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Debilitamiento de la política de consenso

por 28 julio, 2019

Debilitamiento de la política de consenso
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En la actualidad el descredito político e institucional chileno ha ido en un aumento precipitoso como una bola de nieve a punto de desbarrancar. Los variados síntomas de este fenómeno han socavado los cimientos de los poderes de Estado generando en la “vox populi” un disconformismo y desapego a la arena política y su causal. Como si fuera poco, este desapego político de las instituciones a la ciudadanía ha producido un favoritismo a discursos de intransigencia política que atentan tanto a las libertades civiles, como a la misma democracia.

Para poder desentrañar este escenario se debe poner especial énfasis en la actual “Crisis de las Democracias Liberales”, siendo Chile un futuro ejemplo de las consecuencias que conlleva esta crisis y de cómo ciertos actores políticos se capitalizan de este descontento con propuestas de carácter ortodoxas y polarizadoras.

La crisis de los partidos políticos tradicionales es uno de los temas más recurrentes en la mesa política chilena; los casos de esta crisis son innumerables, financiamiento ilegal de campañas políticas, cohecho, malversación, prevaricación, tráfico de influencias, etc. Uno de los casos de contingencia con más revuelo de la actualidad es la situación que atraviesa el Partido Socialista con las llamadas “narco-redes” que lo ha situado en la óptica pública como un decaimiento ético y político de la centro-izquierda y de su capacidad de convergencia entre los distintos actores dentro del espectro político. De forma correlativa a lo anteriormente enunciado, el poder judicial atraviesa una situación del mismo calibre con el llamado caso “Desastre de Rancagua”, siendo los ministros de dicha corte influenciados por las redes del narco tráfico y dejando al descubierto una posible caja de pandora que genere un efecto domino dentro de la corte de Rancagua y del Poder Judicial.

Las fuerzas Armadas y de seguridad civil no están al margen de este escenario, cometiendo uno de los actos de malversación más grandes de la historia de Chile; el caso “Pacogate” con un desfalco aproximado a los $28.300 millones y finalmente el caso “Milicogate” con una cifra de 200 millones de dólares.

De forma paralela a este escenario, se produce el resurgimiento del pinochetismo chileno encarnado en la figura de José Antonio Kast, fundador y presidente del Partido Republicano de Chile, de orientación política conservadora y de extrema derecha, conformado principalmente por ex militantes de la UDI. Es de vital importancia citar los últimos datos entregados por la encuesta Criteria la cual arrojo a José Antonio Kast con un 11%, secundando a Joaquín Lavín con un 17%. El explosivo crecimiento de este tipo de figuras políticas a nivel mundial, es una de las consecuencias primarias de la “Crisis de las Democracias Liberales”, dejando la política de consenso como una vía estéril y poco atractiva, siendo los nacionalismos la alternativa popular para una falsa cura a la polución política.

El 28 de octubre de 2018 en Brasil es electo Jair Bolsonaro con un 55,7% de los votos, siendo principalmente apoyado por las fuerzas religiosas evangélicas y católicas de ese país (por la dualidad religiosa de dicho candidato), ese día ex militar al reconocer su triunfo ante la ciudadanía brasileña les entrega a estos un mensaje que habla de su compromiso y el pacto político y religioso que tiene ante ellos “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. No resultaría extraño que se replique una exacta similitud en Chile con la figura de José Antonio Kast, teniendo en cuenta el acercamiento que está teniendo las huestes evangélicas a los partidos políticos en búsqueda de proteger su agenda valórica y conservadora ante posibles gobiernos de carácter progresista.

Para concluir este pequeño repaso de algunas evidencias actuales y pasadas, se puede especular la polarización política que puede predominar a consecuencia de este tipo de actos que atentan directamente a la legitimidad de las instituciones, generando el debilitamiento a la política de consenso, produciendo un desapego y rechazo a la política de centro; fertilizando la tierra a posibles liderazgos de carácter represivos y conservadores que popularmente serán legitimados por una ciudadanía descontenta y desesperada en la búsqueda de falsos mesías.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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