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Más compartir y menos competir

por 20 enero, 2020

Más compartir y menos competir
Favorecer ambientes de trabajo más amables junto con organizaciones más humanas, dependerá de la transformación de cada uno de nosotros. La invitación es a vivir los espacios de trabajo de modo similar al sentido de pertenencia con una comunidad, donde lo central es que, si a todos nos va bien, a uno mismo también.
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Son varias las organizaciones que han comenzado a dejar de alimentar contextos laborales donde la visión de éxito se centra en lo material e individual. Estas compañías empezaron a desincentivar y desnaturalizar la competencia interna entre sus colaboradores.

Una de las razones es que mientras esté preocupado por que solo me vaya bien a mí, gane al que tengo al lado y pueda optar a mayores privilegios, será muy difícil cultivar y generar un proyecto común dentro de la organización.

Competir en el trabajo afecta tanto al clima laboral como al bienestar de las personas. Cuando estoy preocupado de ganar al otro, dejo de verme a mí mismo y de disfrutar lo que estoy haciendo, vivo en un esfuerzo y en un continuo deseo por alcanzar mi propio éxito.

Por este motivo, la apuesta de algunas empresas es a minimizar la competencia y, al contrario, estimular relaciones de trabajo basadas en compartir. Esto permite que las personas se relajen, reduce el estrés y la ansiedad en el puesto de trabajo, facilita que las personas disfruten el proceso mismo de trabajar, se sientan cómodas y mejora el bienestar.

¿Cómo pasar desde una empresa como lugar de competencia a un lugar para compartir?

Hay que darse tiempo y espacio para el encuentro con los demás. Si logramos encontrarnos, escucharnos y entendernos, podemos hablar de una cultura colaborativa donde tenga cabida nuestro proyecto común en conjunto con un propósito compartido.

Favorecer ambientes de trabajo más amables junto con organizaciones más humanas, dependerá de la transformación de cada uno de nosotros. La invitación es a vivir los espacios de trabajo de modo similar al sentido de pertenencia con una comunidad, donde lo central es que, si a todos nos va bien, a uno mismo también.

La transformación de cada uno de nosotros resulta clave para que las organizaciones se tornen en espacios más humanos y amables para todos nosotros. Vivirlo desde la emoción de la colaboración, implica generar un equipo de trabajo con un propósito mayor al reconocimiento individual. Es sentirse parte de algo mayor que da sentido a lo que uno hace.

Cuando los equipos de trabajo se sienten parte del proyecto común, no se hace necesaria la jerarquía y verticalidad del modelo tradicional, sino que se generan estructuras de forma orgánica donde entre todos se ponen de acuerdo y toman las decisiones en conjunto.

En esta lógica, no se hace necesario ni se justifica el competir y ganar al otro, porque todos son parte del proceso y del resultado, nadie queda fuera, a todos les va bien.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Leire Cosgaya
Experta en procesos de transformación cultural de Grupo Cygnus

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