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Prolegómeno al mes del mar

por Marcelo Saavedra Pérez 21 abril, 2019

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Señor Director:

Se acerca el mes del mar, llamado así por el heroísmo de personas vinculadas a la marinería que respondiendo a cabalidad las órdenes de sus superiores, ofrendaron sus valiosas vidas por mezquinos intereses comerciales de grupos económicos privados que arrastraron a todo un país a una cruenta conflagración, cuyas causas debieron haber sido resueltas en el marco de acuerdos comerciales entre las partes involucradas y cuyas consecuencias nos penan a más de un siglo de distancia.

Se acerca el mes del mar donde el rito institucional del gobierno de turno demandará invertir parte del presupuesto de los ministerios sectoriales que corresponda, en actividades de propaganda y concientización sobre el notable bioma que tenemos frente a nuestras narices. Los ecos de este libreto que se repite año tras año se extinguirán el último día del mes de mayo. A partir de entonces, las preocupaciones generales de la ciudadanía serán probablemente este año, los devenires de la selección femenina de fútbol en el certamen mundial galo o los destinos de la selección de fútbol masculina en el campeonato regional de esta parte del planeta en el país de Jair (el bueno para la pelota, no el bueno para sembrar el odio y el temor a lo diferente). En esas preocupaciones estaremos, mientras 14 especies de peces que constituyen las principales pesquerías de este Fundo con vistas al Pacífico continuarán viviendo su vía crucis, producto de la ausencia de políticas estatales efectivas que regulen las actuales condiciones en que estos seres vivos son tratados por el mercado.

Aun cuando Chile es bañado por uno de los sistemas marinos más productivos del planeta, el estatus de explotación de las especies ícticas económicamente importantes que intentan reproducirse entre Arica y Magallanes, de acuerdo con informaciones de las Autoridades, es aterrador: 8 de ellas están sobreexplotadas, 5 están agotadas o colapsadas y 1 está sobreexplotada en algunas zonas costeras y definitivamente colapsada en otras , según el informe de SUBPESCA sobre esta materia. Aunque somos un pueblo que preferimos el bistéc a lo pobre que el pescado frito, aquellos que tienen la peregrina idea de comer pescado y ponen atención a la tendencia de precios del jurel enlatado, o los filetes frescos de una merluza o reineta, ya saben que la tendencia al alza sostenida de estos, es la consecuencia colateral de una lucha sin cuartel de unos pocos grupos económicos en contra de los cardúmenes que se les atraviesan por delante. Los primeros van ganando por goleada.

Por otra parte, durante el mes del mar que se avecina seguiremos conociendo los pormenores impúdicos que se están ventilando en la Corte de Apelaciones de Concepción y que dan cuenta del origen de la actual Ley de Pesca y Acuicultura que regula todas las actividades económicas, recreativas y productivas que se realizan con organismos hidrobiológicos. Por un lado, tenemos parlamentarios venales que son funcionales a los grupos económicos dueños de este país y del mar que tranquilo lo baña. Aunque parlamentarios de derecha son los principales sospechosos, dicho sector político no tiene el monopolio de la venalidad y corrupción que afecta al Parlamento, donde otros “deshonorables” de partidos de la ex Concertación portan más de una vela en este entierro en particular. Por el otro, tenemos al resto de los parlamentarios, donde la desidia e ignorancia en el tratamiento de este y otros muchos temas técnicos y no tanto, han aportado significativamente en la transformación de este país en un paraíso de las desigualdades y donde año tras año se afianza y profundiza el concepto de desarrollo basado en una sociedad de castas.

Junto con el desolador panorama respecto del estado deplorable de las pesquerías de importancia comercial, hay que agregar el negativo efecto que tienen las actividades productivas desarrolladas en el borde costero y en el mar sobre la calidad ambiental y la salud de los ecosistemas marinos. Conceptos ya familiares como “zona de sacrificio” representan una bofetada a la soberanía nacional del siglo XXI y constituyen una violación flagrante a la Constitución Política espuria que nos rige, así como un atentado al bienestar y buen vivir de los ciudadanos que habitan aquellas zonas. Bahía Quintero, bahía Mejillones, bahía Coronel, Chañaral representan ejemplos vívidos de lo que no significa desarrollo sustentable ni sustentabilidad. Cualquier discurso o documento gubernamental o institucional vinculado al mar que contenga tales conceptos, incurrirá en una severa falacia, si se considera la realidad socio-ambiental de dichas zonas costeras, así como las zonas del mar interior, de fiordos y canales del sur donde ha operado la industria salmonera durante los últimos 30 años, la que durante los últimos meses ha estado migrando hacia el extremo austral de la zona costera de Magallanes.

Chile y el océano que lo baña constituye una verdadera joya a nivel planetario respecto de sus características productivas y de biodiversidad. Los esfuerzos incipientes pero sostenidos, de ONG’s y organizaciones ciudadanas por proteger este patrimonio natural, representan una esperanza que ha estado dando frutos durante los últimos 22 años. Desde la creación de la Reserva Marina La Rinconada en Bahía Moreno en la Región de Antofagasta en 1997 hasta la creación del Parque Marino Islas Diego Ramírez y Paso Drake en la Región de Magallanes durante el presente año, representan el alfa y omega de 28 áreas protegidas que ostentan diversas categorías de protección que van desde Áreas Marinas Costeras Protegidas de Múltiples Usos, pasando por Reservas Marinas hasta llegar a Parque Marinos, de acuerdo al catastro actualizado que informa el Ministerio de Medio Ambiente.

A pesar de la inercia institucional, la mala calidad generalizada de los representantes políticos de elección popular, cuyo horizonte de desarrollo no excede los 4 años, y de una mayoría ciudadana acostumbrada a vivir de espaldas al mar, como los Moais pascuenses; el mar seguirá porfiadamente inundando corazones y reventando sus olas en las mentes de niños y jóvenes que irán reemplazando el empuje de muchos Quijotes, cuyos sacrificios y sabidurías han ido corriendo el velo del fabuloso mundo marino que espera aun el encuentro responsable con los bípedos que deambulamos entre Visbiri e Isla Lenox.

¡Queda la duda cuándo nos decidiremos a tirarnos el piquero y dejar de darnos guatazos!

Marcelo Saavedra Pérez

Biólogo

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