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Reducir las desigualdades para conseguir un Desarrollo Sostenible

por 9 diciembre, 2019

Reducir las desigualdades para conseguir un Desarrollo Sostenible
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Desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acabamos de lanzar el Informe global de Desarrollo Humano 2019. En un contexto en que muchas democracias enfrentan tensiones asociadas a demandas sociales, el Informe se enfoca en las desigualdades en desarrollo humano, “más allá de los ingresos, más allá de los promedios y más allá del presente”.   

Desde la década de los noventa el PNUD buscó generar una medida de desarrollo que superara las limitaciones del PIB per cápita, un indicador que ha sido fundamental para entender el avance de los países, pero que no logra dar cuenta de todas sus complejidades. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) buscaba justamente entregar una mirada más integral del bienestar de las personas. Es una medida del progreso de largo plazo en tres dimensiones básicas en las esferas de salud, educación e ingresos: la capacidad de vivir una vida extensa y sana, el acceso a conocimiento y el acceso a un estándar de vida aceptable. El citado reporte calcula el IDH para 189 países y territorios permitiendo una mirada comparada en el tiempo y entre países y regiones del mundo.

A medida que las sociedades cambian, también deben hacerlo las herramientas con que se las evalúa. Así, a lo largo de los años, el PNUD ha incorporado nuevas medidas. Por una parte, introdujo el IDH ajustado por desigualdad, de modo de ir “más allá de los promedios”. También ha incorporado medidas de desigualdad de género y pobreza multidimensional que permiten comparaciones internacionales en materias clave del desarrollo humano.

El informe 2019 muestra que, si las desigualdades en desarrollo humano persisten y crecen, las aspiraciones de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible no podrán ser alcanzadas. Muestra, además, que se han producido avances heterogéneos, así como disminuyen las desigualdades en áreas clave del desarrollo humano relacionadas con capacidades básicas, aumentan otras en variables más complejas que serán indispensables en el futuro, como, por ejemplo, brechas en educación terciaria, desigualdad en acceso a teléfonos móviles e internet. El informe evidencia, además, que las desigualdades en desarrollo humano se acumulan a lo largo de la vida, habitualmente exacerbadas por profundas diferencias de poder.

Chile, como en años anteriores, aparece en el grupo de países de desarrollo humano “muy alto”, con un Índice de Desarrollo Humano de 0.847, lo que lo ubica en el lugar 42 a nivel global y primero en América Latina y el Caribe, al igual que en 2017. El PNUD también calcula un IDH ajustado por el nivel de desigualdad de los países. Al tomar en cuenta las diferencias existentes entre distintos grupos de personas, el país cae 14 puestos en el ranking global. El informe ilustra algunas de estas desigualdades. Citando el caso de Chile y los datos del libro Desiguales, destaca la importancia de las desigualdades de trato. Muestra, además, que en la Región Metropolitana las personas que viven en las comunas de mayores ingresos tienen casi dos años más de esperanza de vida (a los 65 años) que quienes viven en otras comunas.

El informe vuelve a constatar que la desigualdad tiene expresiones que van mucho más allá de los ingresos y se expresa fuertemente en las relaciones de género. En términos comparados, el Índice de Desarrollo de Género muestra que, si en los países de muy alto desarrollo humano el índice promedio es de 0.979 y en América Latina y el Caribe de 0.978, en Chile es de 0.962. Esto se explica, principalmente, por brechas entre hombres y mujeres en la dimensión económica, más que en salud o educación. Se trata de desigualdades persistentes en el acceso al empleo y en los salarios que reciben hombres y mujeres en el país.

Al mismo tiempo, el informe también ofrece buenas noticias en esta área. Utilizando datos de la encuesta mundial de valores, el estudio calcula un índice para las percepciones respecto de los roles de género. Chile es uno de los dos países del mundo que más han avanzado en esta dimensión en la última década: aumentando significativamente las actitudes más igualitarias respecto de los roles que hombres y mujeres deben cumplir en la sociedad.

La Agenda 2030 llama a los países a generar condiciones que permitan “no dejar a nadie atrás”. Disminuir las distintas desigualdades que ordenan la vida social, económica y política en las sociedades contemporáneas, no es sólo un imperativo ético, sino también estratégico, para avanzar hacia un desarrollo genuinamente sostenible. El Informe de Desarrollo Humano 2019 buscar aportar a fortalecer un diagnostico mundial e identificar las áreas críticas necesarias de enfrentar de cara al 2030.

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