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Reforma al Código de Aguas: Las necesidades del turismo

por 3 febrero, 2018

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El lunes 27 de noviembre el Comité de Ministros de Turismo aprobó, por unanimidad, diversas Zonas de Interés Turístico en el país. Dos de ellas en la Región de Aysén: Palena-Queulat por el norte y Chelenko en la cuenca del Lago General Carrera. Aún falta, y confiamos pronto lo logrará, provincia Los Glaciares en el extremo sur de este territorio.

Es tal una decisión relevante para Aysén.  No solo ser la región que cobijó una de las primeras ZOIT del país: Lago General Carrera, que fuera impulsada en los 90 para defender la cuenca de los intentos de la salmonicultura de extenderse hacia sus prístinas aguas.  También por ser una zona que cada día es más reconocida por su excepcional biodiversidad y, para quienes reconocen la relevancia de la vida, su belleza.

Uno de los fundamentos de tanta particularidad es precisamente la abundancia de agua, producto de su alta pluviosidad, bajas temperaturas y mucha humedad.  Y, también, a su baja población por razones climáticas y geográficas, que le han ayudado a mantenerse aún alejada del desarrollo industrial a gran escala, aunque tanto la ganadería como la salmonicultura han intervenido en niveles que en ciertos casos son difíciles de revertir.

Por ello miramos con atención, desde el sector de turismo de naturaleza, la discusión sobre la reforma al Código de Aguas que hoy se tramita en segundo trámite constitucional en la Comisión de Agricultura del Senado.

Creemos que varias de las reformas van en el correcto sentido. En primer lugar, por la priorización de usos que en primer lugar privilegia el agua para consumo humano, luego las actividades productivas de subsistencia, la preservación de los ecosistemas, la preservación de los ecosistemas, los derechos ancestrales y, por último, las actividades productivas.

El agua es vida y eso lo sabemos. Esa sola convicción debiera hacernos cambiar la actual legislación hídrica que permite la propiedad privada por sobre el interés colectivo, acapararla, mercantilizarla. Por si eso no bastara, por las particularidades de nuestro país que aspira a que el turismo sea uno de sus puntales económicos, cuidarla, proteger las cuencas, los glaciares, también es desarrollo económico.

Al ser el turismo un sector que fomenta y requiere una naturaleza en estado natural, creemos que todas las medidas tendientes a cuidar el agua y los ecosistemas es, además de un imperativo ético, una oportunidad de desarrollo, particularmente económico local.  Esto, considerando que el turismo contribuyó en 2016 un 10 % del Producto Interno Bruto de Chile.   Mal que mal, desde 2016 el eslogan oficial de la promoción turística de Chile es “naturaleza abierta”.

Por ello creemos fundamental, por ejemplo, el artículo que libera del pago de patentes a aquellos derechos de agua no extraídos, ni utilizados por estar destinados a conservación o uso turístico, lo cual beneficiaría a quienes los hayan constituido antes de la entrada en vigencia de esta ley “y que deseen destinarlos al desarrollo de un proyecto recreacional, turístico u otro que implique no utilizar ni extraer las aguas de su fuente”.  Más aún, esta figura también alcanzaría a los derechos de aprovechamiento “cuyo punto de captación se encuentre dentro de los límites de las áreas protegidas y que los destinen a mantener la función ecológica de las aguas”.

En línea con lo anterior, también destacamos la facultad que se entregará a la autoridad para establecer reservas de agua para los fines priorizados, entre los cuales se incluye “la sustentabilidad ambiental de las fuentes”, además de poder rechazar el otorgamiento de “concesiones de agua en dichas áreas (silvestres protegidas) y permite constituir reservas con fines de conservación”.

Como Corporación Costa Carrera representamos a vecinos y pequeños empresarios turísticos de la cuenca del lago más extenso de Chile, quienes creemos en la conservación de los ecosistemas como un imperativo ético pero también como el puntal de un desarrollo que no destruye sino que conserva.  La constitución en los años 90 de la primer ZOIT del país da cuenta del compromiso que existe en este territorio.

El agua es vida y eso lo sabemos. Esa sola convicción debiera hacernos cambiar la actual legislación hídrica que permite la propiedad privada por sobre el interés colectivo, acapararla, mercantilizarla. Por si eso no bastara, por las particularidades de nuestro país que aspira a que el turismo sea uno de sus puntales económicos, cuidarla, proteger las cuencas, los glaciares, también es desarrollo económico.

Y eso lo sabemos en Aysén.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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