación distribuida, el aumento de la demanda para la electromovilidad, requiere de una mayor sofisticación de los sistemas de despacho, con los más altos estándares tecnológicos, en un escenario tremendamente flexible. Junto con esto, se requiere actualizar la regulación para crear las alternativas y remunerar adecuadamente a aquellas tecnologías que permitan asegurar un sistema seguro, estable y que refleje los menores costos para las familias e industrias a lo largo del país.

Para lograr el reemplazo de los combustibles fósiles, Chile no puede darse el lujo de descartar todo el potencial hidroeléctrico. Por ello, necesitamos ponernos de acuerdo en lo que entendemos por “desarrollo sustentable” y, sobre esta base, darles consistencia a las políticas públicas, uso del territorio, intereses de las comunidades y el desarrollo de una matriz energética sin combustibles fósiles.

Chile está en condiciones de ser un líder mundial en soluciones para disminuir los efectos del cambio climático. Hoy tenemos energía de fuentes propias a precios cada vez más competitivos. Si actuamos con convicción y determinación, Chile puede ser un país energéticamente independiente durante el siglo XXI, autoabastecido por nuestros propios recursos energéticos renovables.

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