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Terremoto, temblor y tsunami: barómetros ciudadanos

por 22 enero, 2019

Terremoto, temblor y tsunami: barómetros ciudadanos
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¿Fue un temblor o terremoto? ¿Se equivocaron los organismos técnicos y gestores al llamar a evacuar por posible amenaza de tsunami? ¿Las autoridades o los expertos minimizan la magnitud del sismo por que la sensación del evento o su intensidad pareciera no estar explicada por lo que se comunica por los medios? ¿La gente pregunta por su simple falencia de conocimientos acerca de las amenazas naturales?

Las respuestas a la emergencia de los medios de comunicación, los expertos entrevistados, y declaraciones de autoridades llamando a la calma, siguen un patrón predecible. Demuestran fortalezas en la emergencia, pero con una aparente improvisación que no refleja protocolos de respuesta de la alerta desarrollados a partir de la evidencia científica. A pesar de ser el resultado de una política pública racional que nace a partir de nuestra falta de preparación para las alertas, que causó la perdida de vidas en 2010.

La ciudadanía todavía percibe improvisación y contradicciones, y que existe una suerte de censura de la gravedad de lo acontecido, al anunciar sismo de magnitud 6,7 y no un terremoto que provocó el corte de suministro básicos en ciudades como Coquimbo y La Serena, y el derrumbe de casas y monumentos históricos. Pero esa diferenciación no es técnica es más bien social, pero sismo o terremoto, la sensación de la población es que la tierra se movió fuertemente en el norte y que la evacuación fue inminente.

Con ONEMI instando a una evacuación preventiva los primeros minutos –cuando la instrumentación aún no entrega datos fidedignos para descartar tsunami–, y luego con el SHOA anunciando que no había posibilidad de que una temida ola destructiva llegara a la costa. Ambos organismos tienen el mandato de salvar vidas.

Recordemos que ONEMI nace en 1975 con el control férreo de las fuerzas armadas y solo en el periodo después del término de la dictadura, este organismo pasó a manos civiles hasta la polémica gestión ejecutiva del 27F en 2010. Esfuerzos más recientes intentan integrar a la ciudadanía organizada en esta entidad, pero la emergencia es aun una cuestión de poder y control, a pesar de que se necesita la activación de una gobernanza ciudadana de la emergencia continua en cada uno de estos eventos.

La sospecha de que los organismos de gobierno esconden la información junto a una banalización de la noticia o el uso del recurso del miedo, se repiten predeciblemente toda vez que Chile experimenta la "rebeldía" de su naturaleza.

De modo similar, la información emanada por los organismos gestores de la emergencia y aquellos que proveen información técnica, se contradicen con una respuesta cada vez más cívica por parte de la ciudadanía afectada. Las comunicaciones por parte de los gestores de la emergencia hoy, por lo tanto, necesitan ser más transparentes y claras y menos centradas en el control vertical de la emergencia. Los mensajes necesitan tener más contenido y no solo “todo está bajo control”. Es necesario cuestionarse una apertura al diálogo y la reflexión durante la emergencia, conocer qué piensa, quiere y necesita la ciudadanía que sufre de la emergencia, y activar los discursos públicos en sintonía con ese barómetro ciudadano.

 

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